Julio Oñate terminó haciéndome
el camioncito de madera que mi niñez de ocho años tanto añoraba en La Junta de
entonces, en el sur de La Guajira. A esa corta edad, me tocó aterrizar a la fuerza al mundo de la política
pueblerina, tras el torcijón de ojos que me pegó mi abuela, en la mitad de la
sala de la casa, el mediodía del 15 de septiembre de 1973. El día anterior, la
Convención del Partido Conservador había proclamado a Álvaro Gómez Hurtado como
el candidato de esa colectividad a la Presidencia de Colombia para el período
1974-1978. Viví con intensidad esa, mi primera campaña política y, con ella,
hube de indigestarme con el amargo sabor de la derrota y sobreponerme a la
burla de mis vecinos mayores de edad porque Alfonso López Michelsen, el contrincante
del Partido Liberal, le había ganado a mi aspirante.
Cada vez que me le escapaba a
mi abuela para ir hasta donde Julio Oñate, siempre lo encontraba ocupado en la
carpintería que había montado en el patio: hacía una mesa para el comedor de
una pareja recién ajuntada, o una cama para una quinceañera que dejaría su
hamaca de niñez, o arreglaba algunas bancas de la caseta comunal. Entonces, me le
sentaba al frente con mi cara de muchachito desesperanzado hasta que los gritos
mal humorados de mi abuela, llamándome por mi nombre, me hacían regresar
asustado a la casa. Mi muda insistencia y la murga que mi prima Yolanda Acosta
le montaba a su marido para que se apiadara de “ese pobre pelaíto, carajo,
mirando lelo para que le hicieran su carrito” terminaron doblegando la obstinación
de Julio Oñate e interrumpió una media mañana su trabajo y le dedicó una hora a
complacerme con mi regalo: fue el camioncito de madera más hermoso que niño
alguno ha podido tener.
Desde las 9:00 a.m. del 27 de marzo
todos se preparan. Alistan la sala en el último piso de la Biblioteca Benjamín
Sarta, allá donde la luz es más blanca. Revisan equipos, prueban sonido, video.
Sin nadie presente más que las encargadas de los libros y los técnicos de
electrónica, dejan todo en orden para recibir a los estudiantes sedientos de
conocimiento. Y claro, de café. El aroma a café impregna la sala. Arropa con su
sabor colombiano el lugar, invitando a pensar.
Uno a uno van llegando los estudiantes.
Se ubican en las sillas con natural bullicio, analizando el lugar. La
expectativa ahoga el ambiente, que lentamente va cayendo en silencio a medida
que se llenan todos los asientos.
Por Alba Luz Páez
Albor y Valentina Cantillo Bolaño
Este 23 de abril
de 2019, la Universidad Autónoma del Caribe celebró el Día del Idioma con
varias actividades. Todo comenzó en la plazoleta principal, donde se reunieron
los directores de gestión del evento, así como los participantes de este: Patricia
Pinilla (vicerrectora académica de la universidad), Patricia Celemin (directora
de la biblioteca Benjamín Sarta), John Acosta (director del departamento de
Humanidades), Silvia Gutiérrez (directora del programa de Dirección y
Producción de Radio y Televisión), Jaime de la Hoz Simanca y Leslie Smith
(docentes del programa de Comunicación Social-Periodismo). Este grupo de
personas dirigió la apertura del Día del Idioma.
Debe hacerse
mención especial de personas que, a través de sus áreas, hicieron posible la
realización del evento: Claudia Nadjar (directora de Bienestar Universitario) y
Javier Simmonds (director de Permanencia Académica con Calidad, Pace).
La Universidad Nacional de México es una realidad pensada para la
transformación social, política y económica del país azteca. Es una institución
que representa el ideal de un México grande, del tamaño del nacionalismo de un
pueblo siempre bajo el impulso de megametas. El México postrevolucionario
encarnó la voluntad modernista para trascender los objetivos del provincialismo
de una cultura pletórica de símbolos autóctonos y sueños de un mestizaje que
inspira el orgullo en todas las formas del sincretismo de las riquezas de una
diversidad multiétnica y multicultural, que mueve con firmeza el espíritu
nacional de México.
