Buscar este blog

domingo, 11 de abril de 2010

El carnaval en La Junta, esbozos de un desorden admitido

Por John Javier Acosta Rodríguez

Escena clásica en una verbena de carnaval en La Junta
Resumen:En este artículo se hace una breve reseña sobre la población de La Junta, antes de hacer una rápida exposición sobre la íntima relación entre los carnavales de la región Caribe colombiana con el espíritu fiestero, alegre y bullanguero del costeño. Se llega así al carnaval en La Junta y su evolución de la mano con el lento desarrollo de esta población. Finalmente, se hace especial mención de la única tradición que ha permanecido en los carnavales de La Junta: la mojadera, un desfile de desorden, en donde la gente va por las calles para mojar a todo el que encuentre en el camino.

Palabras clave: Cultura, tradición, desorden, alegría, fiestas



1. Introducción

Barranquilla es la ciudad más desarrollada del Caribe colombiano. Se ha convertido en un epicentro en donde confluyen los diferentes grupos culturales de esta subregión. Es la capital del departamento del Atlántico y su máxima expresión cultural se ve reflejada en su carnaval. Estas fiestas de disfraces, maicena y jolgorio se celebran, además, en toda la costa norte colombiana.

“Una semana antes de la Cuaresma, el pueblo guajiro se dispone a celebrar las fiestas del carnaval. Durante estos días, el pueblo se divierte en casetas al son de los tambores y arrojando maicena” (Cortuguajira, 2001). Así es, los habitantes de esta zona del país tampoco permanecen ajenos a estas festividades.

En cada uno de las poblaciones del departamento de La Guajira, se celebran los carnavales. Y en La Junta, un corregimiento tradicional y conservador en sus costumbres, la gente también hace su propio carnaval.

2. Breve reseña de La Junta, La Guajira

La flecha roja indica el círculo negro, en donde se ubica La Junta
La Junta es un corregimiento ubicado en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, en el sur del departamento de La Guajira. Su población es mayoritariamente blanca, pues, a pesar de los desplazamientos ocasionados por la violencia guerrillera y paramilitar, aún se conservan en el caserío muchos de los descendientes de las familias españolas que fundaron al pueblo, cuando llegaron, a partir del año de 1700, a esas tierras para dedicarse a la ganadería. El río Santo Tomás divide al pueblo en dos: en la margen derecha del río están radicadas las familias tradicionales, con muchas de sus costumbres ancestrales intactas, no obstante todo lo que significó la estampida reciente por el miedo a las acciones de la guerrilla y de los paramilitares, que obligó a toda la gente a refugiarse en ciudades distintas de la geografía colombiana y que regresaron al terruño querido en el primero de los dos gobiernos de Álvaro Uribe Vélez; en la margen izquierda del río, está lo que ha sido denominado como Curazao, maniobra de políticos que dividieron administrativamente (en épocas recientes) al pueblo para poder jalonar más partidas presupuestales que les permitan sacar mordidas económicas para beneficiar a sus propias arcas.

El río divide al pueblo en dos, pero todos se unen al bañarse en él
“El área geográfica de La Junta está conformada por dos caseríos, divididos por un pequeño río (…) En el lado Este, al cual llaman Este lado, la aldea siempre ha sido habitada por las clases más aristocráticas del poblado. El lado Oeste, al cual llaman el Otro lado, es un poco más pequeño, y en él habita la gente más humilde; detalle que no ha influido en nada para que Este lado y el Otro lado hayan dejado de confraternizar y sentirse todos junteros” (Zedán, 2005).

El lado oeste de La Junta está bordeado por el río San Francisco, que se une al río Santo Tomás en la parte baja de la población. Precisamente, la unión de estas dos vertientes fluviales es la que ha dado origen al nombre del poblado.

