Por John Acosta
Desde que en mi pubertad empecé a escribir, nunca titulaba mis textos al principio: me decía que no podía estar sometido a la dictadura del nombre y lo rotulaba después de que volcaba sobre la hoja en blanco todo mi sentimiento razonado. Sólo hasta hoy, casi medio siglo después es que lo hago; nunca como antes había estado tan seguro de lo que voy a escribir, Y lo primero que hice fue ponerle el título por primera vez en mis 60 años de existencia. La razón es sencilla: la izquierda de este país nunca le perdonará a Álvaro Uribe Vélez el que haya tenido el coraje de enfrentar tan duro a la otrora poderosa y envalentonada Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y les haya dado tan duro que las obligó a desmovilizarse mediante un proceso de paz.
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Y los colombianos que padecimos los horrores de esta irracional guerrilla (entregada por completo a los designios del irracional guerrerista Mono Jojoy, su flamante jefe militar), que veíamos cómo nuestro país se había convertido en un paria internacional porque el mundo nos veía como el país fallido que sucumbió ante la arremetida de un grupo armado ilegal que había basado su crecimiento y poderío en el, hasta entonces, creciente negocio del narcotráfico. Y con el poder de sus caletas sembradas con sacos de dólares permearon todas las esferas de la sociedad colombiana con la premisa de que el que no aceptara sus generosos sobornos caía impactado por los proyectiles de sus sostificadas armas.