Los nueve miembros de la actual sala general y su posición frente a la
cooptación, rechazada por la mayoría de los integrantes de los distintos
estamentos de la Universidad Autónoma del Caribe
La cooptación es un mecanismo
que los fundadores de corporaciones usan para asegurarse el dominio de su
creación. Es una manera de evitar que entren a la organización personas con
ideales opuestos a los suyos. Los creadores pueden ser personas naturales o
jurídicas que comparten una doctrina y este sistema de escogencia de miembros
busca la continuación de ese ideario; sin embargo, una vez fallecido el o los fundadores,
es posible que los integrantes de la institución huérfana no solo traicionen el
pensamiento (altruista, si se quiere) inicial de la corporación sino que,
además, saquen aprovechamiento personal de ella; de hecho, ya pasó dos veces en
la Universidad Autónoma del Caribe: al morir don Mario Ceballos Araújo, líder
fundador, las dos administraciones siguientes a la desaparecida hicieron
cooptar en el máximo órgano de gobierno a familiares o amigos cercanos, con los
bochornosos y desastrosos resultados conocidos por todos.
El profesor Julio César Henríquez, durante su conferencia Sombras y luces de la filosofía política
Entrevista por Keller Gámez
Redacción por Alba Luz Páez
Como seres sociales que somos, la política hace parte
fundamental de nuestras vidas. Está presente en todos los ámbitos de la
cotidianidad. La mayoría del tiempo se nos hace imposible ignorar su impacto,
lo que la convierte en un fenómeno activo de la realidad. Sin embargo, existe
otro concepto que va de la mano con la política, pero que pasa desapercibido
ante nuestros ojos: la filosofía. Si bien no pareciera tan elemental para nosotros como la
política, su entendimiento expande nuestra visión del mundo, mientras queabarca todos los rincones de la vida
humana. Tanto así, que llega un punto en el cual ambos conceptos convergen en la filosofía política.
Sí, mal como virus, bacteria
que entorpece el sano funcionamiento de nuestros órganos y, cuando el bicho se
hospeda en la cabeza, la enfermedad se esparce por todos los miembros. Si nos
preguntan qué nos pasa, vacilamos, y balbuceamos como respuesta “es algo raro”,
“nada me cae bien en el estómago”. ¿Pero has ido al médico? Nos preguntan con
pena los demás, y desviamos la mirada hacia un largo callejón por donde se
asoma la tristeza. Ay, niña, dicen las tías, si se ve fuerte la viuda, y hasta
buen partido es: pretendientes no le faltan.
Desde hace tiempo andamos como
el disfraz del descabezado, con la cabeza en una mano, en la otra el machete
chorreando sangre, y la perturbación del juicio nos impide distinguir entre ese
accidente, y la muerte de Joselito, el héroe verdadero del Carnaval que revive
cada año. Los más despiertos habrán ya descifrado que la cabeza cuya sangre
chorrea en nuestras manos es la del forajido de las bolsas negras. ¿Qué pasa,
que deambula todavía por la Sala General como cadáver insepulto?
El profesor Vladimir Potostki, en su concurrida disertación, en la Universidad Autónoma del Caribe
El profesor del Departamento de Humanidades, de la Universidad Autónoma del Caribe, Vladimir Potostki, también fue ponente en el Café Filosófico que organiza mensualmente la Biblioteca Benjamín Sarta y el Departamento de Humanidades, ambas áreas de la Universidad Autónoma del Caribe. El docente Potostki es ruso, vivió en la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). También estuvo radicado cerca de tres décadas en España. Actualmente, vive en Colombia. Le solicitamos que hiciera un resumen de su ponencia para publicarla en este blog.
Por Vladimir Potostki
El siglo XX pasó bajo el signo de la lucha entre dos sistemas, dos concepciones del mundo. Confrontación muy reñida, que más de una vez puso el mundo al borde de la catástrofe (Guerra en Correa, la Crisis de los misiles en el Caribe, etc.). En la primera mitad del siglo, la tendencia de desplazamiento de varios países hacia el sistema socialista fue dominante. Por este camino, iban naciones con grandes poblaciones: la ex-Unión Soviética China, todos los países de Europa Oriental, algunos en Asia y África. Sin embargo, a partir de los años 60, y al perder la competencia económica, estos países han optado por el capitalismo. El mundo volvió al camino basado en la propiedad privada y las leyes del mercado. La pregunta es: ¿el socialismo fracasó definitivamente? La respuesta no sería tan simple...
