28 sept 2026

La abogada vallenata y su cuento del gallo capón con mi dinero de las fotomultas


El 7 de julio entregué $2.433.000 para una gestión relacionada con mis comparendos. El 4 de agosto transferí otros $200.000. Después de casi tres meses, una abogada de Valledupar reconoce que debe devolverme los $2.633.000, pero cada plazo vencido termina convertido en otro.

Por John Acosta

Al momento de cerrar esta columna, en la noche del lunes 28 de septiembre, la abogada que debe devolverme $2.633.000 no me ha escrito ni me ha transferido el dinero. Su última promesa dice que podría hacerlo entre el martes y el miércoles. Alguien podría recomendarme que espere porque ese último miércoles todavía no ha llegado. Es verdad; sin embargo, esta historia no comenzó ayer ni depende del último plazo escrito en un mensaje. Antes de ese martes o miércoles ya vencieron una entrega anunciada de lunes a martes, una semana, un mes, ocho días hábiles, el 5 de septiembre, el 10, el 25, un miércoles después de las seis de la tarde, un viernes, un sábado, un lunes y un martes por la tarde.

El último plazo todavía respira. Todos los anteriores murieron sin que mi dinero regresara.

Gobernación, Policía y colegas: una mesa para sacar los demonios del periodismo


Por John Acosta

Fui a una reunión para hablar de seguridad y terminé pensando en el periodismo. La invitación había llegado desde la Gobernación del Cesar, la Policía Nacional y los gremios periodísticos. El propósito era conversar sobre el manejo de la información relacionada con seguridad y orden público, en momentos en que el sur del departamento vive una situación compleja por la presencia y las acciones de grupos armados ilegales.

Y sí, de eso se habló. Se habló de la necesidad de verificar antes de publicar. De no tragarnos entero cualquier comunicado que aparezca en redes sociales atribuido a un grupo armado. De consultar con las autoridades antes de convertir en noticia una información que puede ser falsa. También se habló de la respuesta institucional, de la Operación Urano, de refuerzos, de tecnología y de todo aquello que las autoridades consideran que no siempre recibe la misma atención que un ataque, un hostigamiento o un hecho violento.

Hasta ahí, más o menos, iba el libreto, pero, en algún momento, la reunión tomó otro camino. Y, francamente, me gustó mucho más ese camino.