Por John Acosta
Una de las tradiciones que se han mantenido en la relación intensa del santo Ecce Homo con Valledupar, es la de quienes dicen que, según le ven el rostro al Hombre en su procesión, así le irá a la ciudad. Si está triste, por ejemplo, a la ciudad no le irá bien el resto del año. O, por el contrario, si está alegre y sonriente, a la ciudad le irá excelente en el transcurso de los próximos 365 días. “Pienso que esto hace más parte de la devoción, de la oración personal, del encuentro personal con Jesús; de hecho, cada uno tiene un testimonio de lo que ha vivido con el Ecce Homo”, le dijo al Semanario La Calle James Enrique Romero Ramos, Vicario General de la Diócesis de Valledupar.
“La forma en que ve el rostro hace parte de la devoción de cada uno”: padre James Romero
“Como historiador, miro más lo que el autor expresa en la espiritualidad de la imagen”
El Vicario General dijo que, “más que todo como historiador, estudio del arte, me fijo más en la parte artística, más en la parte de las caras, de los rostros para mirar un poquito el autor o lo que expresa la espiritualidad de la imagen, pero en la parte devocional, pues cada uno tiene esa experiencia de Cristo y una señora me dijo una vez el año pasado: «Padre, estuve delante del ecce Homo y lo vi preocupado, como si algo fuese a suceder”, ¿entiende?; entonces, es la experiencia de ella y a lo mejor, también, como el don de profecía que, decimos a veces en la revelación carismática, Dios le concede a algunos, para también Dios revelarle, en su propia vida, las bendiciones que va a recibir”.
“Es la espiritualidad que se fomenta alrededor del Ecce Homo y se masifica”
Finalmente, insistió que esa parte “la veo más como lo espiritual de cada uno; o sea, esa espiritualidad tan bonita que se fomenta en torno al Ecce Homo y que se hace de masa, lógicamente, y que contagia a otros a mirar esa experiencia de Cristo en ese Hombre”
“Ver el rostro alegre o triste, pienso que es subjetividad”: Carlos Augusto Acosta
El presbítero Carlos Augusto Acosta Calderón le dijo al Semanario La Calle que esa tradición “de la cara o de la expresión que ponga el santo es un poquito más subjetiva, ¿me entiendes? Ahí sí, yo creo que no hay una posición, digamos, muy clara de lo que eso significa porque eso es muy subjetivo. Es decir, ¿quién decide qué cara tiene el santo? ¿Quién es el primero en decidir si el santo puso una cara alegre, si el santo puso una cara triste, si el santo puso una cara afligida? O sea, de quién depende este dictamen. ¿Y qué tan confiable es ese dictamen?”
“Obedece a situaciones interiores muy particulares”: Acosta Calderón
Acosta Calderón admite que es difícil saber “si quien emite ese dictamen no está obedeciendo más a unas situaciones interiores muy particulares o si, efectivamente o evidentemente, hay alguna manifestación objetiva externa interior que haga suponer que en efecto el santo está alegre o está guapo o está contento o está afligido”. Insistió en que “esa es, quizás, muy subjetiva esa tradición: es una tradición y como toda tradición se sigue conservando de generación en generación y ha servido para mantener viva la fe en Jesucristo, que, en últimas, es a quien veneramos a través de la imagen del santo Ecce Homo”.
Su rostro es cambiante porque la imagen es de alto manierismo sevillano
El Semanario La Calle también se comunicó con el sacerdote Íver de la Cruz, de la catedral Ecce Homo. El padre Íver advirtió que es información de personas que han estado vinculadas desde hace mucho más tiempo a la parroquia de la Concepción y que conocen la tradición dirección y que han participado aún de la vida de la catedral: “no son testimonios propiamente míos sino que logré recaudar”, dijo. De acuerdo a lo recolectado por sacerdote, al ser una imagen de alto manierismo sevillano, sus expresiones son cambiantes desde el punto de foco que se le observe; por eso, unos le pueden ver normalmente adusto y sereno, otros serio, lo que en término vallenato le dicen “entorao”; entonces, empieza la especulación a difundirse, porque según la tradición cuando está “entorao” está disgustado con el proceder del pueblo y la gente empieza, incluso, a sacar faltas o pecados de su gobernantes y personalidades afirmando que es por culpa de ellos; así también cuando alguien lo enfoca sonriente se difunde, su satisfacción. Así, por ejemplo, en los años del desenfreno paramilitar la gente se enfocó en el rostro serio “entorao” por las masacres y por quienes apoyaban tales grupos. De otro modo, cuando estrenó su nueva anda procesional y su palio, la gente lo vio sonriente y feliz de que le hubieran realizado tan hermoso regalo, así también lo vieron cuando tomó posesión como patrono titular de la actual Catedral, aunque algunos decían que no estaba muy contento porque lo querían dejar allá. Son más que todo apreciaciones de la feligresía fundadas en su estado de ánimo y amparadas en el alto manierismo de la imagen.
Publicado en el Semanario La Calle, el 30 de marzo de 2026
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