Estudiantes explican el contenido de sus proyectos
Con gran acogida la comunidad universitaria recibió el
evento encargado de formar ciudadanos ambientales.
Por Milena Ortiz
El Departamento
de Humanidades de la Universidad Autónoma del Caribe, con el fin de formar
profesionales integrales y conscientes de la responsabilidad que tienen de
cuidar su entorno, llevó a cabo el evento Green Academy: Formando ciudadanos
ambientales, el pasado 27 de febrero, en las instalaciones de la Casa
Club Caribe.
La actividad
tuvo como propósito presentar algunos de los mejores Proyectos Ambientales
Universitarios (PRAU) que han realizado los estudiantes en semestres anteriores
para la materia de Bioética y Medio Ambiente, la cual busca inculcar la
sostenibilidad y responsabilidad social empresarial a los alumnos de todos los
programas de pregrado, para que, desde su área de estudio, presenten
iniciativas que impacten positivamente su contexto.
En tiempos normales, también podría
considerarse “normal” la reciente elección democrática de miembros de la Junta
Directiva del sindicato Sintrauac; no obstante, dada la coyuntura especial que
estamos viviendo en nuestra Universidad Autónoma del Caribe, referente a dejar
o no en los nuevos estatutos la figura de la cooptación como mecanismo para
escoger a los integrantes de los máximos organismos de gobierno, el pasado
proceso eleccionario en el más grande sindicato de esta querida institución de
educación superior se convirtió en una especie de plebiscito, entre quienes
estaban a favor y quienes estaban en contra de esa forma de llenar las vacantes
que se producen en el seno de los dos más altos órganos de dirección. Al
conocer los resultados, menos de dos horas después de haber cerrado las urnas,
quedó evidente que el No a la cooptación obtuvo una aplastante mayoría.
Podría considerarse que la
actitud de la Sala General frente a los estatutos es, como llamaban los abuelos
a situaciones parecidas, una mosca en leche en el exitoso proceso de
recuperación de la Universidad Autónoma del Caribe. Cuando uno descubre el retroceso
en la reforma a los estatutos que este ente plantea, no puede dejar de pensarse
que el máximo órgano de gobierno de la institución educativa se resiste a
transformarse. Pareciera que la mayoría de sus integrantes quisieran quedarse
en la placidez insensata de un anacronismo peligroso. Afortunadamente, los
entes vivos de la universidad han reaccionado y se han puesto a la defensiva:
no se puede permitir que la masificación de las protestas que inició la Facultad
de Ciencias Sociales y Humanas el 21 de febrero de 2018 (y que obligaron a la
salida del rector de entonces, Ramsés Vargas, y a la mayoría de los miembros de
la Sala General que lo apoyaba), sea en vano.
El proceso de recuperación
financiera de la Universidad Autónoma del Caribe va viento en popa. Sé que es
un lugar común ya el comparar casos de resiliencia, como el de nuestra
universidad, con el Ave Fénix, que se levanta de las cenizas y alza el vuelo,
pero es una verdad incontrovertible: no hay un ejemplo más adecuado para el
segundo rescate de esta institución de educación superior que el mito feliz de
esa criatura calcinada, capaz de renacer del fuego extinguido. Desde mediados
del año pasado, los empleados directos de la Autónoma estamos recibiendo
cumplidamente nuestro salario. Y ya gozamos también de seguridad social. Sería
muy ruin no reconocerle este logro a Claudia Patricia Da Cunha Tcachman, la
rectora designada por el Ministerio de Educación Nacional para contribuir con
el rescate de esta alma mater, que había dejado desahuciada el apetito voraz de
la administración anterior; por supuesto, tampoco hay que desconocer el gran
mérito que tiene en este resurgimiento exitoso un medio masivo de comunicación:
la W Radio, que puso en la agenda nacional lo que ya era un secreto a voces en
Barranquilla, sede principal de la Autónoma, y a pesar del inicial silencio
extraño de los medios locales: los horribles padecimientos a que éramos
sometidos los empleados por parte del hambre desmedida de poder y dinero de
quienes fungían como altos directivos de esta organización educativa.
