No sé todavía si me quieren “avionar” la plata. Y precisamente porque no lo sé, formulo la pregunta en lugar de hacer una acusación. Lo que sí sé, porque tengo cómo demostrarlo, es que hace dos meses entregué cerca de 2,4 millones de pesos a una oficina de tramitología de Valledupar para resolver parte de una deuda por fotomultas que me tiene prácticamente escondiendo mi propio carro desde hace más de un año.
La historia parece uno de esos círculos perversos que se empeñan en perseguirlo a uno. Hace casi trece años escribí en esta misma Comarca ¡Quién podrá salvarnos del voraz apetito de los comparendos electrónicos en Barranquilla!. Entonces, tenía cuatro comparendos que descubrí cuando fui a tramitar el reemplazo de una placa que había perdido.
