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29 jul 2025

Ahora el uribismo se hace más fuerte que nunca

Alias Timochenko, que no pagó ni un día de cárcel
por los crímenes de lesa humanidad que cometió
el grupo terrosita que él lideró en los últimos años
y que, por el contrario, tuvo una curul en el Senado
de la República, se refirió así a la condena del
hombre que venció a su guerrilla hasta oblgarla
a desmovilizarse


Por John Acosta

Desde que en mi pubertad empecé a escribir, nunca titulaba mis textos al principio: me decía que no podía estar sometido a la dictadura del nombre y lo rotulaba después de que volcaba sobre la hoja en blanco todo mi sentimiento razonado. Sólo hasta hoy, casi medio siglo después es que lo hago; nunca como antes había estado tan seguro de lo que voy a escribir, Y lo primero que hice fue ponerle el título por primera vez en mis 60 años de existencia. La razón es sencilla: la izquierda de este país nunca le perdonará a Álvaro Uribe Vélez el que haya tenido el coraje de enfrentar tan duro a la otrora poderosa y envalentonada Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y les haya dado tan duro que las obligó a desmovilizarse mediante un proceso de paz. 

Y los colombianos que padecimos los horrores de esta irracional guerrilla (entregada por completo a los designios del irracional guerrerista Mono Jojoy, su flamante jefe militar), que veíamos cómo nuestro país se había convertido en un paria internacional porque el mundo nos veía como el país fallido que sucumbió ante la arremetida de un grupo armado ilegal que había basado su crecimiento y poderío en el, hasta entonces, creciente negocio del narcotráfico. Y con el poder de sus caletas sembradas con sacos de dólares permearon todas las esferas de la sociedad colombiana con la premisa de que el que no aceptara sus generosos sobornos caía impactado por los proyectiles de sus sostificadas armas.

4 jun 2024

¿Adónde entierran a los pobres en Valledupar?

 

Por John Acosta

“Oye, viejo, yo te voy a atracar”, le dijo el joven, que apenas si había visto de sopetón, entre el claro y oscuro de las 5:30 de la madrugada de aquel 7 de septiembre de 2016. Pensó que era un amigo que le mamaba gallo y se regresó a saludarlo; entonces, el joven sacó el revólver que tenía entre el tanque de gasolina de su moto y su entrepierna. El electricista Héctor Hernández estaba sobre el alto andén , de manera que el disparo le entró por la ingle derecha y le salió por el omóplato: en ese recorrido fatal por su organismo, la bala le comprometió el hígado, el riñón y el pulmón. Duró 47 días entubado, pero el estar al borde de la muerte le hizo tomar conciencia de que si se hubiera ido de este mundo, no hubiesen tenido para darle una cristiana sepultura, pues Valledupar no tiene cementerio público.

Obviamente, eso no fue lo que pensó esa mañanita, cuando fue cayendo lentamente sobre la llanta delantera de la moto de su verdugo. “¿Cómo me matas, si puedo ser tu abuelo?”, alcanzó a increpar al atracador. Héctor Hernández alcanzó a ver dos chicas asomadas en la ventana del frente y gritó: “¡Auxilio!”; entonces, el joven alzó el arma y se echó hacia atrás. Héctor aprovechó ese descuido para clavarle las uñas y le mordió el brazo armado. Sorprendido por la inesperada reacción del casi moribundo viejo y, además, abatido un poco por el dolor del ataque sorpresa, el muchacho soltó el arma. El herido sacó sus últimas fuerzas, tomó el revólver e hizo dos disparos que pegaron en el marco donde estaba el par de jovencitas: se salvaron de milagro. Hizo tres tiros más: pegaron en la pierna derecha, en la izquierda y en una nalga del delincuente, que salió corriendo para caer más adelante. Era la primera vez que Héctor disparaba en su vida.