Arriba: los dos últimos ex rectores, Ramsés Jonás Vargas Lamadrid y Silvia Beatriz
Gette Ponce, camino al calabozo. Abajo: el más reciente meme que sus áulicos han
puesto a circular en las redes para desprestigiar al autor de este blog, único cuyo
rostro no se ha borrado para demostrarles a los esbirros que no se le teme a los
señalamientos
Por
John Acosta
No fue sonoro, pero su hedor
alcanzó a inundar el salón de clases, a pesar de los ventanales abiertos que
estaban, tanto en la pared que va a la calle, como la que va al patio. La
hermosa profesora se incorporó de su escritorio, que estaba al fondo, a un lado
del tablero, y se plantó contrariada en la mitad del recinto. “¡¿Quién fue?!”,
preguntó con determinación. Todos nos miraban a mi compañero de pupitre y a mí,
pues parecía evidente que el viento nauseabundo había salido de ahí. Me sentí
intimidado con la mirada de la profesora: era la primera vez que sus ojos no
brillaban con la alegría de una docente joven sino con la luz de la decepción
de una maestra gruñona. A mis ocho años, no fui capaz de admitir mi culpa y, de
forma automática, señalé al niño que estaba a mi lado. “Fue él”, dije. Ante la
defensa del inculpado, pesó más mi estatus de buen estudiante. Cuarenta y cinco
años después de aquella mañana, no he podido olvidar la imagen que vi ese día a
través del enorme ventanal: mi camarada estaba en el patio, a donde había sido
enviado por la educadora, sacudiéndose los pantalones en medio de su monólogo
de protesta justa.
No he podido superar la enorme
injusticia que cometió mi infancia esa mañana desafortunada. Y, desde entonces, cada vez que soy víctima de
señalamientos injustos, no puedo evitar remontarme a ese caluroso día de mi
primer año de primaria. Ese sentimiento de culpa me ayuda, de alguna manera, a
sobrellevar los diferentes señalamientos sinrazón que me ha tocado padecer en
mis 53 años de existencia. Del primero que recuerdo sucedió en época de estudiante
universitario en Bogotá.
Hubo júbilo casi total (todavía
falta que caiga el jefe) entre los empleados porque, por fin, la Fiscalía
General de la Nación se dignó a proceder para empezar hacer justicia frente a
la empresa criminal que atentó vilmente contra el bienestar económico, social,
familiar, personal y reputacional de más de 1.200 empleados, de más de 10.000
estudiantes y de más de 50.000 egresados. La captura de implicados en el peor
desfalco cometido contra la Universidad Autónoma del Caribe hizo de ayer (21 de
noviembre de 2018) otro día histórico para esta querida institución de
educación superior. El atentado fue de tal magnitud que muchas de las heridas físicas
y espirituales aún siguen abiertas. A pesar de la sal que cae, a veces, sobre
las llagas lacerantes, derramada con sorna por malintencionados que quieren
pescar en río revuelto, no deja de ser un paliativo importante que las
autoridades competentes hayan decidido, después de tanto titubeo, agarrar el
toro por los cachos.
La educación como vía rápida para la modernización
Por Keller Gámez
Como ha sucedido en los últimos
años, la Biblioteca Benjamín Sarta
de la Universidad Autónoma delCaribe le abrió las puertas a
estudiantes y profesores para que participaran en la última entrega del Café Filosófico del semestre 2018-02.
El director del Departamento de
Humanidades, John Acosta, le dio la bienvenida a los asistentes y presentó al
ponente del día: Juan Carlos Escalante,
un comunicador social y periodista egresado de la UAC, licenciado de Ciencias Sociales,
Magister en Filosofía y docente de dicho Departamento, en asignaturas como Globalización
y Bioética y Medio ambiente.
La Casa Club Caribe
de la Universidad Autónoma del Caribe será sede del conversatorio “El periodismo en tiempo de crisis”, el martes 13 de noviembre, a las 8:30 a.m.
El diálogo se centrará en la reflexión y análisis del oficio
periodístico. La academia, los periodistas, estudiantes, docentes y
comunicadores, juntos, construirán opinión. Se profundizará en temas de
actualidad que afligen el óptimo desarrollo de la profesión, así como la
necesidad de enfrentar los retos en el periodismo que surgen día a día, la
importancia de la ética y la polarización política.
A partir de las 2:45 p.m. del 24 de septiembre, los estudiantes
llegaron a la biblioteca Benjamín Sarta
de la Universidad Autónoma del Caribe a participar en la nueva reflexión
que programó el ‘Café filosófico’.
