El sentimiento de vergüenza colectiva que deja el mundial de Rusia 2018


Por Milena Ortiz Hernández

Tomado de la revista Semana
En el bus se escucha la noticia: “Serán sancionados colombianos que ingresaron alcohol en estadio de Rusia”. Ante esto, una anciana exclama: “Así somos los colombianos, ¡qué vergüenza!”. No ha terminado de hablar la señora cuando los pasajeros a su alrededor asienten y respaldan sus palabras.

Mientras tanto, en el mundo digital se reproduce por doquier el video del colombiano que —según él, en forma de chiste— insulta a una japonesa; también se ve por ahí a Daneidy Barrera, mejor conocida como ‘Epa Colombia’, bañándose en la fuente del Museo del Luvre, en Francia.

Así es como, con el impulso de los medios de comunicación nacional, se ha generado un sentimiento común de vergüenza por lo que hicieron unos cuantos colombianos, de los miles que asistieron al mundial de fútbol en Rusia. Con esto, en el país se ha reforzado la creencia colectiva de que los colombianos son maleducados, incultos y siempre buscan la forma de hacer lo malo. Y digo “reforzado” porque no es algo nuevo, es una percepción que se ha formado y consolidado en el imaginario del pueblo desde hace un tiempo.

Me atrevo a decir que se debe, primeramente, a la mala costumbre de hacer popular los chistes denigrantes y actitudes reprochables de otros; asunto que en épocas pasadas se daba por medio del voz a voz y hoy en día se ha vuelto mucho más usual con las redes sociales, donde las publicaciones decentes y positivas quedan opacadas por aquellas vulgares y que aportan muy poco al desarrollo social. En segundo lugar, pero no por eso menos importante, se encuentra el rol de los medios de comunicación, los cuales toman las acciones de personas particulares, que poseen en común su indecencia y mala educación; las exaltan a la luz pública y así crean la idea en la sociedad de que esos casos individuales representan a la población entera. De esta manera, se han encargado de hacerle eco a esos hechos virales y groseros que circulan en la comunidad.

Como resultado, queda en el imaginario de los colombianos un concepto negativo de sí mismos; lo peor es que ha sido generado por ajenos. En otras palabras, es como si los medios de comunicación le lanzaran a su audiencia el lodo producido por otros; pero, quienes lo reciben, en vez de sacudirse la mugre, la aceptan como suya y hasta la replican. En el ámbito cotidiano, esto se evidencia cuando muchos expresan: “!los colombianos sí somos corronchos, maleducados!”; atribuyéndose cualidades negativas de otros que, tal vez, ni ellos mismos posean.

Por si fuera poco, al colombiano le fascina compararse con los demás países, siempre exaltando el nivel de cultura e intelectualidad de otros, denigrando el propio. En el caso del mundial de Rusia, luego del partido contra la selección de Japón, en las redes sociales no se hicieron esperar los comentarios que elogiaban a los asiáticos por recoger la basura en el estadio, cuando hubo colombianos que hicieron lo mismo, pero no llegaron a ser tan exaltados. Esto también se puede relacionar con la capacidad de nuestra gente de señalar al prójimo y destacar sólo lo malo, ignorando las bondades que pueden generar un mejor impacto en los demás.


Si bien usted, como lector, no tiene la posibilidad de cambiar la agenda mediática, puede evitar que esta percepción crezca con el simple hecho de no compartir imágenes o videos que sean en contra de los principios éticos y morales. Así, tal vez, menos gente intente hacerse famosa por una publicación que genere vergüenza. También, le invito a que desarrolle un criterio y no trague entero las noticias que circulan por ahí. En cambio, sacúdase el lodo y, como bien cita la Biblia en la primera carta a los tesalonicenses: “Examinadlo todo, retened lo bueno”.

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