8 abr 2021

Los 208 años de Barranquilla, en medio del Covid 19

 

Por Valentina Utria, estudiante de comunicación social-periodismo en Uniautónoma del Caribe

En el cumpleaños de Barranquilla, qué mejor regalo que la torta de la responsabilidad en para repartirle un pedazo a cada quien, un gran pedazo para los ciudadanos, otro para las autoridades y el más grande para los médicos, que llevan el peso con más de 52.000 profesionales de la salud contagiados de covid-19 en lo que va corrido de la pandemia en el país. 

El pasado 7 de abril, se conmemoró el cumpleaños número 208 de la gran arenosa, que hace más de 10 años ha tenido un desarrollo para toda Colombia, pero hoy no es un día para celebrar sino para despertar. Las cifras son claras, los clamores de los médicos siguen sin ser escuchados, cuando piden que decreten alerta roja en Barranquilla, pues las UCI están que colapsan y las muertes, ni se diga. 

5 abr 2021

Parranda Santa murió y Semana Santa renació, gracias al Covid 19

 

Tomada de eltiempo.com
Por John Acosta         

Si uno tiraba una piedra, le caía a Jesucristo; y, entonces, venía el remordimiento de la inocencia infantil. Si uno se orinaba dentro del río, mientras se hundía deliciosamente en las aguas del río Santo Tomás, orinaba a Jesucristo; y, en ese momento, debía uno salir corriendo, titiritando del frío, a orinar al lado de las piedras inmensas por entre las cuales se deslizaba la corriente. Y eso, tenía uno que no demorar disfrutando de la sabrosura de esas aguas porque, si no, podría uno terminar convertido en pescado. Y así, le fastidiaban los adultos a uno, de niño, la Semana Santa en La Junta, el pueblo del alma. Lo único reconfortante de esos días piadosos era la sopa de fríjol dulce, que solo se tomaba por la época en que crucificaban a Nuestro Señor. Ahhh, eso, y la llegada al pueblo del primerío porque las tías venían de Codazzi, con sus hijos, a visitar a su mamá, mi abuela. No retengo en mi memoria borrachera alguna de mis tíos o demás adultos por esa semana. Otra cosa buena, era la llegada de los seminaristas, que se bajaban en la casa de la señora Amira Cuello, comadre de mi abuela y esposa del doctor Hugues Manuel Lacouture. Ellos nos enseñaban una serie de juegos, que nos hacían las noches felices.

28 feb 2021

Se fue Jorge Oñate: solo nos quedan Poncho Zuleta y Beto Zabaleta

 

De izquierda a derecha: Beto Zabaleta, Jorge Oñate,
Rafael Orozco y Diomedes Díaz
Por John Acosta

Siempre tuve en claro una cosa: las voces nítidas del vallenato eran las de Jorge Oñate y Silvio Brito. Hoy se acaba de apagar la primera. Y, desde muy joven, afirmé con vehemencia que, en esa feliz época de enamorador sin escrúpulos, solo habían cuatro grandes representantes del folklor: Diomedes Dionisio Díaz Maestre (Diomedes Díaz, a secas), Jorge Antonio Oñate González (Jorge Oñate, sin más allá y sin más acá), Tomás Alfonso Zuleta Díaz (Poncho Zuleta, pero el de Los Zuleta, con su hermano Emiliano) y Alberto Luis Zabaleta Celedón (Beto Zabaleta, pero el de Los Betos, con Beto Villa). También estaba Rafael José Orozco Maestre (Rafael Orozco, el del Binomio de Oro, con Israel Romero, el Pollo Isra), pero hoy confieso (bastante ruborizado, por cierto) que en mi adolescencia no me gustaba su estilo; “yo quiero escuchar vallenatos, no baladas, ni rancheras”, solía decirles a mis amigos binomistas. He dicho que Rafael Orozco fue el iniciador de lo que se conoció después como la Nueva Ola del vallenato, pero lo cierto es que hoy prefiero, de lejos, la música del Binomio de Oro a la de los nuevos intérpretes de este folclor.

