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12 may 2025

Iván Zuleta, el Rey que le faltaba al Vallenato

Dinastía Zuleta: el viejo Emiliano Zuleta Baquero, el tronco 
del clan; Emiliano Zuleta Díaz, hijo Zuleta Baquero; e Iván
Zuleta Barros, nieto y sobrino de los dos anteriores
Por John Acosta

Esa noche del 29 de abril de 1968, se hizo el primer llamado a Emiliano Zuleta Baquero para que subiera a tarima a demostrar por qué era el ganador anticipado del primer Festival de la Leyenda Vallenata: para ello debía tocar para dirimir el empate que había declarado el jurado entre él y Alejo Durán. El público no se preocupó al principio porque era la merecida corona para el padre de una gran dinastía del folclor; sin embargo, cuando ya la gente escuchó el segundo llamado, la enorme expectativa se expandió por todo el lugar. Y, entonces, vino la eliminación del favorito con el último de los tres llamados. “Alejo Durán sabía que su compadre y amigo de miles de parrandas Rafael Escalona quería que quedara en la historia del Festival Emiliano Zuleta por siempre y para siempre como el primer ganador”, expresó el periodista barranquillero Rafael Sarmiento Coley.

Escalona pesaba, pero La Cacica impuso el reglamento

Sarmiento Coley asegura que Escalona pesaba en la junta organizadora. “Y era un peso en oro, pero no contaba con una tigra que defendería los reglamentos a dentelladas: La Cacica Consuelo Araujo Noguera. Cuando Zuleta no se presentó al tercer llamado porque no se había podido levantar de la hamaca después de tres días con sus noches celebrando el triunfo por anticipado, fue declarado ganador, merecido, por cierto, Alejandro Durán Díaz”, terminó diciendo Rafael Sarmiento.

14 abr 2025

Se llama Rosario y es la sirena de Hurtado

Por John Acosta

Desde tiempos inmemoriales, a los niños del sur de La Guajira y del norte del Cesar les ha rondado un fantasma que los atemoriza en cada Semana Santa: no deben bajar a bañarse al río porque se vuelven pescado. Los pueblos de esta zona tienen el privilegio de estar ubicados en un extenso valle que se desprende de dos enormes fabricantes de agua cristalina: la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá; de manera que no hay una sola población de estas que no esté cercana a un río, en cuyo lecho se hace en invierno un pozo profundo en donde los infantes aprenden nadar. Casi siempre, la Semana Mayor coincide con las primeras lluvias de abril; es decir, la tormenta espiritual que sienten los muchachos de estos pueblos al ver ese pozo natural recién hecho y no poder lanzarse a disfrutar de esas aguas profundas porque justo o es Jueves o Viernes Santo y nadie quiere volverse para siempre una criatura acuática, con aletas de colores y escamas brillantes; sin embargo, ya le sucedió a una niña desobediente en la ciudad de los Santos Reyes, Valledupar.

9 sept 2024

Lo que sucede en los buses de los conjuntos vallenatos

Por John Acosta

La primera versión la escuchó el hoy periodista del Semanario La Calle, cuando era un adolescente. La contó Libardo Gutiérrez: resulta que Diomedes Díaz llegó a desayunar al restaurante que la esposa de su paisano Libardo, Marina Moreno, tenía en Casacará, corregimiento de Codazzi (Cesar). Es de suponerse que el cantante de La Junta (La Guajira) vendría de regreso de alguna presentación en algún pueblo cercano y se acordó que el también juntero Libardo tenía esa venta de comida en ese lugar; entonces, el marido de Marina le espetó a Diomedes la pregunta que le carcomía el alma. “Vee, Cacique, ¿y tú de aonde sacaste esa canción?”, le dijo.

