19 oct 2026

Francelina Mestre, mi alegre amiga del 'Luis Giraldo', hoy necesita ayuda

Francelina Mestre López permanece hospitalizada en Sincelejo desde el 11 de septiembre, según su familia. Fotografía suministrada el 19 de octubre de 2026.

Por John  Acosta 

La primera imagen que guardo de Francelina Mestre López no es la que me acaba de enviar su hija Kelly Johanna Mejía, en la que aparece acostada en una cama hospitalaria de Sincelejo, sino la de aquella muchacha alegre, entusiasta, buena gente y excelente amiga con quien compartí cuatro años de bachillerato en el Colegio Departamental Luis Giraldo de Casacará.  Así la recuerdo. Alegre. Siempre alegre.

France era de esas personas cuya manera de ser contribuía a hacer más agradable la vida de quienes la rodeábamos. Tenía un espíritu entusiasta, una personalidad chévere, como decimos ahora, y esa facilidad para ganarse el cariño de sus compañeros. Han pasado tantos años desde entonces que sería atrevido ponerme a reconstruir conversaciones o anécdotas cuyos detalles se me han escapado de la memoria. Pero hay recuerdos que no necesitan demasiadas precisiones para mantenerse vivos. Y uno de ellos es la alegría de Francelina. Por eso me ha resultado tan doloroso verla ahora en una cama hospitalaria.

Dos casacareños en el Luis Giraldo

Francelina y yo nacimos en Casacará, corregimiento de Agustín Codazzi, en el departamento del Cesar. Aunque nuestros documentos de identidad digan que nacimos en Codazzi, la verdad es que somos casacareños. Sucede que, por aquellos tiempos, el lugar de nacimiento se registraba con el nombre del municipio al cual pertenecía el corregimiento. Pero una cosa dicen los papeles y otra el sentimiento de pertenencia. Nuestra tierra natal es Casacará, y punto.

Allí estudiamos desde primero hasta cuarto de bachillerato en el Colegio Departamental Luis Giraldo, hoy Institución Educativa Luis Giraldo. Para que los lectores más jóvenes entiendan, en aquella época el bachillerato comenzaba en primero y terminaba en sexto. Esos cursos equivalen a los actuales grados sexto a undécimo. El problema era que nuestro colegio solamente ofrecía hasta cuarto. Quien quisiera terminar sus estudios debía salir de Casacará para cursar quinto y sexto en otra institución.

Pero aquellos cuatro años fueron suficientes para construir amistades que, como compruebo ahora, resisten el paso de las décadas. Entre ellas estuvo la de Francelina. Recuerdo también que tenía una prima hermana que trabajaba en el colegio como secretaria. Era una mujer muy bonita, a quien Francelina se parecía bastante. Lamentablemente, se me ha escapado el nombre de aquella enfermera. Son esas pequeñas traiciones que empieza a hacernos la memoria cuando los años se nos vienen encima. Sin embargo, la semejanza entre las dos permanece en mis recuerdos.

Francelina también fue novia de mi hermano Jairo

Hay otro detalle que hace todavía más entrañable esta historia. Francelina fue novia, durante aquellos años de estudiantes, de mi hermano mayor por parte de madre, Jairo Miguel Morales Rodríguez. De modo que nuestra amistad no se limitaba a los salones del Luis Giraldo. También existía aquella relación sentimental de juventud que vinculaba a Francelina con mi familia. ¡Quién iba a pensar que, tantos años después, terminaría escribiendo sobre los problemas de salud que hoy enfrenta aquella muchacha alegre!

A Jairo le he dedicado varias páginas en este mismo blog. Entre ellas, la crónica Tenaz lucha por una casa propia en Candelaria, Atlántico, publicada el 3 de abril de 2021. También conté sus dificultades en Tampoco esta vez, le entregaron casa al desplazado Jairo Morales en Candelaria, Atlántico, publicada el 27 de septiembre de ese mismo año. En esos textos narré las vicisitudes de mi hermano, quien ha tenido que enfrentar dificultades económicas y numerosos obstáculos para conseguir una vivienda propia.

Y ahora resulta que aquella novia suya de los tiempos del colegio vuelve a aparecer en estas páginas, pero por una circunstancia muy distinta. No porque estemos celebrando un reencuentro de antiguos estudiantes, ni porque quiera reconstruir los noviazgos de aquellos muchachos que fuimos. Sino porque Francelina necesita ayuda.

La noticia que llegó después de tantos años

Hace unos días alguien se comunicó conmigo para informarme que Francelina estaba enferma y hospitalizada en Sincelejo, Sucre. Me sorprendió la noticia. Después conseguí el contacto de su hija, Kelly Johanna Mejía, y comencé a conocer detalles de la situación. Kelly me envió documentos médicos, fotografías y una explicación de las dificultades que enfrenta su madre para conseguir una remisión a cirugía gastrointestinal.