26 ene 2021

Holmes y Gómez: dos muertes contradictorias que propician la unidad nacional

Carlos Holmes Trujillo (qepd), ministro de Defensa, y
Julio Roberto Gómez (qepd), presidente de la CGT
Por John Acosta @Joacoro

El profundo dolor que genera en familiares, amigos y simpatizantes la partida para siempre de dos líderes nacionales (antagonistas ideológicos, por demás), solo es subsanado un poco con la insondable satisfacción que le deja al alma y al espíritu leer los mensajes de solidaridad de los otros líderes nacionales, contradictores de los fallecidos. Y es que Carlos Holmes Trujillo, ministro de Defensa Nacional, y Julio Roberto Gómez, presidente de la Central General de Trabajadores, desde orillas distintas, sirvieron mucho al país, mientras defendían sus profundas convicciones. Hoy, murieron padeciendo el mismo mal: el Covid 19. Y esas dos muertes lamentables, ha generado unas reacciones benévolas; incluso, hasta de sus propios oponentes; han propiciado un principio de unidad, al menos, alrededor de cómo enfrentar a esta terrible epidemia. Ojalá esta iniciativa espontánea, surgida del dolor y la impotencia, pero fabulosa, no sea flor de un día; es decir, no muera el mismo día en que nació.

11 dic 2020

La vida y el derecho a la vida

En el Día Internacional de los Derechos Humanos, y a propósito del aborto y la eutanasia, que hoy pretenden ser "derechos"


Por: Alvaro Lastra Jiménez. 
Profesor Titular de Derecho Constitucional. Universidad del Atlántico.

10 de diciembre, día de los derechos humanos, en un mundo que cada vez más percibimos está al revés, donde se habla, incluso, del derecho al aborto, y ahora del derecho a la eutanasia, conviene reflexionar, aunque sea brevemente, sobre el tema.

El derecho a la vida existe, pero la vida -como tal- no es un derecho, es un don, de Dios o de la naturaleza, pero no es "derecho" stricto sensu, porque no se puede -desde la nada- exigir "el venir a la vida".

16 ago 2020

¿Las Farc encarcelan a expresidente que las combatió?

 

Por John Acosta

La izquierda nunca pudo perdonarle a Álvaro Uribe Vélez el que él le haya dado tan duro a las Farc, que se vieron obligadas a negociar la paz y a desmovilizarse; sobre todo, porque esta guerrilla, con el dinero del narcotráfico, de la extorsión y el secuestro, se había vuelto una poderosa fuerza de insurgencia: ya había escalado de la guerra de guerrilla (en donde pequeños y móviles grupos de combatientes atacan de forma imprecisa y a escondidas al Ejército, sin confrontarlo directamente, para debilitarlo en una guerra de desgaste) a la guerra de posiciones, con capacidad de movilizar grandes tropas para un ataque sostenido con el enemigo; es decir, las Farc estaban ganando la guerra al estado colombiano. Hasta que Álvaro Uribe Vélez asumió la Presidencia de la República.

17 ago 2018

¿Razón u oportunismo?: consecuencias del conflicto colombiano



Primeros capos. Arriba: Pablo Escobar Gaviria, los hermanos Gilberto y
Miguel Rodríguez Orejuela. Abajo: Gonzalo Rodríguez Gacha y
 Carlos Lehder Rivas
Por Keller Maideth Gámez Pérez

Los colombianos son narcotraficantes y consumidores de profesión. No existe ninguna variación en la caracterización de sus habitantes, quienes nadan en el mar de la compra, venta y consumo de drogas.

Así nos han reconocido durante mucho tiempo. Este estereotipo le ha dado la vuelta al mundo, y no precisamente en ochenta días, pues nuestros buenos amigos, los otros países, nos ayudaron a construir nuestra propia cruz, pero, ¡OJO!, no a cargarla.

Nuestro país se encuentra en discordia por la fricción de los ideales, acompañado de una disputa por el poder absoluto, disfrazado de buenas obras; la avaricia se impregna en los líderes, y en los que no, les llega un boleto de avión directo a un descanso eterno y la política se asocia con el enriquecimiento ilícito; mientras los demás aprovechan esto para hacer su jugada.

30 sept 2016

¿El perdón social a las Farc sustituye su culpabilidad jurídica?