Patricia Celemín, directora de
la biblioteca Benjamín Sarta, se encargó de darle la bienvenida a los
estudiantes y maestros; en sus palabras resaltó la importancia de abrir estos
espacios de reflexión que apuntan a una educación integral. La biblioteca,
junto con el Departamento de Humanidades, ambas unidades pertenecen a la
Universidad Autónoma del Caribe, han hecho causa común para realizar el Café filosófico periódicamente.
En esta ocasión, el filósofo,
psicólogo y docente de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Mauricio Pareja, tuvo en sus manos la
ponencia del evento, llamada ‘Filoterapia:
El poder sanador de la filosofía’. Para él, la filosofía sirve como
solución para las problemáticas que se nos presentan día a día, y la carencia
de ella en nuestras vidas ha hecho que se pierda el valor de la madre de todas
las ciencias.
El profesor aprovechó el aroma
a café que inundaba la sala para relacionarlo con el concepto erróneo que se
tiene de la filosofía. Comentó que muchos asocian la terminación “filos” con
hambre, puesto que ese es el significado que se le atribuye en la costa Caribe
colombiana. Pero hizo la aclaración y desglosó la palabra filosofía: Philos =
amor. Sofos= sabiduría. Sin embargo, según explicó, también existe una
variación del último concepto porque en la cotidianidad se cree que tiene algo
que ver con inteligencia.
Por ello, el filósofo piensa
que se ha desvinculado la carrera de filosofía con la vida cotidiana, así que
la filoterapia es el ejemplo adecuado para entender por qué es necesaria en
nuestras vidas.
Filoterapia:
una fuerza sanadora
A manera de introducción, hizo
un recorrido por los temas tratados por esta. En la antigüedad, cuando había
ausencia total de ella, las personas esperaban que Dios resolviera cada aspecto
de sus vidas: “Dios estaba hasta en la sopa”, dijo Pareja. Entonces, la
filosofía llegó como esa posibilidad que le permitió a los humanos pensar por
sí mismos y crear una mejor sociedad.
Así que se iniciaron los
estudios del hombre, la sociedad, la naturaleza, el arge, que es el origen del universo, entre otros. Pero no hay que
alarmase, no se debe pensar que se deja a un lado las creencias religiosas,
sino que es esencial para todos: creyentes y no creyentes.
Luego, desarrolló la
explicación de la premisa: “La carencia de la filosofía nos da problemas”. El
ejemplo que utilizó para que los presentes entendieran fue el del uso de una
frase coloquial: “Hablando se entiende la gente”; manifestó que dicha expresión
está incompleta si no hay filosofía, porque lo que se debe hacer es dialogar
filosóficamente, sino todo se convertiría en un “vomitadero de racionalidad”,
donde todos quieren tener la razón y no tienen ni un argumento de esta
magnitud.
“La capacidad de razonar es
terapéutica”.Mauricio dijo que es
primordial porque nos ayuda prevenir de muchos males. Característica que
ayudaría a los adolescentes, o todos los que se comporten como tal, porque es
la etapa que se basa en hacer. “Haz, pero haz bien”, mencionó. Aquí entra en
juego el papel de la sabiduría, para que todos sepamos vivir la vida. Sin embargo,
no se puede ver la terapia como la salvadora esperada, porque no es un hecho
puntual, es un camino.
Se llegó al punto de entender
que se debe tener el hábito de filosofar, esto se puede hacer leyendo libros
que nos ayuden a entendernos a nosotros mismos y a los demás, y desarrollen
nuestra capacidad de discernir filosóficamente para tomar buenas decisiones en
lugar de las malas.
En una de las entrevistas más duras "contra" un entrevistado, la periodista italiana Orina Fallaci hace enojar, incluso, al mítico fundador de All Fatah, una de las agrupaciones armadas ilegales que, desde la clandestinidad, buscaban sacar a Israel de los territorios ocupados. Posteriormente, estas agrupaciones se unieron y formaron lo que se conoce como la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).
Los estudiantes del curso Noticia y entrevista, de la
Universidad Autónoma del Caribe, deben leer esta entrevista y responder este foro, así: Un párrafo de resumen del contenido de la entrevista y otro párrafo con la opinión del estudiante sobre la entrevista que leyeron.
Cada uno de los dos párrafos debe tener una extensión mínima de cinco líneas.