Libardo Gutiérrez le contó al adolescente que Diomedes le había dicho que la compuso en el vuelo hacia Barranquilla, a mediados de febrero de 1984; por supuesto, había una imprecisión en lo de ‘el vuelo’, pero lo sustancial era que El Cacique de La Junta había sacado esa composición en un corto trayecto. Joaco Guillén, el gran amigo del cantante juntero, entregaría, después, más detalles. Habían salido ese día en bus, de Valledupar a Barranquilla, a cumplir con seis compromisos en el Carnaval de ese año. No tenían previsto presentarse en el Festival de Orquesta y Acordeones para ganarse el codiciado  Congo de Oro porque “no tenía música nueva”, según cuenta Guillén que le dijo el Cacique, mientras disfrutaba el jugo en la frutera de Ciénaga donde siempre se detenían cada vez que pasaban por ahí.

26 ago 2024

Adaníes Díaz le dejó su semilla al vallenato para irse al cielo

Churo Díaz y su padre, Adaníes
Por John Acosta

Las dos fechas históricas que publican en internet los biógrafos de ambos, no coinciden con lo que afirma categóricamente el famoso cantante vallenato Jorge Iván Díaz Lafaurie, el gran ‘Churo Díaz’: mientras él afirma que era un bebé de brazos, cuando su padre, Adaníes Díaz falleció, los biógrafos del difunto dicen que la muerte de Adaníes se dio cuando estaba en la cúspide de su vida musical (era la voz melancólica del género del Valle del cacique Upar), en un lamentable accidente de tránsito, ocurrido el 9 de febrero (a propósito, Día Nacional del Periodista) de 1983, cuando la camioneta en que viajaba chocó con una pila de escombro de asfalto que estaba sobre la vía, a escasos tres kilómetros para llegar a su destino, Riohacha. Y el talentoso Churo Díaz, su hijo, nació el 29 de mayo de 1983.

De acuerdo a esas dos fechas, que nadie aún les ha refutado a sus biógrafos, Churo Díaz era un gestante cuando Adaníes Díaz, su progenitor, murió. Si se atiene a los datos históricos que aparecen en los textos, consultados constantemente en internet, Miriam Lafaurie, madre del Churo, aún estaba en embarazo cuando el padre de su hijo falleció en ese fatal accidente.

9 ago 2024

La nieta de Máximo Movil que lucha la vida con la humildad con que lo hizo su abuelo

Por John Acosta

Margarita María Movil Chinchía, hija del famoso compositor Máximo Movil, murió a los 35 años en Casacará, Cesar; entonces, su esposo, Damián Julio Valdés (pariente del famoso campeón de boxeo Rodrigo Valdés) decidió entregar a su pequeña hija huérfana de madre a su media hermana Dorina del Socorro Rodríguez Valdés. La niña tenía los nombres invertidos de su mamá fallecida: María Margarita Julio Movil. Y su tía Dorina era tan especial para Damián, que, incluso, a su primera hija con Margarita Movil le puso el nombre de su media hermana: Doris (como exigía Dorina que la llamaran porque le parecía horrible el que le pusieron sus padres) Janeth. De manera que no habría mejor hogar sustituto para la pequeña María Margarita que el de su tía ‘Doris’. Además, era muy cierto el argumento con que Damián Julio terminó convenciendo a su hermana ‘Doris’ para que le recibiera a María Margarita: tuvo ocho hijos varones, ni una sola mujer. Damián terminó yéndose para Venezuela con sus otros dos hijos, Doris Janeth y Abel Damián.

5 jul 2024

¿Quién va a Hurtado a la media mañana de un miércoles?

Por John Acosta

La que parecía ser la abuela le tomó la última foto, guardó el celular en su bolso y dio media vuelta. “Sigamos”, le dijo; entonces, el niño se puso de pie, abrazó la estatua de Diomedes Díaz (que permanece sentada en una silla), y le dio dos besitos en la mejilla izquierda. Regresó hasta la escultura de Martín Elías (que está de pie, al lado de la butaca de su padre) y lo abrazó. La señora, que ya estaba en la otra orilla de la glorieta (lista para cruzar hasta la placita donde están los monumentos de otros artistas de la música vallenata), volteó su mirada tierna hacia el pequeño. “Vamos, papi”, le insistió. El chico corrió y alcanzó a la señora. En la plazoleta adyacente los esperaban los que parecían ser los padres, tomándose las fotos en la imagen de Carlos Vives, quien seguía en su montada eterna en la bicicleta sin Shakira: el hombre se posó en la parrilla y la que debía ser su esposa se sentó en la barra.

