29 abr 2026

Rebiacana: homenaje a esta fruta silvestre

Por John Acosta

La mochila de fique llegaba amarrada en los cachos traseros de la  angarilla, colgando al lado de la anca del burro. Los colores de la cabuya se veían opaco por la humedad que brotaba del contenido: mi niñez, alborotada por el evento distinto de ese día, esperaba ansioso a que mi primo Beto bajara del animal y desenvolviera esa mochila enmudecida para que mamá (la vieja Aba) nos repartiera a cada uno la porción de frutas silvestres que la primavera traía para todos. ‘nariz’, guayabita de perro, peregüétano, en fin; sin embargo, la más apetecida para mí era la rebiacana: es una bolita de pulpa jugosa color morado brillante que tiñe de ese color la boca y los dedos de quien la come. Esta frutica recibe indistintamente el nombre de rebiacana y también el de queriquita. En algunas regiones se conoce con el nombre de luangarrote”, la define Consuelo Araújonoguera, La Cacica, en su libro Lexicón del Valle de Upar.


Más de medio siglo después de esa mañana sublime, se me volvió la boca agua al abrir el grupo de WhatsApp de mi familia paterna y me encuentro de entrada con la foto de más de 15 rebiacanas, rebosantes de madurez, sobre una mano abierta. “No me pidan porque no son mías”, remató Beto (sí, el que llegaba en burro con la mochila de frutas) y remataba la frase con un emoticón de tristeza. “¿Eso es candunga, Beto?”, le preguntó, desde Medellín, tía Tey. “Rebiacana”, corrigió Beto en formas de respuesta. Y aclaró: “Eso lo mandó un hijo de Goyo Gutiérrez en otro grupo juntero”. Y, entonces, tía Tey, compungida por la nostalgia que la abruma a cada rato en la lejanía de esa ciudad enclavada en una de las montañas de los Andes, dejó salir sus recuerdos: “Ay, vee: años sin ver rebiacana. Lo mismo con la candunga”.


Tío Jose, con casa en Codazzi, Cesar, y quien esperó la jubilación para irse a vivir en un rancho que levantó en la parcela de la familia, ubicada a cinco minutos de La Junta, como una forma exitosa de arrebatarle felicidad a los recuerdos de la niñez, también participó en la charla digital. “Quién que haya vivido esas experiencias de salir a coger rebiacana, no siente nostalgia por aquellos tiempos… Ya son muy escasos los palos que quedan”, escribió.


Hasta la prima Arlett, hija de un francés (que emigró a Codazzi con sus padres) y de mi tía Mary (mella con tía Tey) escribió desde Lyon, donde reside desde hace algún tiempo. “Pero en internet no encuentro información, ni la IA sabe... ¿Con qué otro nombre se conocerá? Se parece a los arándanos”, escribió.


Entonces, puse la definición que da La Cacica en su libro. Y mi prima refutó con AI: ““Cocoebola neogranatensis” → ese nombre científico no es válido. Decir que pertenece a leguminosas (Fabaceae) tampoco cuadra bien con ese tipo de fruto”. Y le respondí: “Le creo más a La Cacica (inteligencia 'real') que a la inteligencia 'artifical'”; obviamente, no había terminado de leer la aclaración que hace AI: “Por la descripción (fruto redondo, morado intenso, jugoso y que tiñe mucho), lo más probable es que se trate de una especie del género: Coccoloba (familia Polygonaceae). En particular, podría ser algo cercano a: Coccoloba uvifera (uva de playa) u otra especie local del mismo género”.


Encontré que mi compadre José Jaime Daza Hinojosa, en una crónica sobre el compositor Juan Segundo Lagos Mendoza, que publicó en el Diario del Norte, menciona a esta fruta: “Infancia: La disfrutó, en La Jagua del Pilar, su terruño, y una gran parte, de ella, en una finca que tenía su padre, en la serranía del Perijá, cerca del Municipio de Codazzi, Cesar, allí se producía, malanga, ñame, maíz, ahuyama, cacao, y muchas frutas, entre ellas, nunca olvida los perehuetanos, las rebiacanas , candungas, y las ácidas, pero sabrosas guayabitas de perro”.


En todo caso, buscaré al hijo de Goyo Gutiérrez para que me dé unas rebiacanas. “Por acá en Codazzi y en Casacará le dicen  ‘pasita’”, remató Beto


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Muchas gracias por su amable lectura; por favor, denos su opinión sobre el texto que acaba de leer. Muy amable de su parte