El perdón en Cartagena, Bojayá y La Chinita
Por John Acosta

Debo confesar que me sorprendió gratamente el máximo líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), cuando en su discurso de firma de los acuerdos en Cartagena ofreció perdón a las víctimas de las acciones violentas de esta guerrilla cincuentenaria. Durante el proceso de diálogo en La Habana, los cabecillas de las Farc manifestaban siempre que ellos no tenían nada de qué arrepentirse y, por lo tanto, no ofrecerían perdón. A esto último es a lo que nos tenían acostumbrados la gente de Tirofijo, pues la dureza de este grupo armado fue lo que siempre afloró en los más de 50 años de vida revolucionaria. De manera que ver y escuchar esa tarde a Timochenko reconociendo sus errores y ofreciendo perdón por ellos es, por lo menos, refrescante para el alma. Vea aquí el perdón a Timochenko:

7 jun 2016

La Casa del Diablo en Ciénaga: miedos que se producen al desconocer la historia

Por Yurleidis Mendoza

No era una casa común; al menos, eso creía desde una perspectiva infantil. Creo que a todos los niños les aterraba la idea de pasar frente a ella cuando salían de clase e iban a sus casas caminando por toda la mitad de la carretera con un medio desorden que caracteriza a todos los estudiantes cienagueros.  Yo no me quedaba atrás: cuando salía de clase, inmediatamente salía corriendo hacia el portón, a esperar a mis compañeras para comprar mangos o raspados e irnos caminado burlándonos hasta de lo que no daba risa.

24 ago 2015

Fue el colegio de La Junta y no uno de Valledupar el que le otorgó el título de bachiller a Diomedes Díaz

El entonces rector del Colegio Huges Manuel Lacouture, de
La Junta, le otorga el título de bachiller Honoris Causa
 a Diomedes Díaz
Por John Acosta @Joacoro

Una vez terminé la primaria en La Junta, en 1977, me tocó abandonar al pueblo donde había pasado mi niñez y la primera parte de mi adolescencia porque todavía no habían construido el colegio de bachillerato. El viernes 18 de enero de 1980 fue inaugurada la institución de secundaria Hugues Manuel Lacouture. Y en 1986 salió la primera promoción de bachilleres, tres años después de que yo me recibí como bachiller en otro colegio de otra población. El viernes 3 de diciembre de 1993, el entonces rector de la nueva institución educativa, Denis Escrigas Bonilla, le entregó el diploma Honoris Causa a un hijo de La Junta, que se había vuelto famoso por componer e interpretar hermosas canciones del folclor vallenato. Diomedes Díaz Maestre recibió feliz ese grado del colegio Hugues Manuel Lacouture, de La Junta, pero en la novela de RCN sobre la vida y obra del cantante y compositor dijeron que el pergamino se lo entregó a El Cacique el Colegio Nacional Loperena en 1995. Lo cierto es que este canal televisivo no es lo único que ha tratado de opacar la iniciativa del colegio juntero.

22 jun 2015

El muelle de Puerto de Colombia, un moribundo sin doliente

Por John Acosta
La mojarra sudada no sabe igual si se come con papa cocida. Eso lo sabe muy bien la señora Miriam Fonseca: “Eso no pega”, dice, pero, de todas formas, se retira de la mesa con el pedido extraño del cliente. Ella tiene más de 60 años de estar atendiendo turistas en el mismo restaurante de tablas de Puerto Colombia. Lo que pasa es que ese día no había yuca y el cliente no podía comer fritos. Ella no tuvo otra alternativa: le trajo el pescado guisado con sus trozos de papas al vapor. Sin embargo, eso era lo que menos le preocupaba. El gran problema es la merma considerable de visitantes que llegan al sitio. Casi nadie quiere ir a ver morir el agonizante muelle de Puerto Colombia.