Los
temas giraron en torno a enigmas, bichos raros, combinatoria, historias de
impacto y un movimiento estudiantil.
Por Keller Maideth Gámez Pérez
En la mañana del 7 de septiembre, cuatro conferencistas
lograron motivar con su carisma a los más de 500 asistentes que fueron a la presentación de Expo InnovaUAC, en la Casa
Club Caribe. Esta jornada tuvo como tópico principal la idea de transformar sociedad.
La mayoría del público estaba
integrado por estudiantes de los cursos de Emprendimiento y de Innovación,
administrados por el Departamento de Humanidades, de la Universidad Autónoma
del Caribe.
Estudiantes del curso de Bioética
y Medio Ambiente, facilitado por la docente Vanessa Ramos, se posicionaron en
la plazoleta de la Universidad Autónoma del Caribe para poner en práctica los
conocimientos recibidos sobre el cuidado del planeta tierra. La unión de los
principios de no maleficiencia, beneficencia, autonomía y justicia, con los dos
modelos filosóficos, biocentrismo y antropocentrismo, se vieron reflejados en
las actividades didácticas que crearon los jóvenes para llamar la atención de
toda la comunidad universitaria sobre el cuidado al medio ambiente.
“Fueron dos
días de sensibilización que les permitió ayudar de forma activa a la sociedad al
medio ambiente, y vincular a la comunidad de la universidad. Buscamos que, desde
la academia, puedan ser mejores ciudadanos y profesionales”, dijo Vanessa Ramos,
docente de Bioética y Medio Ambiente.
El próximo 7 de septiembre, a partir de las 9:00 a.m., será el lanzamiento de Expo InnovaUAC, en la Casa Club Caribe. La jornada estará
acompañada de conferencistas expertos en innovación y emprendimiento, quienes
tendrán como objetivo motivar a estudiantes y docentes de la Universidad
Autónoma del Caribe a crear iniciativas encaminadas al desarrollo social.
El entonces senador Iván Duque estuvo en la Universidad Autónoma
del Caribe, con su colega de corporación Rodrigo Lara, en un foro
sobre el plebiscito que ganó el No, defendido por el congresista Duque
Es imposible dejar de sentir el
sabor agridulce en el alma, cuando uno ve la efectividad del denominado Plan Diamante por medio del cual el
gobierno del presidente Iván Duque implementa su promesa de campaña El que la hace la paga.
Las constantes noticias de
capturas de grandes capos de violentos grupos delincuenciales, sean guerrilleros
o de bacrim (a propósito, la gente del común no nota la diferencia entre uno y
otro) producen, por supuesto, una enorme tranquilidad en los habitantes de este
martirizado país; sin embargo, esa sensación de alivio se desvanece entre los
más de mil empleados de la Universidad Autónoma del Caribe porque la eficiencia
demostrada en apresar asesinos, no se ve en la caída de destacados ladrones de
cuello blanco; concretamente, quisiéramos que esa agilidad del Ejército y la
Policía para poner en buen recaudo a los culpables de homicidios se refleje
también en el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía General de
la Nación para encarcelar a quienes desfalcaron a nuestra universidad y, con
eso, nos sometieron a vivir las más crueles y degradantes situaciones durante
dos interminables años.
Huyendo de mis padres
carnavaleros, me topé con un señor que le decían “Paragua”o “Paragüita”. Lo
curioso de esto es que también terminé siendo otro adicto al carnaval, en
parte, gracias a ese extraño personaje.
Salsero y verbenero, casi rayando
en la intolerancia con otros sonidos del Caribe colombiano, César Morales
dirigía una comparsa llamada Las Marimondas del Barrio Abajo. Ya antes las
había visto en medio de una Batalla de Flores; eran como mil personas en un éxtasis
maravilloso, dando unos brincos y haciendo movimientos desajustados que
arrancaban aplausos y gritos de euforia que se entremezclaban entre ese
endulzante aroma a fécula de maíz triturada y chuzos de carne de dudosa
procedencia, pero fascinante sabor.
Primeros capos. Arriba: Pablo Escobar Gaviria, los hermanos Gilberto y
Miguel Rodríguez Orejuela. Abajo: Gonzalo Rodríguez Gacha y
Carlos Lehder Rivas
Por Keller
Maideth Gámez Pérez
Los
colombianos son narcotraficantes y consumidores de profesión. No existe ninguna
variación en la caracterización de sus habitantes, quienes nadan en el mar
de la compra, venta y consumo de drogas.