En la calle ovalada, que separa a la Glorieta de Los Juglares con la placita de Carlos Vives, se estacionó una camioneta, de donde se bajó un señor, cuyas piernas desnudas (con la piel enrojecida por los rayos solares) delataban su procedencia andina. Su caballerosidad ancestral lo hace abrirle la puerta a sus dos hijas, que venían en la silla de atrás y a su señora, que estaba de copilota. Cruzan la plazoleta, en medio de la intensidad del sol de las diez de la mañana, y la familia se toma la foto en la estatua de Jorge Oñate. Siguen hasta donde permanece Iván Villazón en su parada infinita y, después de fotografiarse con él, el hombre aprovecha a la señora que llega a ofrecerle el menú del día a la orilla del río para preguntarle lo que le inquieta. “¿Y dónde está Diomedes Díaz?”, indaga. “Se pasó: está con su hijo Martín Elías allá en la rotonda de los juglares”, le contesta ella, mientras le señala el monumento del acordeón.

27 jun 2024

La Virgen del Rosario, un milagro que aún perdura

En la Plaza Alfonso López, de Valledupar, se conmemora
todos los años la Leyenda Vallenata
 Por John Acosta

1. La Leyenda

Era una carrera desesperada contra el fuego que caía del cielo en partes del convento y trataba de extenderse hasta la iglesia. El joven indígena iba al patio del claustro religioso y venía hasta el altar de la iglesia con sus dos peroles de agua para vaciarlos encima de la imagen sagrada de la Virgen del Rosario, cuya mirada fija hacia abajo daba la apariencia de resignarse ante aquel ataque brutal con flechas encendidas. El nativo adolescente no se conformaba con tratar de salvar a la Madre de Dios hecho hombre, sino que también le echaba a los dos hombres piadosos que estaban al lado y lado. Nadie puede determinar aún cuántos viajes cortos hizo el “indiecito”, como lo llaman los cronistas de aquel momento esencial en la vida de la naciente Valledupar; sin embargo, ese esfuerzo colosal sería borrado de la historia por el cataclismo extraordinario que provocó.

Las tres imágenes divinas se salvaron del incendio, gracias al esfuerzo del joven indígena. En medio de su cosmología aborigen, no pudo ni siquiera suponer que ese acto conmiserativo causaría una grandiosidad providencial, preludio de la más importante fiesta de acordeones del mundo. Una guaricha (doncella) y dos piaches (ayudantes) empezaron a quitar de las manos las flechas en llamas que los indígenas disparaban. Ante la fuerza de esa determinación prodigiosa, los nativos, místicos de nacimiento, sintieron un temor terrible: desistieron del ataque y huyeron.

24 may 2024

Omar Geles: el niño humilde que se hizo grande con un acordeón que no era de él

Por John Acosta 

Roberto Geles llegó ese día a su casa con un acordeón para su hijo Juan Manuel porque estaba seguro de que su retoño sería un excelente acordeonero. Sabía que Omar Antonio, su otro hijo, podría enojarse por el detalle que el papá había tenido con su hermano: fue precavido y le llevó a Omar un tambor. De nada sirvió esa prevención de padre zorro, pues Omar no disimuló su ira por semejante despropósito. Él llevaba tiempo soñando con tocar el “arrugao” de la música vallenata. De manera que no estaba dispuesto a dejársela pasar fácil al autor de sus días. Menos mal porque el género del Valle del Cacique Upar se hubiese perdido la oportunidad de tener a uno de los más grandes intérpretes del aparato musical alemán, además de un prolífico compositor y un admirable empresario de este folclor.

6 may 2024

El vallenato, la historia que nunca muere

Con ocasión del 57 Festival de la Leyenda Vallenata, el Semanario La Calle sacó una edición especial dedicada a este evento de alta cultura colombiana. Dentro de ese homenaje, el periódico cesarense sacó unas notas sobre los seis cantantes vallenatos, que hicieron grande a este género musical, después de los reconocidos juglares que iniciaron con las uñas la historia de esta tradición lírica.

