27 sept 2021

Tampoco esta vez, le entregaron casa al desplazado Jairo Morales en Candelaria, Atlántico

Jairo Morales, en el rebusque:
Mercado Público de Barranquilla
Por John Acosta

El sábado le fue muy bien al desplazado Jairo Miguel Morales Rodríguez en el mercado público de Barranquilla, gracias a Dios. Hasta se desquitó el hambre que pasó el día anterior (viernes): fue hasta la antigua Superintendencia Fluvial a comerse de almuerzo una suculenta mojarra frita, acompañada de sopa de pescado y arroz de coco. El pescado era tan grande que pudo dejar la mitad para llevársela a su amada Guelsy a Candelaria, donde ella tuvo que pasar la noche anterior sola porque a Jairo Miguel le fue tan mal que otra vez le tocó dormir sobre una de las mesas vacías del mercado, pues ese día ni siquiera hizo para el pasaje de regreso. Todas las mañanas, Jairo Morales sale en el bus de cinco de Candelaria hacia Barranquilla a jugar la lotería diaria de ganarse el sustento con la fumigación de negocios en el centro de la ciudad. Camina muchos kilómetros con el sol a cuestas y la bomba de fumigar en la espalda para rebuscarse el pasaje de vuelta y el de la madrugada siguiente, la compra de algunos alimentos en promoción y el ahorro cotidiano para pagar el arriendo mensual de la casa donde vive.

Siempre ha soñado con librarse de ese pago mensual para quitarse el peso de encima de no pensar a cada rato qué será más importante: sacar del ahorro para el arriendo y comer algo o pasar hambre y pagar el alquiler.

Cuando le va bien, puede almorzar y coger el
bus de regreso a Candelaria
Sinceramente, ya él no sabe qué hacer para que el estado colombiano le otorgue su casa en el municipio de Candelaria, Atlántico. Desde hace más de 15 años está inscrito en la Unidad de Víctima del Atlántico, donde llegó en 2005, después de salir corriendo con su familia del lejano departamento del Casanare, huyendo de las amenazas de las Farc, que le dieron 24 horas para salir de ese territorio, si quería seguir viviendo. Resulta que se había ido de Candelaria, donde viven su madre y la mayoría de sus hermanos, con rumbo a Cúcuta. Allá se enamoró y un fabricante de calzado le propuso que se fuera a la capital del Casanare a distribuirle sus productos. Así lo hizo Jairo Miguel: se llevó a su señora y sus hijos a Yopal. Y le tocaba ir de pueblo en pueblo a vender zapatos cucuteños. Hasta que los guerrilleros lo ficharon y le dijeron esa cédula del departamento del Cesar que él portaba indicaba que era paramilitar y que la venta de calzados era una fachada para esconder su propósito de espiar a las Farc: le dieron un día para que se largara del Casanare con su familia. Al tiempo de su regreso, la cucuteña lo abandonó, aburrida de pasar trabajo al lado de un hombre que vivía en una lucha eterna con el destino para poder sobrevivir.

Como hombre de fe, Jairo sigue aún
con sus constantes e inútiles
visitas a la Unidad de Víctimas
del Atlántico
Entonces, Jairo Morales se llevó a una candelariera a probar suerte con ella en Venezuela. Allá le iba bien: tenía su tienda de víveres y vendía bastante. Tuvo dos hijos con ella; sin embargo, la crisis política y económica de ese país lo envolvió, agravado con un cáncer agresivo que atacó a su compañera de vida: tuvo que volver a Candelaria, con una mano adelante y otra atrás. Enterró en el pueblo a la madre sus pequeños y empezó a ganarse la vida de pueblo en pueblo vendiendo de todo lo legal que se le travesaba: de medicina natural hasta gafas para leer. Así conoció a Guelsy, su actual compañera, una colombiana que también le tocó regresar a su país después de haber hecho una vida en Venezuela.

Sigue la errada política de vivienda en Candelaria

Aún sigue la invasión por errática política de
vivienda en Candelaria
La gran esperanza de tener casa propia en Candelaria, donde reside, se le acrecentó a Jairo Miguel Morales Rodríguez a principios de este 2021, cuando varias familias humildes, cansadas de pagar arriendo en las casas otorgadas en el pueblo por el estado a personas que las arriendan y/o venden, decidieron invadir un lote, donde se suponía que el estado construiría una cuarta etapa de casas gratuitas: todos residían arrendados en viviendas de la primera y segunda etapa, entregadas, en su mayoría a personas que no las necesitaban, pues ahí está la prueba clarísima: la mayoría de beneficiarios o las vendieron o las arrendaron. Jairo Miguel participó de esainvasión, esperanzado en tener, al fin, un sitio digno y propio en donde residir. Esa alegría no le duró mucho.

Una calle de la segunda etapa de Nueva
Candelaria; al fondo, el lote invadido
En la Alcaldía de Candelaria le dijeron que, si seguía en ese pedazo de tierra de sus esperanzas, podría perder la oportunidad de perder cualquier beneficio futuro que le otorgaría la Unidad de Víctimas, como castigo por invadir una propiedad del estado. Como había escuchado rumores sobre la posibilidad de que se entregarían 40 de las casas de la tercera etapa (ya construida) a víctimas del conflicto armado, Jairo Morales decidió, con el dolor en el alma, salir del trocito de tierra de sus sueños: se salió del lote invadido.

Ya entregaron las casas de la tercera etapa. Y esta vez, tampoco Jairo Miguel salió favorecido. Y, otra vez, la mayoría de los adjudicados, han vendido o han arrendado las casas que ellos no necesitan. La anomalía en esas entregas fue tan evidente que, hasta el propio alcalde del pueblo, Gregorio Brito Valencia, mediante un video que hizo viral en el municipio, criticó la situación y solicitó a las personas favorecidas por segunda y tercera vez que devolvieran sus casas. Aquí, el video de la Alcaldía:

No obstante, después de esa cacareada denuncia, el alcalde guardó un súbito y extraño silencio: ya la gente rumora por la causa de ese manto de mudez repentina del burgomaestre local. Dicen que muchas casas devueltas fueron entregadas a familiares de empleados municipales. Conocí el caso de una señora que fue beneficiada por segunda vez. “Hablé con el alcalde, le dije que le devolvía la segunda casa que me dieron, pero con la condición de que se la dieran a Margarita Julio Movil, una prima mía, madre sotera de cinco hijos y no tiene casa. El alcalde me prometió que sí se la entregarían a Margarita, pero me engañó: se la entregaron a un familiar de un empleado de la Alcaldía”, comenta la señora.

Margarita Julio Movil es hermana de crianza de Jairo Morales. Ella también es una colombiana que se vino de Venezuela con cinco hijos y no tiene dónde vivir en Candelaria.

Jairo Morales trata, en vano, de no preocuparse por su situación, pues no quiere volver a recaer por la sangrante úlcera que ya lo envió al hospital de urgencia, donde estuvo recluido por más de 15 días, a principios de año; precisamente, por los días de la invasión. Sigue esperanzado en que la Unidad de Víctimas, por fin, lo favorecerá. Y en que la política pública de vivienda en Candelaria, esta vez, sí le darán su casa ¿Escribiremos y publicaremos en Comarca Literaria un tercer (este es el segundo: lea aquí el primero) reportaje con la buena noticia de que ya Jairo Miguel Morales Rodríguez fue favorecido con su casa propia?


A principios de año,
y en plena invasión, 
Jairo estuvo más 
de 15 días hospitalizado
por cuenta de una
úlcera agresiva

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