3. Los carnavales, fiestas del Caribe colombiano

El Caribe colombiano es fiestero por naturaleza. Los habitantes de esta zona del país son bullangueros, alegres, abiertos, espontáneos. “Cuenta Julio Sierra Domínguez, investigador social de la Universidad de Sucre, que en las ciudades y pueblos de las ocho subregiones de la Costa Caribe se pueden contabilizar trescientas fiestas populares en el año, de las cuales el 40 por ciento son religiosas y el 60 por ciento, profanas”, escribe el periodista colombiano Hollman Morales en la enciclopedia Colombia Viva (Casa Editorial El Tiempo, 2000).

Sierra Domínguez tiene razón. Todos los años se celebra una fiesta folclórica, en distintas (y a veces coincidentes fechas) en cada uno de los pueblos y ciudades del Caribe colombiano. Los nombres que cada población le da a su fiesta anual varían, de acuerdo a los símbolos más representativos de cada poblado o ciudad: el Festival de la Leyenda Vallenata, en Valledupar, capital del departamento del Cesar; las Fiestas del Mar, en Santa Marta, capital del departamento del Magdalena; el Festival Nacional del Burro, en el municipio de San Antero, departamento de Córdoba, y Festival Folclórico del Fique, en el corregimiento de La Junta, en el departamento de La Guajira, para solo mencionar cuatro de las innumerables fiestas costeñas.

Ahora, bien. Además de su fiesta insigne, las ciudades y pueblos de la costa Caribe colombiana festejan, todos en la misma época, los carnavales. “En las ciudades coloniales del Caribe colombiano, la gente se agasajaba con unos festejos que tenían mucho del carnaval tradicional europeo: entre máscaras y harina se gozaba del arrumaco al son del minué y la contradanza, pero en las zonas rurales, las fiestas tenían que ver con los ritos de los indígenas y de los negros esclavos; ritos y dioses que se fueron colando entre el fragor de las solemnes festividades cristianas” (Covo, 1998). La Junta, además de su Festival Folclórico del Fique, hace también su carnaval, desde mucho antes de que iniciara el festival.


4. Los carnavales en La Junta

Un disfraz imprevisto en los carnavales de La Junta
La Junta, por supuesto, no escaparía a esta tradición del caribeño de Colombia. Los carnavales se han festejado siempre, desde los inicios del pueblo, en medio de los sabanales donde pastaban el ganado de los españoles que fundaron a la población. Y se hacían en verbenas nocturnas, donde asistían, llenos de maicena, los lugareños para bailar con música en vivo, interpretada por campesinos con sus instrumentos artesanales, y alumbrados por mechones que llameaban con base en aceite quemado.

“El jueves 23 de marzo de 1961, a las 6:00 de la tarde, la gente salió de La Junta a subir hasta los cerros cercanos para saborear la felicidad de sentir, por fin, cómo se veía, desde arriba, el terruño iluminado. (…) Esa felicidad no pudo durar mucho: los profesionales de hoy se recuerdan todavía garabateando las primeras letras, amparados apenas por la luz tenue de la lámpara de petróleo. Era una dificultad enorme conseguir cualquier repuesto de alguna pieza averiada de la ya vieja planta eléctrica. Y el plantero, un hombre taciturno que el destino quiso que naciera bizco, había cogido por costumbre encender el aparato a las 8:00 de la noche y apagarlo a las 9:00, justo los 60 minutos exactos que duraba la novela de la televisión venezolana, que era la única señal sintonizada en los 12 televisores en blanco y negro que había en el pueblo. Por eso, la gente bautizaba la planta con el nombre del dramatizado de moda. “Ya prendieron a La Zulianita”, decían” (Acosta, 1999).

Obviamente, la llegada de la planta de energía eléctrica a La Junta le imprimió, sin duda, un nuevo dinamismo a los carnavales junteros. Además del baile tradicional en la cantina de moda, las familias que tenían sus equipos de sonido hacían sus propios festejos en sus casas, pero nada comparables con el baile central de la caseta oficial.

