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La vieja Elvira Maestre, madre del Cacique de La Junta

Elvira Maestre con la comunicadora y periodista  Belinda García
Por John Acosta

Acabo de ver la entrevista que mi amiga Belinda García le hizo para el programa Encuentros y, viéndola ahí, con su vestido de luto (esas figuras negras predominando sobre el fondo blanco), no pude evitar remontarme a la niñez feliz en los parajes áridos en verano y verde intenso en invierno, allá, entre Carrizal y La Junta. Es que la vieja Elvira Maestre de Díaz, la madre de Diomedes Dionisio Díaz Maestre, se parece a la vieja Aba, mi abuela. En realidad, todas las viejas de La Junta se parecen, no solo en lo físico, sino también en la verraquera con que enfrentan el mundo para sacar a pulso un hogar cargado de hijos y, después, de nietos, que los hijos le confían para que ellas se los críen. (Haga click aquí para ver esta entrevista)

Esta casa fue construida en Carrizal para simular la real en donde vivió
 Elvira Maestre con su familia y que fue tumbada por Diomedes Díaz
para hacer la casa de dos planta actual
Al verla ahí al lado de Belinda, con su cabello corto y blanco (“al natural”, le dijo a la entrevistadora), con sus manos surcadas por venas caudalosas y su rostro de anciana satisfecha, la veo levantándose de madrugada, bien temprano, en Carrizal, la parcela de la familia, junto con Rafael, su marido. En medio de su resignación de mujer hacendosa, barre la ceniza del fogón con su escoba de mano, hecha por ella misma con las matas silvestres que cortó en el potrero, prende las astillas de leña y pone a hacer el café en la pequeña olla ahumada que le trajo su marido de La Junta hace muchos años. Mientras el tinto hierve, ella muele el maíz, que Diomedes Díaz y sus hermanos desgranaron y pilaron la tarde anterior y que ella cocinó en la noche, después de servir la cena. En medio del silencio, lo único que se escucha en la cocina de bahareque es el crepitar alegre de las llamas y el bramido de un ternero desesperado, que quiere salir primero que los otros a beber la leche de la madre de la que lo apartaron Diomedes Díaz y sus hermanos a las tres en punto de la tarde de ayer.

Un aspecto de la nueva casa que construyó Diomedes Díaz en Carrizal
Apenas el tinto estuvo listo, ella lo sirve humeante en las totumitas que sirven de pocillo y lo lleva hasta el corral, donde su marido y sus hijos ya habían sido extasiados por el olor del café recién hecho que venía de la cocina, mientras ordeñaban las vacas. Elvira Maestre abre la puerta del gallinero, le echa maíz a las gallinas, que lo picotean en un santiamén y se pierden monte adentro a tratar de buscar entre la grama el sustento que les terminará de llenar el buche insatisfecho.

Ella regresa a la cocina a amasar las arepas con queso para el desayuno, que comerán con huevo revuelto y las pondrán a rodar con café de leche. Cuando la claridad empieza a despuntar en el horizonte, Elvira Maestre barre el patio, mientras las hijas lavan los chismes del desayuno, los hijos sueltan el ganado para que vaya a pastar en el potrero, buscan el burro, en donde el muchacho Diomedes Díaz debe llevar el queso de ayer, la yuca y la leche para que sean vendidos en la tienda de Alicia Solano, la que algunos años después sería su suegra.

La famosa ventana marroncita que inmortalizó Diomedes Díaz
Ya desayunado, Rafael Díaz hace el queso para vender mañana en La Junta y Elvira Maestre le da las primeras puntadas del día a la mochila de fique que empezó a tejer ayer. Su marido se va con los otros hijos a revisar la cerca y ella baja al río, con la ponchera de ropa sucia incrustada en su vientre a lavar antes de poner hacer el almuerzo. En la tarde, Diomedes Díaz y sus hermanos  salen a apartar los terneros y a encerrarlos para que no se mamen en la noche, desgranan y pilan el maíz que Elvira Maestre cocinará esa noche para molerlo mañana en la madrugada. Mientras se cocina la yuca de la cena, que será acompaña de un pedazo de queso fresco y bajada con café de leche, Elvira Maestre termina de darle las últimas puntadas a la mochila, que también fue adelantada al medio día.

La vieja Elvira teje el plato de una futura mochila,
en el corredor de su casa, en Valledupar
El hábito de tejer mochila la ha acompañado siempre. Incluso, cuando se fue a vivir a La Junta porque los hijos debían hacer sus estudios primarios (Haga click aquí para leer una crónica sobre la vida del joven Diomedes en La Junta). Y cuando ya su hijo Diomedes Díaz se hizo famoso con su canto, se la llevó a vivir a Valledupar. Tampoco dejó de tejer sus mochilas en la capital del Cesar.

Diomedes Díaz no es el único poeta y cantante de la estirpe. Elverth Díaz, su hermano, ya grabó varios trabajos musicales y las canciones de su autoría han sido interpretadas por varios conjuntos vallenatos. Precisamente, el día que Belinda García entrevistó a la vieja Elvira Maestre, Elverth le cantó una estrofa a su mamá. No hay que olvidar que Martín Maestre, hermano de la vieja Elvira, interpretaba el acordeón de forma magistral: fue él quien le inculcó al joven Diomedes la pasión por la música (Haga click aquí para leer una crónica sobre los comienzos de Diomedes como cantante, en La Junta).


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