Ese día, no estaba
dispuesto a aceptarle más indirectas e insultos a los diomedistas. Empecé a temprano por la tarde a tomarme unas cervezas
donde el señor Carlos Nieto, que había hecho un estaderito al lado de la bomba que gerenciaba, justo donde
construyó su casita; solo un par de
personas degustaba tranquilamente en aquella tarde calurosa y la cerveza fría
rodaba por las gargantas refrescando el cuerpo y calando esa sensación de
euforia interna que produce el alcohol poco a poco, una mezcla del calor
sofocante y el frío de la bebida que generaba un temple sabroso que iba
soltando lenguas y personalidades escondidas.
Ese día, iba a degustar con la tranquilidad de
un seguidor furibundo el acetato de Jorge Oñate y Juancho Rois: Trece
aniversario, era el título del trabajo discogtráfico. Corría el año 1982 y en el mencionado sitio nos habíamos citado mi
amigo Juan Carlos Moreno, oñatista como yo, quien había ido a la cabecera municipal, Codazzi, a comprar
el disco que había salido dos días atrás. Cuando llegó, ya yo le llevaba una ventaja de 4 cuatro
cervezas e, inmediatamente, solicitamos a
don Carlos que colocara el long play (LP) y que hiciera una excepción en el volumen.



































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