Por John Acosta
El milagro a Alfonso López Pumarejo
El padre Íver de la Cruz contó que cuando Alfonso López Pumarejo vino en el primer vuelo al aeropuerto, la gente se abalanzó hacia la pista, poniendo en riesgo sus vidas y la de los ocupantes del avión. El piloto maniobró de tal manera que esquivó a la comunidad y tocó pista un poco después, pero alcanzó a salirse de ella. Cue ntan que López Pumarejo se puso las manos en la cabeza e imploró al Ecce Homo para que no permitiera semejante desgracia. De eso, López le obsequia un avioncito en oro al Ecce Homo como exvoto de haber escuchado su oración.
El milagro a Hugo Granados
El sacerdote Íver de la Cruz recopiló que en un viaje que hiciera con su conjunto musical, Hugo Carlos Granados tuvo un accidente automovilístico con volcamiento del carro, y un segundo vehículo tractomula impacta el primer vehículo y Hugo Carlos se tira al vacío en el puente donde ocurrió el accidente, quedando con fracturas múltiples en sus miembros superiores y trauma raquimedular, lo que daba un diagnóstico fatal de invalidez motriz de sus miembros inferiores. Su esposa Adela Gómez, en llanto, pide al Ecce Homo frente al nicho y una feligrés de nombre Yudy Baute le da la oración de los 33 días a Jesús Ecce Homo y, a partir de ahí, se cambia el progreso de locomoción, con la ayuda de los médicos sí, pero, fundamentalmente, con la fuerza del Ecce homo a tal punto que, 15 años después, se corona como rey de reyes del festival vallenato aun convaleciente en una silla adaptada para tal fin. En la actualidad, camina de la mano de Dios. Según los exámenes médicos, tiene el mismo trauma inicial y que es inexplicable que, con ese trauma, él pueda caminar.
El milagro a la madre del periodista Ecce Homo Cetina
Contó el padre Íver que “en mi juventud, cuando llegué a la parroquia de la Inmaculada Concepción (1985) supe de voces de la Piva Gutiérrez que los padre de el hoy periodista Ecce Homo Cetina llegan al Valle de Upar desde el interior del país. La señora madre del hoy periodista era de misa diaria y un día en el que se proclamó el episodio donde Ana, la madre del profeta Samuel, clama a Dios para que le conceda un hijo, puesto que era estéril y Dios le concede a Samuel, pues bien esta señora, de quien no sé su nombre, se va en llanto al terminar la misa y es atendida por la Piva y las otras damas que comúnmente asistían a la eucaristía de 6 am, y, al atenderla, ella les revela que no podía tener hijo, que, incluso, su esposo había gastado mucho de su dinero en tratamientos, todos infructíferos, es así como la Piva y el padre Becerra la consuelan y le animan a que le pida al Ecce Homo y por 33 días haga la oración después de la misa, con tan gran noticia que, antes del año, ya estaba encinta, la que llamaban estéril y dio a luz en 1968 a su hijo Ecce Homo Cetina”.
El milagro a la madre de otro periodista
La noche del miércoles de la semana pasada en que el padre narró estos episodios al Semanario La Calle ocurrió algo. “Al terminar la novena, una joven periodista me hizo una entrevista y, al narrar este milagro Ecce Homo Cetina, ella se fue en llanto y me dijo ‘yo también soy un milagro de Ecce Homo, justo como el de Cetina’ y me dije qué tan pequeño es el mundo y qué tan grande es Dios que se abaja y se manifiesta a los hombres, incluso, por medio de una imagen de madera”.
La ofrenda como intento de ganar el favor divino
El presbítero Carlos Augusto Acosta Calderón le explicó a La Calle que “religión significa relegar: el hombre, de alguna manera, se siente indefenso ante la soberanía y el poderío de la divinidad y, de alguna u otra manera, intenta ganarse el favor divino a través de ofrendas; entonces, yo le ofrezco a la divinidad algo a cambio de que la divinidad me mantenga propicio su favor; eso es típico de toda tradición religiosa y no solamente católica y no solamente en lo que respecta al santo Ecce Homo. O sea, en la base de toda relación religiosa, de toda relación del ser humano con la divinidad, está eso, está ese temor”.
Publicado en el Semanario La Calle, el 30 de marzo de 2026


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