De esos seis cantantes pioneros en grabar varios LP, el autor de este blog escribió cuatro. Comarca Literaria reproduce esas cuatro notas:

Jorge Antonio Oñate, el jilguero que le puso voz al Vallenato

Por John Acosta

Jorge Antonio Oñate González estaba destinado para terminar una carrera universitaria en la capital del país, a donde lo llevó su mamá, Delfina Oñate, a que hiciera su bachillerato en la Universidad Libre; sin embargo, apenas llegó a la mitad de décimo, no por mal estudiante, que era bueno, sino porque ya se había ido picado por el amor a la música de la “arrugada” acordeón, se retiró de  sus estudios. La lejanía con el epicentro geográfico del folclor vallenato no lo “curó” de la picadura, sino que la nostalgia por la cultura de su tierra le aumentó la “fiebre” por este género rítmico: menos mal porque, de no haber sido así, los aficionados de esta tradición armónica hubiesen sido víctimas de la mayor injusticia, como es privarlos de una de las mejores voces (por lo menos, de las más nítidas) del vallenato.

En 1968, recién retirado de la secundaria, Jorge Oñate es contratado por un grupo local llamado Los Guatapurí, para arriesgarse a ser el primero en forjar a que el cantante sea la figura central del folclor, cuando la tradición había impuesto hasta entonces que las estrellas era los acordeoneros, que componían, cantaban y tocaban; es decir, en la carátula de los LP, siempre aparecía el nombre en letra grande de los acordeoneros “y los vocalistas, como él, aparecían como invitados, en letra más pequeña”, escribe acertadamente Liliana Martínez Polo en El Tiempo.

Cantar fue un refugio al dolor de Beto Zabaleta


Por John Acosta

La mañana de ese sábado 5 de febrero de 1972, el joven Alberto Luis Zabaleta Celedón pasó, repentinamente, de la alegría por ver de nuevo a su hermano mayor, Francisco Alberto, quien había salido de Bogotá en el avión HK-1139, a las 7:00 de la mañana, al desespero y la incertidumbre porque la aeronave había desaparecido sin dejar rastro alguno. Los familiares de los pasajeros habían llegado al aeropuerto Alfonso López, de Valledupar, a donde llegaría el vuelo a las nueve. Al principio, todos veían normal la demora, pues podría ser que ocurrió un imprevisto en Barrancabermeja, pero ya, al mediodía, la noticia de que el avión desapareció se regó como pólvora.


La desazón aumentaba en el alma del joven Beto Zabaleta con cada nueva versión que las malas lenguas difundían sobre el sitio donde estaría la nave; incluso, hasta llegó a desear que fuera cierta la más creíble: el avión fue secuestrado y llevado a Cuba, pero la incertidumbre volvió cuando el gobierno de los hermanos Castro desmintió la versión y se volvió a temer lo peor, que fue confirmado tres días después: la aeronave de Transportes Aéreos del Cesar (TAC) se accidentó contra Cerro Azul, en la Serranía del Perijá.

Rafael Orozco quería ser acordeonero, pero su mamá se lo prohibió

Por John Acosta

Rafael José Orozco Maestre no estaba destinado a ser cantante, sino acordeonero. Su padre, ‘Rafita’ Orozco, tocaba bien el acordeón y les inculcó a sus hijos el amor por este instrumento musical. Misael, el myor de todos, y José Agustín ya eran expertos en este arte, pero Rafael José estaba aprendiendo. Tuvo que pasar lo peor para que el género ganara un gran cantante, en vez de ver nacer a otro acordeonero. Es que aquel fatídico paseo en el río, con trago y parranda, trajo, al regreso a Becerril, el trágico accidente donde falleció Misael. Embargada por la impotencia y el dolor, Cristina Maestre, la madre, tomó la firme decisión que habría de cambiar para siempre el destino del joven Rafael José: cogió el acordeón de la casa y lo dañó. “Aquí nadie más va a tocar este aparato”, sentenció.


