Por John Acosta
Me prometí no volver a hablar de la Universidad Autónoma del Caribe. Después de sentirme desterrado de Barranquilla, separado de mi hogar y apartado del trabajo al que había dedicado buena parte de mi vida, quería cerrar definitivamente ese capítulo. No pude hacerlo. El inmenso cariño que le tomé a la Universidad, los estudiantes que pasaron por mis aulas y las batallas que he dado por su recuperación no me dejan cumplir aquella promesa. Cada vez que su futuro vuelve a estar en riesgo, también vuelve mi obligación de preguntar.
Y hoy tengo muchas preguntas. Silvia Gette Ponce regresó a la rectoría de la Universidad Autónoma del Caribe. Su retorno, derivado de una orden de restablecimiento de derechos, provocó un nuevo sacudón institucional. También generó pronunciamientos de organizaciones sindicales y profesorales; sin embargo, la discusión no puede limitarse a determinar si Gette tenía derecho a regresar. Tampoco debe quedarse atrapada en su controvertido pasado judicial. La pregunta decisiva es otra: ¿cuál es el plan para salvar financieramente a una Universidad cuyo pasivo, según la Asociación de Profesores, se acerca a los 200 mil millones de pesos?

