Las cinco mujeres abrazaban orgullosa el ramo de rosas naturales de distintos colores que acunaba cada una en su pecho. Eran pasadas las 8:00 de la mañana y, sin embargo, el sol de esa hora, que ya empezaba a calentar, aún no había hecho mella en las hermosas flores. Ellas no iban juntas, aunque, seguramente, eran amigas. Lo que sí era seguro es que vivían en el mismo barrio, a juzgar por la pinta de recién levantadas que llevaban encima. O, por lo menos, de levantar hace rato a las carreras para no llegar tarde al evento de donde regresaban. Curiosamente, iban dos en una acera y las otras tres en la otra. “Ajo, te trajiste las flores de la virgen”, le dijo el periodista a la más atrasada. “Nombe, si allá todavía quedan bastantes”, le respondió ella, mientras recogía las hebras sueltas de su cabello sin peinar. El reportero debió bajarse tres cuadras antes del automóvil que lo llevó porque el sitio estaba lleno de vehículos de las personas que habían acudido a la inauguración. Mientras se acercaba al boulevard recién remodelado, se tropezaba con habitantes del sector que, como las cinco mujeres, regresaban a sus casas.
