Docentes y estudiantes, el privilegio de reescribir la historia de Uniautónoma


Por John Acosta

Es cierto: la situación nuestra todavía no es nada fácil. Aún hay que coger una tijera, cortar por la mitad el arrugado y exprimido tubo de la crema dental, meter el cepillo por las nuevas puntas mutiladas para hurgar en el interior, raspar con las cerdas los últimos vestigios de dentífrico y poder lavar los dientes en la mañanita, antes de salir a facilitar clases con el orgullo intacto, a pesar de todo. Todavía timbra el celular mientras uno se está vistiendo, después del baño reparador, uno ve el número desconocido  y no lo contesta, pues la tragedia le ha enseñado que los bancos echan mano a cualquier estrategia, como la de llamar en horas fuera de oficina, para lograr que el moroso atienda la llamada amenazadora del cobrador sin escrúpulos. No obstante, uno sigue ahí, con la frente en alto y la voluntad a toda prueba, dispuesto a cumplir con el sagrado deber de compartir conocimiento con sus estudiantes. La razón para mantenerse en pie es que uno sabe que la universidad no tiene plata porque fue saqueada por una empresa criminal a la que todavía la justicia no ha puesto en buen recaudo. Y tener la certeza de que el dinero que va entrando ya no se lo roban, es el motor que lo impulsa a uno a seguir dando la batalla para volver a sacar adelante a una institución con más de medio siglo entregando excelentes profesionales al país.


La rectora Claudia Da Cunha Tcachman, los representantes elegidos para el
 Consejo Administrativo: por estudiantes: Katiuska Tamayo (principal) y
Valentina Molina (suplente); por docentes: Orlando Villarreal (principal)
 y Ricardo Marín (suplente), y por egresados: Harold Salazar (principal) y
Robin Jiménez (suplente).
La esperanza, por supuesto, está en que el sector financiero vuelva a creer en la institución. Se han dado pasos en este sentido: gracias a la presión de los empleados y estudiantes (no de la justicia, lamentablemente) se logró sacar a la cúpula corrupta que desangró las finanzas de la Universidad Autónoma del Caribe. (Todos seguimos a la espera de que la Fiscalía General de la Nación ponga tras las rejas a los cabecillas de esta empresa criminal y devuelva a la universidad los bienes robados). Aún quedan dentro de la organización académica residuos agazapados de las dos administraciones anteriores que se caracterizaron por el manto tenebroso que tendieron sobre su oscura labor al frente de esta querida institución. Confiamos en que la nueva rectora, Claudia Patricia Da Cunha Tcachman, con la ayuda de quienes hemos padecido los fuertes punzones de esa enfermedad, hará la alta cirugía necesaria para lograr extirpar del todo los últimos estertores de los dos tumores cancerígenos que han tratado de carcomer las células del conocimiento de nuestra alma mater.

Uno de los primeros Twitter que publiqué, en medio de la duda por la
reciente designación de la nueva rectora
Hay que reconocer que en el poco tiempo que lleva en el cargo, Claudia Da Cunha ha podido desvirtuar con hechos los señalamientos iniciales que se le hicieron, al conocerse su nombramiento por parte del ministerio de Educación, el pasado 18 de abril, en reemplazo de Víctor Armenta. Los 10 meses que se desempeñó como gerente de Proyectos Especiales en Barranquilla, durante la alcaldía de Elsa Noguera, de la casa política de la familia Char, despertaron la malicia de quienes hemos puesto el pecho y la cara para sacar de la universidad a la anterior administración. Yo mismo triné en la noche de ese día, mostrando mi preocupación por los posibles vínculos “charistas” que podrían haber con su designación; en la mañana del día siguiente, recorrí varias veces los pasillos de la Autónoma del Caribe para auscultar un poco el sentir de los compañeros de trabajo en torno a la reciente rectora y tuve que reírme varias veces con las ocurrencias de la gente, muy propia del ser caribe, para burlarse, incluso, de sus propias desgracias: se decía que ya los estudiantes podrían pagar sus matrículas con los puntos acumulados de la tarjeta de crédito del supermercado Olímpica, propiedad de los Char; que los empleados podríamos pagar, a través del descuento por nómina, las entradas para ver los partidos  del Júnior, equipo de fútbol de la misma familia; y así, una serie de mamadera de gallo sobre la fantasía de que los Char se adueñaran de esta universidad. Obviamente, también había cuestionamientos serios, que giraban en torno al poco interés de esta organización familiar por la educación superior y ponían el ejemplo de la Corporación Universitaria del Litoral, propiedad de esta casa política: lleva muchos años ahí, estancada.

Dos de los Twitter que publiqué, en desacuerdo con la acción del sindicato
Tan fuerte fue el rumor de que el Ministerio de Educación le había entregado el manejo de la Universidad Autónoma del Caribe a la familia Char, que apoya la actual campaña presidencial de Germán Vargas Lleras, que hasta Sintrauac, uno de los sindicatos que hay en la universidad, realizó un plantón en la tarde de ese 19 de abril. La cerrada del parqueadero y de la salida por la calle 88, como visibilización de esa jornada de protesta, generó el rechazo de la mayoría de empleados de la institución, pues se consideró que iba en contravía de la decisión unánime de todos de sacar adelante a esta querida organización académica. En la tarde de ese día, triné varias veces en contra de esa acción que violentaba el derecho a la libre circulación de los trabajadores y estudiantes.

El pasado 11 de mayo, la rectora se reunió con empresarios, quienes
 mostraron su interés en apoyar a la universidad a salir de la crisis
Afortunadamente, Claudia Da Cunha ha dado muestras de no estar casada con ninguna casa política. Y, en esa medida, se ha ganado el respeto de los trabajadores y estudiantes. La reciente reunión que tuvo con el sector empresarial, acompañada por la ministra de Educación, Yaneth Giha, aumentó la percepción de que la Universidad Autónoma del Caribe va por el camino adecuado para recuperarse de la crisis financiera en que la sumió la pasada administración. Los profesores nos hemos encargado de que esa falta de dinero no afecte la calidad docente: no es la primera vez que lo hacemos, pues también pusimos nuestra cuota de sacrificio en los tiempos finales de la administración de Silvia Gette y lo logramos; de hecho, también ahora lo hemos logrado.

Estamos curtidos en esta lucha. Y la seguiremos dando. Vale la pena. Agradecemos profundamente a los diez mil estudiantes que se han dado cuenta de nuestro esfuerzo y lo han valorado. Estamos seguros que seguimos contando con ellos para gozar del privilegio de continuar reescribiendo juntos la historia de la Universidad Autónoma del Caribe.

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