Así nos han
reconocido durante mucho tiempo. Este estereotipo le ha dado la vuelta al
mundo, y no precisamente en ochenta días, pues nuestros buenos amigos, los
otros países, nos ayudaron a construir nuestra propia cruz, pero, ¡OJO!, no a
cargarla.
Nuestro
país se encuentra en discordia por la fricción de los ideales, acompañado de
una disputa por el poder absoluto, disfrazado de buenas obras; la avaricia se impregna en los líderes, y en los que no, les llega un boleto de avión
directo a un descanso eterno y la política se asocia con el enriquecimiento
ilícito; mientras los demás aprovechan esto para hacer su jugada.
En
el bus se escucha la noticia: “Serán sancionados colombianos que ingresaron
alcohol en estadio de Rusia”. Ante esto, una anciana exclama: “Así somos los
colombianos, ¡qué vergüenza!”. No ha terminado de hablar la señora cuando los
pasajeros a su alrededor asienten y respaldan sus palabras.
Mientras
tanto, en el mundo digital se reproduce por doquier el video del colombiano que
—según él, en forma de chiste— insulta a una japonesa; también se ve por ahí a Daneidy
Barrera, mejor conocida como ‘Epa Colombia’, bañándose en la fuente del Museo
del Luvre, en Francia.
Así
es como, con el impulso de los medios de comunicación nacional, se ha generado
un sentimiento común de vergüenza por lo que hicieron unos cuantos colombianos,
de los miles que asistieron al mundial de fútbol en Rusia. Con esto, en el país
se ha reforzado la creencia colectiva de que los colombianos son maleducados,
incultos y siempre buscan la forma de hacer lo malo. Y digo “reforzado” porque
no es algo nuevo, es una percepción que se ha formado y consolidado en el imaginario
del pueblo desde hace un tiempo.
La indolencia de los organismos estatales de control es lo
peor que nos ha podido pasar, a las 1.200 familias que aún padecemos la
devastación financiera a la que fue sometida la Universidad Autónoma del Caribe
por parte de una empresa criminal que aún goza de total impunidad. Como si
fuera poco el sortear las afugias diarias por el no pago a tiempo de nuestros
salarios, como consecuencia del desastre que ocasionaron los ladrones de cuello
blanco en esta cincuentenaria institución académica, a los empleados nos toca
cargar también con la frustración de no poder entender por qué ni la Fiscalía
General ni la Procuraduría General han puesto tras la reja a los culpables de
esta debacle; incluso, solo falta, prácticamente, un día para las elecciones
presidenciales y ninguno de los dos candidatos se ha pronunciado sobre la
extraña parsimonia de los entes mencionados para investigar y encarcelar a
quienes intentaron asesinar, con evidente sevicia, a esta reconocida
organización universitaria.
Más de 45 años después, recuerdo aquel momento como si
fuera ahora: el niño tocaba el acordeón en la tarima, mientras su hermano (o
primo hermano, no sé: eran iguales en todo caso) cantaba. El público delirante
aplaudía el coraje de aquellos infantes que le sacaban notas y sentimientos a
la caja, guacharaca y acordeón. Era, por su puesto, un espectáculo digno de
admirar por todos, que se desarrollaba en una media mañana del mes de julio,
que era cuando se realizaba el Festival Folclórico del Fique, en la muy amada
población de La Junta, allá en La Guajira indomable de Colombia. Yo presenciaba
ahí, entre el público, la gallardía en tarima de aquellos muchachos de mi edad.
Me evoco en pantaloncito corto, a pies descalzos y sin camisa, que era la única
manera como me le podía escapar de la casa a mi abuela sobreprotectora. Se
trataba del pequeño José Alfonso El Chiche Maestre y su conjunto, integrado por
niños de la vecina población de Patillal, en el departamento del Cesar, así sin
tilde en la e. Esa mañana, obviamente, me fui para la casa sin saludar
personalmente a los ídolos de mi edad porque los adultos se los llevaron,
seguramente a amenizar parrandas en sus patios traseros. Hubo de pasar más de
10 años para volverme a encontrar con El Chiche y hacernos amigos de
compincherías universitarias.
