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Historia del Cerrejón (6) Los silos, una curiosa historia en cifras


Por John Acosta

Ahí están. Erguidos e imponentes. Desafiando los vientos que merodean con insistencia. Con una altura de 72 metros, forman parte del sistema de manejo de carbón de la mina, cuya construcción se terminó en el último trimestre de 1984. Se trata de los silos.

Cuatrocientos hombres se necesitaron para levantar las dos torres gemelas que se alcanzan a ver desde cualquier punto del área de la Mina. Estructuras de alambre y de hierro, vigas de acero, talleres de carpintería, decenas de metros cúbicos de concreto. Polvo, sol, ruido de maquinaria, pliegos de planos. Ese fue el ambiente de trabajo que se vivió en las 24 horas diarias de labores.

También hubo lluvias. Pocas, pero quedaron grabadas para siempre en las personas que participaron de aquellas titánicas jornadas: la intensidad de los aguaceros provocó más de un estrago en la etapa de construcción. Rafael Rangel, un ingeniero eléctrico que estuvo de lleno en los trabajos de levantamiento de los silos y que ahora es un codueño de una de las empresas contratistas que le sirven a Cerrejón, nunca olvidará un caso insólito, increíble de verdad, que presenció en una de esas arduas batallas de construcción.


Fue en una tarde. Los grandes nubarrones negros que corrían por el cielo presagiaban la dimensión descomunal de una tormenta sin precedentes. Los árboles se mecían con frenesí, envueltos por la locura de unos vientos demenciales que aullaban como fieras rabiosas. Hasta que el aguacero se desgajó.

Un hombre, desafiando la fuerza de la brisa, trataba de mantenerse firme en la parte alta de los silos. Se agarraba de la varillas de acero. Pero no pudo soportar más las duras embestidas de un huracán obstinado: cayó. Setenta y dos metros de altura no fueron suficientes para quitarle la vida a un obrero soñador. Cuando sus compañeros alarmados corrieron hasta el cuerpo que yacía inerte en el suelo, el hombre se puso de pie iluminado por una amplia sonrisa, más de incredulidad ante su propio milagro que de felicidad por estar vivo.

Los dos silos se montaron en 24 días efectivos de trabajo. Se laboró día y noche. El sistema de construcción que se empleó se denomina técnicamente formaleta deslizante. Las formaletas van soportadas por estructuras de acero llamadas yugos.

Dibujo de Javier COVO Torres
Mediante ese sistema, se subían las formaletas de concretos con gatos hidráulicos. Por cada hora se alzaban 25 centímetros. Lo cual implicaba subir 4 metros por día. Las firmas subcontratistas Cuéllar-Serrano-Gómez y Shrader Camargo fueron las constructoras de las estructuras que forman los dos silos con un diámetro de 21 metros.

A mediados del mes de noviembre de 1985, se inició en los silos la pintura de un mural de seguridad. Serpin Ltda fue la firma contratista encargada de realizarlo. El mural tenía 45 metros de alto por 20 de ancho. Sobre un fondo blanco, en la parte superior se apreciaba una cruz verde encerrada en un círculo del mismo color. Más abajo se leía una frase escrita entre líneas: "¡Seguridad por encima de todo!". Los extremos estaban enmarcados por dos rectas paralelas. En la parte inferior, estaba impreso el logotipo de la asociación Carbocol-Intercor. Fueron necesarios 336 galones de pintura y 40 días para realizar el mural. Hoy los silos son los encargados de llenar los 120 vagones del tren minero, a un promedio de un minuto por vagón.


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