No habría nada qué hacer. Si Rafael José quería seguir aspirando a dedicarse a la música, tenía que hacerlo desde otra posición que no fuera acordeonero, pero, en todo caso, debía iniciar lejos de su pueblo porque aún el eterno dolor de Cristina no le permitía aceptar nada relacionado con el folclor, que ella consideraba le arrebató a su primer hijo; entonces, el adolescente  Rafael Orozco aprovechó que lo mandaron a estudiar a la capital del departamento, que, en esa época, quedaba en lugar remoto, pues la carretera destapada hacía mucho más demorado el viaje de Becerril a Valledupar.

Diomedes Díaz, de recogecable a ídolo del Vallenato

Por John Acosta

Diomedes Dionisio Díaz Maestre pasó de espantar pájaros en los maizales del juntero Teodoro Vega, allá en Potrerito, vereda cercana a La Junta, junto con su amigo de adolescencia José Ángel Hinojosa, a ser mensajero en Radio Guatapurí, de Manuel Pineda Bastidas, en Valledupar. Para no aburrirse del tedio en los cultivos, se iba a cantarle a los indígenas de la finca vecina, quienes le pagaban con café. Hasta ahora, lo que se ha dicho siempre, es que la llegada a la emisora en la capital del Cesar no fue casual: él quería hacerse amigo de los locutores para que le pusieran a sonar la canción La negra, en la voz de Jorge Quiroz y el acordeón de Luciano Poveda; incluso, el mismo Diomedes Díaz lo dijo mucho tiempo después; sin embargo, hay dos fuentes muy cercanas al Cacique de La Junta que contradicen esta versión: Jaime Pérez Parodi, una biblia del folclor vallenato, y el juntero, amigo de Diomedes, Gustavo Eugenio “Geño” López.


¿Mensajero para promocionar su primera canción grabada?


No obstante, Parodi y López también se contradicen en su propia versión. Jaime Pérez Parodi, quien fue el presentador oficial en los conciertos de Diomedes Díaz durante casi toda la vida profesional del cantante juntero, asegura que, cuando Diomedes Díaz llegó como mensajero a Radio Guatapurí, “nadie le había grabado y nadie lo conocía, sólo ‘Geño’ López, que lo llevó a la emisora y lo entrenó como mensajero”, le aseguró Pérez Parodi a La Calle; efectivamente, ‘Geño’ era el mensajero en esa estación radial y, como el cobrador había renunciado, “fui hasta donde el señor Manuel Pineda Bastidas a pedirle que me ascendiera a cobrador. Y él me dijo que sí, pero que yo tenía que llevarle mi reemplazo como mensajero”, le contó Gustavo Eugenio  a La Calle.

30 abr 2024

El Festival de la Leyenda Vallenata nació en los patios de Valledupar y en los pueblos

Por John Acosta

La pregunta fue directa, ahí mismo en el aula múltiple colmada aún de gente, pero el investigador y folclorista Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa, a pesar de las dos horas largas que lo antecedieron en una cátedra con Iván Villazón, no se dejó envolver y ripostó con la altura y el conocimiento adquirido en sus muchos años de estudio. ¿Cómo fue la génesis del Festival de la Leyenda Vallenata con el antecedente del festival vallenato que hizo Gabriel García Márquez en Aracataca? “Ummm, ese cuento es de ahora”, dice el historiador cesarense.

“Que se haya hecho una parranda en Aracataca o en Fundación y que sea antecedente del festival, yo nunca he concebido eso ¿sabe por qué? porque el concurso de acordeoneros que se institucionalizó, no se creó, se institucionalizó en el Festival Vallenato, venía haciéndose hacía décadas  en todas las fiestas patronales de todos los pueblos de la región”, agrega. Y contó los grandes encuentros que terminaban en batalla campal entre los aficionados de uno contra los aficionados del otro.