Sensibilidad y ternura de la dama ibaguereña: toda su actividad social la llevó a formar parte del liberalismo en el Tolima, y estuvo ad portas de llegar al Concejo, pero los celos de los políticos la privaron de coronar su gran ilusión: ser alcalde de Ibagué.
Ancestros ibaguereños, liberales, cartageneros y antioqueños de Iván Duque Márquez.
Es cierto: la situación
nuestra todavía no es nada fácil. Aún hay que coger una tijera, cortar por la
mitad el arrugado y exprimido tubo de la crema dental, meter el cepillo por las
nuevas puntas mutiladas para hurgar en el interior, raspar con las cerdas los
últimos vestigios de dentífrico y poder lavar los dientes en la mañanita, antes
de salir a facilitar clases con el orgullo intacto, a pesar de todo. Todavía
timbra el celular mientras uno se está vistiendo, después del baño reparador, uno
ve el número desconocido y no lo contesta,
pues la tragedia le ha enseñado que los bancos echan mano a cualquier estrategia,
como la de llamar en horas fuera de oficina, para lograr que el moroso atienda
la llamada amenazadora del cobrador sin escrúpulos. No obstante, uno sigue ahí,
con la frente en alto y la voluntad a toda prueba, dispuesto a cumplir con el
sagrado deber de compartir conocimiento con sus estudiantes. La razón para
mantenerse en pie es que uno sabe que la universidad no tiene plata porque fue
saqueada por una empresa criminal a la que todavía la justicia no ha puesto en
buen recaudo. Y tener la certeza de que el dinero que va entrando ya no se lo
roban, es el motor que lo impulsa a uno a seguir dando la batalla para volver a
sacar adelante a una institución con más de medio siglo entregando excelentes
profesionales al país.
Facebook suele ser cruel, a
veces. Y uno, masoquista, que propaga la ferocidad de esta red social; incluso,
cuando lo compartido taladra hasta las profundidades más recónditas del alma.
Me acabó de pasar ahora en carnavales. Facebook me recordó una foto de hace dos
años, así sin anestesia: era pleno sábado, cuando el furor de estas fiestas
estaban en todo su apogeo y yo, tirado en la cama de mi casa porque no tenía
ninguna posibilidad financiera de disfrutar de este jolgorio. Me tocó hacer lo
único que la tecnología ha inventado para sobrellevar casos como el mío:
curucutear las redes en mi celular para obligar a que el sueño me dominara y poder
escapar así del infortunio de esta varadez
sin precedentes, pero llegó Facebook y ¡zaz!,
me espetó la bendita foto esa para rematarmeel orgullo, mal herido por la situación que nos embarga. En el retrato
aparecemos mi compañera de hogar y yo, con pinta carnestolénica, listos para la
Batalla de flores de hace dos años. Y me decía: “Este recuerdo no lo verá nadie
si usted no la comparte”. Y lo compartí.
Debo confesar que solo hasta
entonces, cuando la vi retratada sonriente, con sus flores carnavaleras
adornándole la cabeza, me pude dar cuenta de la magnitud de su entrega. En casi
20 años que llevamos de vida en común, casi nunca la he visto ver televisión:
solo lo ha hecho para disfrutar en vivo, a través del canal regional Telecaribe,
de estas fiestas del desorden admitido y de la gozadera. Y lo hacía en el descanso
que tomaba en la casa para emprender al día siguiente, con más ímpetu, la diversión
presencial de su desborde anímico. Este año, sin embargo, apenas pudo salir dos
veces. Y, en ninguna de esas, pude acompañarla, pues no quisimos pasar por la
vergüenza de que la amiga que la invitó corriera también con mis gastos.
Es, por supuesto, una lucha ardua, tormentosa e
impotente. El drama humanitario que padecemos todos los días, las más de mil
familias que dependemos de los salarios en la Universidad Autónoma del Caribe,
podría aliviarse en algo si uno viera interés en la Fiscalía General de la Nación
para meter en la cárcel a los que nos degeneraron nuestra existencia en estos
dos últimos años; sin embargo, esa angustiante batalla para arañarle a la vida
el sustento diario de nuestros hogares, se multiplica por infinitas veces al
comprobar que los culpables de nuestras desgracias deambulan felices por las
calles, derrochando a sus anchas el producto de su crimen, restregándonos
descaradamente sobre la miseria en que nos dejaron que no hay ningún órgano
capaz de hacer justicia por la dignidad nuestra mancillada.