Conferencia en Uniautónoma: Uniatlántico como sujeto colectivo de reparación

Remberto De La Hoz y Julián Martínez durante la charla con estudiantes de
la Universidad Autónoma del Caribe
EL DOLOR DE LA HISTORIA QUE AÚN NOS PERSIGUE. SUCESO Y PROCESO DE RESTAURACIÓN DE LAS VÍCTIMAS DE LA UA

Por: María Fernanda Bohórquez, William David Borja y Marianela Méndez, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Autónoma del Caribe

Fotos: Martha Romero, docente investigadora de la Universidad Autónoma del Caribe

El pasado miércoles, 27 de septiembre de 2017, se llevó a cabo, en el quinto piso del edificio de posgrado de la Universidad Autónoma del Caribe, dos conferencias sobre la promulgación de la Universidad de Atlántico (UA) como sujeto colectivo de reparación de víctimas. Este proceso realizado ante estudiantes y profesores y fue liderado por dos personas idóneas y expertos en el tema. Remberto De La Hoz, vicerrector de Bienestar Universitario de UA, y Julián Martínez, funcionario del comité de reparación total e integral de las víctimas. Ambos vinieron a hablarnos sobre la conciencia social, consecuencia colectiva que afectó gravemente a la comunidad de la Universidad del Atlántico y qué hacer para no repetir la historia o esta vez estar preparados.

Los estudiantes del curso Sociedad y Cultura para la Paz, de la Universidad
Autónoma del Caribe, escucharon los planteamientos de los ponentes

En la proclamación de la UA como sujeto colectivo de reparación, funcionarios de la entidad académica y de la Unidad de Víctimas dejaron claro la importancia de replantear los escenarios académicos, pues en ello consiste empezar a evitar un desangre mayor al vivido. Desde la Unidad de Víctimas, se plantea no cometer los mismos errores del pasado, los cuales apagaron las luces de profesores y sindicalistas que fueron asesinados y obligados a desplazarse por denunciar la corrupción que se fraguó entre políticos, directivos y paramilitares.

Violencia en UniAtlántico

 Hoy, solo cuando algunos intelectuales logran reflexionar sobre los horrores del conflicto, encontramos que el error principal, que sirvió como fogonero para avivar las llamas de la revolución, fue no haber visto la educación y la academia como un ente solucionador del enfrentamiento.

Durante los más de 50 años en los que Colombia ha estado enmarcada por la violencia, se han provocado grandes secuelas en todos los sistemas que conforman la sociedad. La economía, la política, la cultura e, incluso, la misma educación, pilar fundamental de desarrollo del país, han sido escenarios de atentados, amenazas, desplazamientos forzados y muchos otros actos que han fraccionado y acabado vidas de personas inocentes.

A finales de los 90, la Universidad del Atlántico fue sujeto de acciones que vulneraron los derechos de la comunidad universitaria. Con la concurrencia de varios sucesos violentos, se afectó directamente las distintas interacciones que se daban al interior de esta, dejando como resultado la desastrosa cifra de 47 homicidios.


Remberto de la Hoz, ingeniero industrial con formación en relaciones internacionales y estudios políticos, comentó durante la conferencia cómo fue el proceso de victimización, reparación y garantía de no reparación que ha tenido que pasar la UA después de haber sido golpeada por la violencia.


Por ser una comunidad universitaria, este organismo educativo se convirtió en víctima y sujeto de reparación colectiva, lo que significó ser remediada en un contexto general y no individual, pues lo sucedido no solo afectaba a las familias de los individuos muertos sino también a la construcción de confianza y seguridad al interior de la alma mater.

En 2001 se creó la oficina de derechos humanos que tenía como función asesorar y acompañar al rector en la prevención, promoción y protección de los derechos humanos en la universidad. Además de proponer las acciones en defensa de los DDHH, debía promover la coordinación y articulación para la ejecución de acciones que incitaran al cumplimiento de los mismos. Lo que a su vez, pudiese garantizar la no repetición de cualquier acto violento.