14 mar 2024

"La cachaca" que lleva 15 años vistiendo piloneras en Valledupar

Teresa Bohórquez Orjuela
Por John Acosta

Llegó a Valledupar enamorada de un hombre conocido en la ciudad por su jocosidad y por la honestidad y nobleza de su estirpe: Cristóbal Toba Mendoza. Teresa Bohórquez Orjuela llegó recién parida a la tierra donde el padre de su hijo había hecho una vida social admirable por la grandeza profesional de sus hijos matrimoniales y por el don de gentes de esa familia. Ella conocía a los mayores porque frecuentaba el apartamento donde ellos vivían en Bogotá, mientras realizaban sus estudios universitarios; precisamente, en la capital del país conoció al reconocido ganadero vallenato, donde llegó viudo a realizarse unos estudios médicos. Y ella lo acompañó en el hospital, sin saber que el humor espontáneo con que Toba Mendoza trataba de vencer su soledad recién adquirida la flecharía para siempre.

En Valledupar, vivió en arriendo, mientras hacía curso de pintura y bordado. Recuerda que le pidió al viejo Toba una máquina de coser, pero, al principio, el hombre se negó hasta que La Cachaca (como el mismo Toba la llamaba frente a sus amigos) usó sus dotes de persuasión femenina y lo convenció: ya esa máquina tiene 42 años y aún trabaja con ella. Al fallecer el padre de su hijo, ella salió de la tranquilidad de la casa, que él le había dejado, para trabajar en talleres de confección. Con ese esfuerzo, compró su propia fileteadora y pudo montar su propio taller en su hogar.

1 feb 2024

Mono Zabaleta, legado de la abuela paterna

 Por John Acosta

Mientras se revolcaba de dolor para parir  a su hijo, la madre no esperó nunca, en esos momentos de desesperación, que ese bebé la premiaría, ya cuando fuera grande. Lo hizo con un acto sublime que perduraría para siempre. Lo más meritorio fue que sucedió en un mundo machista, pero sobre todo, dentro de un folclore que se hizo famoso por la inspiración de hombres cantándoles a las mujeres. El producto de esa situación agobiante, vivida ese día por la progenitora quejumbrosa, fue capaz de anteponer, para el universo musical, el apellido de su abuela paterna: un honor a la mujer berraca, como su madre.


Y es que si a alguien le preguntan por José Vicente Rosado Murgas (el hijo de José Vicente y de Libia), lo más probable es que no tenga ni la menor idea de quién sea; sin embargo, si a esa misma persona se le pregunta por el Mono Zabaleta, no dudará un instante para responder con acierto: “Es uno de los más famosos cantantes vallenatos que hay en la actualidad”. ¿Fue la intención del hijo agradecer a la madre (por intermedio de su abuela paterna), no sólo por la oportunidad específica de angustia padecida por ella ese 10 de julio de 1983, sino, además, por los nueve meses en que lo acunó con amor en su vientre? Sin duda, eso tuvo que contribuir bastante, cuando se le planteó al joven que debía ponerse el apellido de la mamá de su papá para irrumpir más rápido en la vida artística.

28 oct 2021

“La enganchá”: 14 años del Grammy Latino a Diomedes Díaz

Izquierda, Luz Consuelo Martínez Salazar
(última compañera de Diomedes Díaz) muestra el
Premio Grammy Latino que recibió Diomdes Díaz.
Derecha: Emiro Manuel (Mime) Martínez, autor
de La enganchá
Por John Acosta

La noche en que Franco Mejía se sacó a Toña Martínez de su casa y se voló con ella, a mí me tocó amanecer en Funda (Fundación, la finca de mi familia): allá fue a buscar refugio Franco con su novia (y, desde esa noche, mujer), después de media hora de subida por una trocha pedregosa y polvorienta, desde La Junta (el pueblo del alma) hasta Funda. De manera que había motivos suficientes para que la levantada esa madrugada para la ordeñada de las vacas fuera diferente. Había en el ambiente un aire de incertidumbre por la reacción del papá y de los hermanos de Toña. Lo cierto es que era frecuente que, en esa época, el hombre convenciera a su pretendiente a que se fuera con él bajo el amparo y complicidad de las calles oscuras; sobre todo, si los padres de la joven no eran gustosos del noviazgo. El mismo tío Ito (Manuel Nicolás Acosta Mendoza), a quien Franco fue a pedirle apoyo y amparo, se había sacado así a Carmen Mejía, su señora, hermana de Franco.

