El 7 de julio entregué $2.433.000 para una gestión relacionada con mis comparendos. El 4 de agosto transferí otros $200.000. Después de casi tres meses, una abogada de Valledupar reconoce que debe devolverme los $2.633.000, pero cada plazo vencido termina convertido en otro.
Por John Acosta
Al momento de cerrar esta columna, en la noche del lunes 28 de septiembre, la abogada que debe devolverme $2.633.000 no me ha escrito ni me ha transferido el dinero. Su última promesa dice que podría hacerlo entre el martes y el miércoles. Alguien podría recomendarme que espere porque ese último miércoles todavía no ha llegado. Es verdad; sin embargo, esta historia no comenzó ayer ni depende del último plazo escrito en un mensaje. Antes de ese martes o miércoles ya vencieron una entrega anunciada de lunes a martes, una semana, un mes, ocho días hábiles, el 5 de septiembre, el 10, el 25, un miércoles después de las seis de la tarde, un viernes, un sábado, un lunes y un martes por la tarde.
El último plazo todavía respira. Todos los anteriores murieron sin que mi dinero regresara.