De esa forma, manteniendo la línea de los derechos humanos, se estableció un plan estratégico que consistió en 4 puntos: el derecho a la verdad por medio de la reconstrucción de la memoria histórica de la Universidad (procesos de investigación), la realización de grados póstumos a estudiantes víctimas relacionados en la sentencia de Justicia y Paz, el homenaje de conmemoración, actos simbólicos y culturales con respecto a los hechos acontecidos a través de la realización de la semana de la memoria y reconciliación; y, por último, la creación del comité de impulso para reparación de víctimas como sujeto colectivo, encargado de preparar en acompañamiento con otras instituciones (Defensoría, Distrito), un plan integral de reparación que ejecutara acciones con el objetivo de resarcir el daño.

Ahora bien, Julián Martínez, abogado y gerente territorial para casos de reparación colectiva en el Atlántico de la Unidad Nacional de Víctimas, se refirió al tema de la Universidad del Atlántico bajo la premisa de que la coordinación y ejecución de las medidas de reparación deben ir mucho más allá de solo la indemnización administrativa.

Para él, la reparación se convendría realizar en un contexto integral que cubra las necesidades indispensables de las víctimas como lo son, la construcción de la satisfacción, la rehabilitación física y personal, la restitución de derechos (como por ejemplo, la asociatividad), y obviamente, la garantía de no repetición. Con eso, concluye insistiendo en que lo sucedido en la UA, fue un hecho con el cual la academia en general fue atacada como consecuencia del mayor objetivo de la violencia: encontrar las diferencias sociales y ampliarlas a un punto máximo.

La UA, es el recuerdo inmediato que nos vuelve Víctimas como academia ante la violencia y pérdida de la razón. Y, aunque en la actualidad los centros de estudios no tengan claridad en el número exacto de las personas que sufrieron la guerra dentro de la institución, lo cierto es que la misma comunidad académica denunció 47 homicidios y 60 amenazas. Se cree que esta disparidad se debe a que muchos estudiantes decidieron salir del país sin poner denuncia alguna.

Entonces, se hace indispensable destacar el grandioso trabajo que ha realizado esta universidad de la región para recuperarse de las fracciones que le ha dejado la violencia del país. Es una institución que se centró en conocer, diseñar y ejecutar planes que le permitieran repararse en un sentido colectivo y que hoy en día, ha facilitado el trabajo que desde la academia promueven. Se han encargado de sembrar esperanza dentro de una sociedad cansada y agobiada por tanto dolor.

La Universidad del Atlántico construye paz porque es un ejemplo claro para que como sociedad empecemos a cerrarle los espacios a la violencia. Desde la academia, se hace una gran demostración de que, a pesar de todo el profundo daño que nos hemos hecho, aún somos capaces de sentarnos a dialogar, subsanar y reconstruir la civilización que queremos y necesitamos ser.

Si queremos un país en paz necesitamos mirar hacia nuestras universidades, colegios y demás entidades educativas, entendiendo que no hay desarrollo, ni paz estable y duradera, sin antes dotar a nuestras gentes de conocimiento técnico y de alta calidad, en donde comprendamos las diferencia y entendamos que importa también el ser antes del hacer. Solo así, nos convertiremos en el país que soñamos ser, un país en donde el sol y la educación salga para todos, antes de la noche y la tragedia.


Los más leídos en todo el tiempo

Bertha Mejía y “Lucía Arjona” sí son primas, pero en la vida real no fueron tan amigas como las muestra la novela Diomedes Díaz, el Cacique de La Junta

El Mono Arjona de la novela de Diomedes Díaz es la antítesis de El Negro Acosta de la vida real

Diomedes Díaz nunca se robó a “Lucía Arjona” de una supuesta boda que jamás existió en la realidad