24 may 2015

El error del Junior como enseñanza al gobierno de Santos: no entregar en el escritorio lo ganado en el campo de confrontación

Arriba: Alexis Mendoza y el presidente Juan Manuel Santos.
Abajo: Timochenko y Leonel Álvarez
Por John Acosta

Alexis Mendoza, director técnico del Júnior, estaba desesperado porque en el segundo tiempo del partido, su equipo perdía frente al visitante. Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, está afanado porque, en su segundo período presidencial, lo único importante que tiene para mostrarle al pueblo colombiano es un largo proceso de paz con las Farc, cuando él mismo había prometido que la paz vendría en “cuestión de meses”. Leonel Álvarez, entrenador del Deportivo Independiente Medellín, no tiene afán porque el tiempo juega a su favor en el terreno de juego. Timochenko, el líder máximo de las Farc, está acostumbrado a dilatar cuanto diálogo de paz se ha atravesado en el historial delictivo de este movimiento guerrillero, pues, para su gente, el transcurrir de los años no cuenta para nada. La impaciencia llevó a Alexis Mendoza a cometer el error que le entregó, en el escritorio, a Leonel Álvarez lo que el Junior había logrado en la cancha de juego. El ansia ha conducido a Juan Manuel Santos a darle unos contentillos a Timochenko, que las Farc no han podido ganar en el campo de batalla (y, lo que es peor: sin haber firmado todavía la paz).

15 abr 2015

¿Cómo se sorprenden con los 11 militares asesinados, por Dios?: ¡si las Farc siempre han sido mentirosas!

Por John Acosta

Cuando se ve al fundamentalismo pacifista de este país rasgándose las vestiduras por los más recientes 11 soldados colombianos masacrados vilmente por las Farc en zona rural del Cauca, no puede uno evitar sentir un dejo de amargura en el alma: cada vez que alguien ha destacado un error del proceso de paz, ese dogmatismo pacífico corre a señalarlo a uno de guerrerista, pues la característica principal de quienes militan  en ese fanatismo pacifista es no aceptar críticas. Y el traspié más grande de estos ortodoxos de la paz es creer que las Farc, como por arte de magia, dejaron de ser mentirosas de la noche a la mañana. Los 11 integrantes de la fuerza pública asesinados no han sido los primeros desde que esta guerrilla declaró el cese unilateral de hostilidades. Siento importunar, una vez más, la religiosidad rígida de quienes se han autoproclamado como los únicos depositarios de la paz de esta nación: los 11 militares  liquidados tampoco serán los últimos en este remedo de tregua guerrillera. Duele profundamente las vidas que acaban de apagarse ante la barbarie de estos genocidas. También siente uno lástima por la candidez de los inocentes fundamentalistas pacíficos.

20 feb 2015

Yo también soy culpable por la muerte de los tres niños en Palmar de Varela

Por John Acosta

Se me parte el alma al solo pensar el horror que debieron sentir los dos hermanitos cuando vieron que su propia madre estaba asesinando a su tercer hermanito. Más terror debió sentir el último en morir, no solo al presenciar lo que le acababan de hacer a sus dos familiares cercanos, sino, también,  al tener la certeza de que pronto él correría igual suerte. Me erizo tratando de imaginarme el sentimiento de desasosiego que les invadió a cada uno de ellos en el último instante en que la vida se les apagaba violentamente: leí un twitter de un amigo en donde comentaba que la primera mirada con que se encontraron al nacer fue la última que miraron al morir, la del ser que les dio la vida y que ahora se las quitó con brusquedad ¿inusitada?

28 nov 2014

Farc, 32 años de diálogo con el Estado colombiano, de los cuales cinco son con el gobierno de Santos

En Casa Verde, en los tiempos del proceso con Betancur
Por John Acosta

El Estado colombiano lleva 32 años de conversaciones con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) para tratar de buscar una solución política al conflicto armado interno que desangra a nuestra nación desde hace más de 50 años. Y en ese período, el pueblo ha sufrido una serie de decepciones, en relación con su esperanza de vivir en paz, que lo han llevado a desconfiar, cada vez más, en el largo proceso de exploración para alcanzar la convivencia armoniosa. El asunto ahora no es buscar culpables por las distintas interrupciones de los diálogos, sino el de allanar el camino para recuperar y afianzar la confianza entre las partes (Estado y Farc) y, sobre todo, del pueblo en la determinación justificada de respetar las diferencias.