28 feb 2021

Se fue Jorge Oñate: solo nos quedan Poncho Zuleta y Beto Zabaleta

 

De izquierda a derecha: Beto Zabaleta, Jorge Oñate,
Rafael Orozco y Diomedes Díaz
Por John Acosta

Siempre tuve en claro una cosa: las voces nítidas del vallenato eran las de Jorge Oñate y Silvio Brito. Hoy se acaba de apagar la primera. Y, desde muy joven, afirmé con vehemencia que, en esa feliz época de enamorador sin escrúpulos, solo habían cuatro grandes representantes del folklor: Diomedes Dionisio Díaz Maestre (Diomedes Díaz, a secas), Jorge Antonio Oñate González (Jorge Oñate, sin más allá y sin más acá), Tomás Alfonso Zuleta Díaz (Poncho Zuleta, pero el de Los Zuleta, con su hermano Emiliano) y Alberto Luis Zabaleta Celedón (Beto Zabaleta, pero el de Los Betos, con Beto Villa). También estaba Rafael José Orozco Maestre (Rafael Orozco, el del Binomio de Oro, con Israel Romero, el Pollo Isra), pero hoy confieso (bastante ruborizado, por cierto) que en mi adolescencia no me gustaba su estilo; “yo quiero escuchar vallenatos, no baladas, ni rancheras”, solía decirles a mis amigos binomistas. He dicho que Rafael Orozco fue el iniciador de lo que se conoció después como la Nueva Ola del vallenato, pero lo cierto es que hoy prefiero, de lejos, la música del Binomio de Oro a la de los nuevos intérpretes de este folclor.

1 feb 2021

La noche de carnaval en que Ana del Castillo me convenció

 Por John Acosta @Joacoro

El presentador del evento la anunció esa noche. Y hubo una ovación general. “Ya verás, que va a salir en brasieres y en hilo dental”, me dijo el sobrino político mío, que tenía al lado. “Y borracha”, remató la novia de él. Yo, en verdad, no conocía a la artista anunciada. Y vine a saber de su existencia porque se había referido en términos desobligantes a un colega suyo porque él no la había invitado a subir a la tarima en su momento; entonces, ella, enceguecida por la ira y levitando por el alcohol, grabó un video en donde desahogó su enojo con palabras de alto calibre hacia su colega cantante y lo subió en una de sus redes sociales. Todo el mundo recuerda a la “Caterpillar de mierda” que le mandó a comer a su par. Nunca antes había visto que la Fundación del Festival de la Leyenda Vallenata emitiera un comunicado de prensa para amonestar a un exponente de este folclor, como le tocó hacerlo con la joven artista, cuya presentación anunciaron esa noche de carnaval.

27 sept 2020

Más de 40 años después de un desprecio amoroso en La Junta, inmortalizado en una canción

 

Juan Manuel Charro Gutiérrez compositor vallenato

Por John Acosta @Joacoro

Juan Manuel Charro Gutiérrez llegó ese medio día a su casa, después de una mañana de trabajo duro en Los Conejos, la tierrita de su familia (como él mismo la llama). Había peleado sol a sol y a machete limpio contra el monte obstinado. Estaba sudado, tostado por los rayos solares, con los brazos arañados por las espinas de los bruscos. Y se encontró con la sorpresa de que unos estudiantes de la Escuela Normal Superior de San Juan del Cesar lo estaban esperando para llevárselo a que les cantara la canción de moda en esos momentos, compuesta por el mismo Charro y que le había grabado su paisano Diomedes Díaz con Náfer Durán en 1976: el merengue Muebles viejos. Era tal el afán de los jóvenes estudiantes, que Charro Gutiérrez no tuvo más remedio que irse así como estaba: sucio y andrajoso. Cuando llegaron caminando a la casa de La Junta, donde estaban bajados los muchachos, se halló con que había un conjunto vallenato esperándolo: caja, guacharaca y acordeón. Solo faltaba él, el cantante. Y les cantó su merengue. Solo hasta ese día se supo en el pueblo cuál era la dama que había despreciado al compositor humillado y, con esa actitud altiva, había inspirado esa canción.