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jueves, 21 de mayo de 2015

Diomedes Díaz, vicioso y mujeriego: la cara que sus fanáticos no quieren ver en la novela

Por John Acosta

Se me dio por preguntarle a la bombera que me atendió ese medio día en la estación de servicio de combustible si se estaba viendo la novela del Canal RCN sobre la vida de Diomedes Díaz. “Sí, pero me da mucha rabia lo que están dando últimamente sobre los malos pasos del Cacique”, me respondió, mientras cuadraba, en el surtidor electrónico, la cifra que le solicité. Metió la pistola dispensadora en la boca del tanque de gasolina del automóvil y se acercó hasta mí. “Ya uno sabe que él fue así, lo que tienen que hacer es dedicarle la novela a su vida musical”, remató. El diálogo imprevisto se desarrolló en Barranquilla, pero creo que reflejaba lo que piensan muchos televidentes sobre el rumbo que ha tomado la serie televisiva. En realidad, la posición no es unánime, pues hay otras personas que piensan que la programadora se ha quedado corta en tocar estos aspectos de la vida del fallecido cantautor de la música vallenata.


Por ejemplo, el asunto es motivo de discusión todas las noches, a la hora en que se trasmite la novela, en el grupo Junteros WhatsAppeando. Los paisanos de Diomedes Díaz opinamos en caliente, mientras miramos las escenas. Hay quienes piensan como la bombera de gasolina que me atendió ese inicio de tarde: algunos, incluso, han confesado que se han dejado de ver la novela en protesta por eso; desconozco las últimas cifras de rating de la exitosa novela como para saber si esos desertoresenfurecidos han hecho mella en el consolidado. Yo opino, por el contrario, que se debe ser fiel a los sucesos de la realidad: el gozar a plenitud con la música de Diomedes, como la gozo, no debe enceguecer para impedir ver la otra cara de la moneda, que también hizo parte de la azarosa existencia del ídolo musical.

Los cigarrillos que no eran

En una de esas discusiones, un juntero, compadre mío, trajo a colación una anécdota que le contaron hace años. “Nunca comprobé si era cierto o no, pero ahora que veo esas escenas en la novela, me acordé del cuento”, dijo mi compadre. La historia refiere que una vez llegó Diomedes Díaz a La Junta con un cartón de cigarrillos (12 paquetes de 20 cigarros cada uno) y le pidió a alguien que le sacara el tabaco a los emboquillados dizque para rellenarlos con narcóticos.
El Colacho de la novela y el real

Al leer el mensaje de mi compadre, no pude evitar recordar lo que una vez me contó un drogadicto en recuperación, de quien escribí un reportaje para la revista institucional donde trabajaba el hombre, que se había acogido al programa de alcohol y droga de la empresa. Entre las historias turbulentas de su triste vida de vicioso sin límites, el paciente, que vivía en Valledupar, me dijo que en varias oportunidades había ido a parar a la casa de Diomedes Díaz. “Eso era la locura total: hasta los baños los tapábamos con los baldados de tabaco de cigarrillos que tirábamos”, me dijo. Me pareció una mentira extraída de la alucinación de ex toxicómano: deseché esa información y no la usé en mi reportaje; sin embargo, me pareció mucha coincidencia con la historia que le contaron a mi compadre.

La hija de Luis Alfredo Sierra, uno de los grandes amigos de infancia y juventud de Diomedes Díaz, de los que saludó en todos los trabajos discográficos, dijo en el grupo que ella estaba sorprendida con esos cuentos y que le iba a preguntar a su padre sobre el asunto. Por supuesto, Luis Alfredo lo negó. Ella me dio el número telefónico de su papá. Lo acabo de llamar, antes de continuar con este escrito.

Los dos Juancho, el de la novela y el real
“Le aseguro que Diomedes nunca metió droga en público. Nosotros sabíamos que él tenía ese vicio porque éramos sus amigos, pero él se encerraba solo y lo hacía. Otra cosa que también es mentira en la novela es que Diomedes nunca se tomó un trago antes de terminar de grabar sus trabajos con Colacho Mendoza. Al contrario, el que tomaba era Colacho porque él era muy nervioso. Cuando ya terminaba de grabar todas sus canciones, ahí sí tomaba Diomedes. Eso fue cuando grababa con Colacho. Otra cosa diferente fue cuando volvió a grabar con Juancho Rois: ahí sí bebía, incluso, en plena grabación. Escríbalo así, con toda confianza, que se lo digo yo”, me dijo Luis Alfredo Sierra.

Lo que va de Gabo a Diomedes Díaz

Diomedes Díaz falleció el 22 de diciembre de 2013 y Gabriel García Márquez el 17 de abril de 2014. Un gran amigo mío dijo en un  discurso que los jóvenes debían decidir si seguían el ejemplo de Diomedes o el de Gabo. Después, ese amigo escribió lo mismo en un artículo que publicó en un periódico de circulación nacional. Me tocó escribirle al amigo. Le dije que hay, por supuesto, una diferencia enorme entre el cantante Diomedes Díaz y el escritor Gabriel García Márquez. El primero fue hijo de campesinos (sin ningún grado de estudios), criado en una parcela, monte adentro; el segundo fue hijo de un telegrafista (es decir, su padre tenía ya algún grado de estudio), criado por un abuelo coronel (con algún tipo de formación intelectual -por lo menos, política) en un municipio floreciente (era, por lo menos, la época del auge bananero).

Al cantante le tocó surgir en una época en que el dinero fácil de la bonanza marimbera (primero) y de la cocaína (después) permeó profundamente a muchos estamentos de nuestra nación, con un género musical que había sido relegado a las esferas populares por una élite excluyente; al escritor (con las bases formativas del padre y del abuelo -muy diferentes a las bases que recibió el cantante) le favoreció la fortuna de codearse, de joven, con claustros académicos (el colegio de Zipaquirá -primero- y la Universidad Nacional, después) que contribuyeron con afianzar lo que recibió de casa.

La lista de comparaciones, que establezcan la diferencia entre ambos casos, se puede hacer bastante larga. La idea no es, para nada, justificar las malas acciones personales del cantante, que, de todas maneras, dejó un legado musical (con hermosas canciones de su autoría) importante. Lo que me parecía, le dije a mi amigo, es que él estaba siendo un poco injusto con el cantante; es decir, pienso que se debe tratar de entenderlo, jamás justificarlo: comprender al ser humano que obró así como persona (las extravagancias dignas de los ignorantes que, de repente, se hacen millonarios, como los narcos, como el mendigo que se gana la lotería, en fin). Si se quiere, criticarlo, listo, pero no olvidar la otra faceta: la del poeta popular que dejó una obra sentimental para nada despreciable. No sé si exagero, pero se puede caer en el error de la congresista Cabal, que miró solo al Gabo político-ideológico, pero no al escritor.

De todas maneras, claro, el debate está planteado.

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