![]() |
¿La facilita, realmente? |
Por John Acosta
El policía
tomó los papeles que me pidió y se fue para detrás de mi automóvil. Pensé que
es la misma actitud que toman siempre para obligar a que uno se baje, llegue
hasta donde están y les ofrezca “la liga”,
que es la forma elegante como llaman al soborno. Jamás he sido partidario de
semejante acto de corrupción. De modo que me quedé dentro del vehículo. A través del retrovisor, lo vi acercarse de
nuevo. Venía erguido, con la actitud desafiante de quien sabe que tiene en sus manos la sentencia
condenatoria. “Este vehículo queda detenido porque tiene una orden de secuestro”,
me espetó sin dilaciones. “¡¿Sííí?!”, pregunté aturdido todavía por la sorpresa.
Entonces, me mostró la orden, que leí desde sus manos: solo vi Bancoomeva y
secuestro, ambas en mayúscula sostenida. Hacía más unos dos meses había saldado toda
la deuda que yo tenía con esa entidad, pero no me iba a poner a discutir eso
con un policía, que, se suponía, ejecutaba una orden judicial. “Bueno, mi
hermano, tómelo, el carro es suyo”, le dije impotente. “No, tiene que
conducirlo hasta un parqueadero que tenemos. Yo me subo a su lado y usted sigue
a mi compañero de la moto”, me contestó el agente.