Escena típica en un casa juntera en época de carnaval
Las fiestas de carnavales no se limitaban a los bailes nocturnos. En el día, algún juntero ocurrente inventaba su disfraz y salía por las calles, de casa en casa, a pedir dinero como premio por su obra. El autor del presente texto recuerda que él mismo salió alguna vez, de niño, junto con seis compañeros más de su edad, con el disfraz de los siete enanitos, aprovechando que al año anterior habían sido protagonista en su escuela de la obra teatral “Blanca Nieves y los siete enanitos” y el vestuario, que ya estaba guardado en los anaqueles de sus casas, era propicio para la ocasión.

En todo caso, los carnavales junteros no siguen ninguna metodología a la que debe ceñirse anualmente. Es decir, no tienen Batalla de flores ni Gran parada, como el carnaval de Barranquilla. La única tradición que se sigue es la de La Mojadera, que se hace todos los años el último día de carnaval (el miércoles de ceniza).

5. La Mojadera

En los carnavales de Riohacha, capital del departamento de La Guajira, es tradicional el desfile de los embarradores. “Más de 200 embarradores recorrieron la madrugada de ayer las principales calles de Riohacha, luego de enlodar sus cuerpos en la Laguna Salá, en cumplimiento a una tradición que completa 104 años de existencia en tierras guajiras” (Palacios, 2010).

Los embarradores, en plena acción por las calles de Riohacha
“La danza consiste en un grupo de hombres que se visten con las peores prendas, y bien bebidos se van a una laguna con barro fétido, se introducen en ella y quedan totalmente ‘embarrados’. Con la hediondez a cuestas salen por las calles en la madrugada del domingo de carnestolendas tratando de abrazar a los borrachos y demás transeúntes. En 1960 salieron las primeras mujeres en la danza y en 1974 hubo un trágico accidente. Falleció un embarrador y desde el año siguiente, el día en que se conmemora su muerte, sus amigos y seguidores le llevan una ofrenda floral. Es impresionante ver como estos hombres disfrazados soportan la hediondez que produce el barro de la laguna, pero de todas maneras en el carnaval el estado mismo del Ser permite realizar actos que durante el tiempo no festivo no puede hacer” (Rey, 2004).

En La Junta, la gente no se embarra, pero sale a la calle el miércoles con vasijas llenas de agua para mojar al que encuentre en su camino. La idea es que el último día de carnaval debe sacarse del cuerpo toda la maicena que se echó durante los días de carnaval. Este desfile de “mojadores” se conoce en el pueblo como La Mojadera.

6. Conclusiones

Atardecer juntero
El carnaval no es una fiesta exclusiva de una ciudad. Es el patrimonio de toda una región, la costa Caribe colombiana. Cada ciudad y cada población de esta zona del país vive el carnaval a su manera. Es decir, no hay una metodología que obligue a organizar estas fiestas de la misma manera en todas partes. La Junta, corregimiento del departamento de La Guajira, además de los bailes nocturnos y desfiles espontáneos de disfraces, culmina las fiestas con la tradicional mojadera.



Bibliografía

Acosta, John. Puntadas de la vida (crónicas). La Junta, un querido rincón de La Guajira. Publicaciones Cics. Barranquilla, 1999.
Cortuguajira. La Guajira, un paraíso en Colombia. Bogotá, 2001
Covo, Javier. Guajira, pueblo y destino. Asociación Carbocol-Intercor El Cerrejón Zona Norte, Barranquilla, 1987.
Covo, Javier. Carnaval de Barranquilla. Asociación Carbocol-Intercor El Cerrejón Zona Norte, Barranquilla, 1988.
Palacio, Kelya. Piloneras y embarradores se gozaron el carnaval de Riohacha. El Heraldo. Barranquilla, 2010.
Rey, Edgar. El Carnaval, la segunda vida del Pueblo. Editorial Plaza & Janes. Bogotá, 2010.
Varios autores. Colombia viva. Casa Editorial El Tiempo. Bogotá, 2000
Zedán, Jorge. Un pasaporte al cielo. Publicación personal. Codazzi, 2005
http://www.sanantero-cordoba.gov.co/sitio.shtml?apc=m-G-1522961-1522961&volver=1