18 nov 2014

Las personas que las Farc asesinaron en La Junta, sí tienen dolientes

La iglesia de La Junta. Tomada del blogvallenato.com
Por John Acosta

Era la primera vez que me atrevía a hablar con mi primo sobre la muerte de su hijo, asesinado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc, hace 13 años. Yo había llegado el pasado 14 de junio, un día antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia, a su parcela, ubicada monte arriba, a unos 10 minutos en moto de la población de La Junta, por un camino serpenteante y pedregoso. Llegué a pie a pedirle auxilio porque el automóvil, que tuve la brutalidad de meter por esos vericuetos, había sucumbido ante el golpe imprevisto de una piedra que rompió el almacenamiento de aceite. El primo José Ángel Hinojosa me socorrió esa tarde y me prometí a mí mismo regresar a hacerle una visita. Me cumplí ese compromiso moral el 11 de octubre siguiente. Y, entonces, me contó detalles de lo que las Farc le habían hecho a su hijo.

30 sept 2014

Editorial Uniautónoma publicó dos nuevos libros del autor de este blog

Por John Acosta

La refundación de la Universidad Autónoma del Caribe marcha a todo vapor. En el vergonzoso pasado inmediato que precedió a la hoy orgullosa nueva universidad (nunca es más oscura la noche como cuando está por despuntar la claridad del alba), la publicación de un libro era un camino tortuoso en el que el autor claudicaba en el intento. Los rodeos iniciaban con lo más sencillo del proceso: el registro de la obra ante la Cámara Colombiana del Libro, pues nunca habían los míseros 70 mil pesos que costaba el ISBN, que es como la cédula de ciudadanía del texto. El descaro de la miserable actitud llegaba cuando el escritor debía sacar de su bolsillo el dinero para obtener  el bendito reconocimiento de su creación, indispensable para la publicación de su trabajo. Une vez registrada la obra, el autor debía esperar a que su libro despertara del interminable letargo a que lo sometían porque en la litografía de la institución no había ni papel ni tinta para el tiraje. Dos o tres años después de que la suela del segundo par de zapatos del insistente creador se desgastara de tanto ir a los talleres de publicación a averiguar por el estado del proceso, le salían con un deshilachado pañito de agua tibia para que calmara un poco la fiebre de publicar: le entregaban los tres (a lo sumo, cinco) únicos ejemplares que pudieron parapetar.

18 ago 2014

Las víctimas de las masacres de las Farc en Casacará, Cesar, no se sienten representadas en La Habana

Parque actual de Casacará. Foto de Luis López
Por John Acosta

Jorge Luis Aguilera sintió los toques violentos de la puerta y supuso que su amigo Martín Buelvas había llegado otra vez borracho a la casa. Le pareció extraño, sin embargo, que el hombre tomara alcohol iniciando la semana apenas, pues era martes en la noche. Al escuchar la insistencia de los golpes en la casa del frente, Jorge Luis interrumpió su novela favorita y fue a asomarse por el vidrio que tenía la entrada de su casa. Un enorme escalofrío le recorrió por varios segundos su espina dorsal: no era su amigo, sino varios hombres uniformados y armados los que tocaban impertinentemente en la vivienda de Martín. Su miedo inicial se le convirtió en pesadilla cuando vio que dos mujeres armadas con fusiles cruzaban la carretera corriendo rumbo a su morada. Pensó que lo habían pillado husmeando, a pesar de tener la luz de la sala apagada,  e iban por él: se quedó en posición de firme, de espaladas a la pared y con los ojos cerrados, orándole a su Dios para que lo salvara de lo que viniera. Sintió la respiración agitada de las dos mujeres en la terraza, que se mezclaba con el silbido del aerosol con que ellas pintaban la pared. No supo cuánto duró petrificado ahí, pero solo pudo salir de su estupor cuando los tiros de fusil vulneraron con horror la virginidad de esa noche. Esperó unos minutos hasta que sintió voces conocidas afuera y salió a la calle. Entonces, pudo cuantificar el saldo de aquella incursión de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) en la población de Casacará, en el departamento del Cesar.