Supe entonces que Francelina había estado hospitalizada en la Clínica Médicos de Valledupar, donde fue sometida a intervenciones quirúrgicas abdominales. Después de recibir el alta el 3 de septiembre, volvió a necesitar atención hospitalaria. Según su familia, permanece internada en Sincelejo desde el 11 de septiembre. Hoy, 19 de octubre, lleva 38 días hospitalizada. Los documentos médicos registran complicaciones posteriores a sus intervenciones, entre ellas una fístula enterocutánea. Una evolución del 28 de septiembre confirma que sus médicos solicitaron valoración por cirugía gastrointestinal y seguimiento por oncología.

No voy a abrumar aquí a mis lectores con términos clínicos que ni siquiera yo, como periodista, estoy capacitado para explicar en todas sus implicaciones. Los detalles médicos y la denuncia de su familia ya los contamos en Noticias del Cesar. Lo esencial es que, según Kelly, la remisión especializada continúa pendiente porque no se ha conseguido una cama hospitalaria en una institución que pueda recibirla. Y eso me preocupa profundamente.

La muchacha alegre y la fotografía del hospital

Estudiantes del Colegio Departamental Luis Giraldo de Casacará durante una clase de laboratorio de Biología, dirigida por el profesor Javier Ramos (extremo derecho). Entre los alumnos aparecen Francelina Mestre López y John Javier Acosta Rodríguez, señalados en la fotografía. El grupo salió por un momento del laboratorio, todavía con sus batas.



Cuando Kelly me envió la fotografía de Francelina, me quedé observándola. Allí estaba mi antigua compañera de bachillerato, acostada, rodeada de los elementos propios de una habitación hospitalaria. Y mi memoria hizo lo que suele hacer en estas circunstancias: regresó a Casacará. Al colegio. A aquellos cuatro años en que compartimos estudios. A la alegría de Francelina. A su entusiasmo. A su parecido con aquella prima secretaria cuyo nombre ya no recuerdo.

Y, por supuesto, al noviazgo de juventud con mi hermano Jairo. Me resulta difícil conciliar esas imágenes del pasado con la situación que hoy atraviesa. La vida tiene esas cosas. Mientras somos muchachos, creemos que el tiempo queda muy lejos. Después descubrimos que el tiempo no estaba lejos: era él quien venía caminando detrás de nosotros. Y un día encontramos a nuestros antiguos compañeros convertidos en abuelos, enfermos, dispersos por distintos lugares del país o enfrentados a problemas que jamás imaginamos cuando compartíamos un pupitre.

Pero siguen siendo nuestros compañeros. Siguen siendo parte de nuestra historia.

Una petición por mi amiga Francelina

Quiero que esta crónica llegue a los casacareños, especialmente a quienes estudiaron con nosotros en el Colegio Departamental Luis Giraldo. Ojalá alguno de aquellos compañeros pueda comunicarse con Francelina o con su familia y hacerle llegar una palabra de aliento. También quisiera que quienes tienen la responsabilidad de gestionar su atención médica conocieran esta situación. La documentación que me suministró su hija acredita la solicitud de valoración especializada. Lo que necesitamos saber es qué gestiones se han realizado y qué alternativas existen para concretarla.

No pretendo señalar culpables sin pruebas. Tampoco estoy afirmando que las complicaciones médicas de Francelina sean consecuencia de alguna actuación irregular. Estoy haciendo algo mucho más sencillo: pedir que se atienda oportunamente una necesidad médica documentada y que su familia reciba respuestas claras. No estoy promoviendo ninguna colecta económica.

Estoy utilizando este espacio, que tantas veces me ha servido para contar las historias de mi familia, mis amigos y mis paisanos, para llamar la atención sobre la situación que enfrenta una persona muy querida. Una mujer que nació en mi mismo pueblo, estudió conmigo durante cuatro años, fue novia de mi hermano y permanece en mi memoria como una muchacha extraordinariamente alegre.

Ojalá volvamos a hablar, Francelina

No sé cuándo podré conversar nuevamente con ella. Quisiera que ese día pudiéramos recordar los tiempos del Luis Giraldo, hablar de nuestros compañeros y hasta reírnos de alguna ocurrencia de aquellos años. Quizá logremos reconstruir juntos historias que yo he olvidado. A lo mejor Francelina todavía recuerda el nombre de su prima secretaria.

Y quién sabe cuántas cosas podrá contarme de aquellos tiempos en que ella y Jairo eran novios. Por ahora, mi deseo es mucho más inmediato. Quiero que consiga la atención especializada que necesita. Que pueda recuperarse. Que su hija Kelly vuelva a enviarme noticias, pero esta vez para contarme que las cosas están mejorando. Y que aquella alegría que siempre caracterizó a Francelina pueda acompañarla también durante su recuperación.

¡Ánimo, Francelina! Tu viejo compañero del Luis Giraldo no se ha olvidado de ti. Que Dios te acompañe, te fortalezca y nos conceda la alegría de saberte nuevamente recuperada. 

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