8 feb 2024

La oscuridad en las calles vallenatas: otro dolor de cabeza para su habitantes

Por John Acosta

Javier Rodríguez Valdés salió de su oficina anoche a las 9:00, pues debía entregar un trabajo urgente. Acostumbraba a salir a las 5:00, antes de que oscureciera, por lo que no había notado la triste realidad con que se topó apenas puso el pie derecho fuera del umbral de la puerta: la calle estaba oscura y sola. Eso no debería asustarlo porque fue criado en un pueblo en el sur de La Guajira, cuando aún se alumbraba con lámpara de querosen en las casas y a los caminos serpenteantes no les alcanzaba a llegar la claridad artificial; sin embargo, en ese momento, sintió pavor: estaba muy cerca del centro de Valledupar, ciudad cercada por la más terrible ola de inseguridad.

Rodríguez Valdés se llenó de ánimo y avanzó. La mayoría de los postes del alumbrado público tenían sus pantallas funcionando, pero la luz no alcanzaba a caer en la calle porque se lo impedían las ramas de los frondosos árboles. Para caminar en el día, como lo hacía a diario, la sombra era perfecta porque lo protegía de los intensos rayos solares, pero la oscuridad de la noche es, lamentablemente, sinónimo de atraco y hasta de asesinato.


Obviamente, no se trata de volver a cometer lo que, en su momento, se conoció en la capital del Cesar como arboricidio, con la tala y poda de árboles que, a finales de febrero de 2020,hizo la Gobernación y al entonces Electricaribe, en la avenida Simón Bolívar, entre carreras 21 y 44. No. Lo que Javier Rodríguez pidió en silencio, mientras caminaba aterrorizado por la avenida 16, era un trabajo mesurado con las ramas de los árboles para garantizar que la ciudad tenga una perfecta iluminación nocturna.


En cada paso que avanzaba (porque le parecía exponerse más si se quedaba de pie esperando un transporte que lo llevara a su casa), Javier Rodríguez Valdés se erizaba con el viento helado que le recorría el interior de su cuerpo cada vez que la negrura dejaba vislumbrar una moto con pasajero que pasaba, que era a cada momento. Había decidido no tomar un taxi en la calle porque se horrorizaba con la idea de ser asesinado al no tener para pagar un amenazante “paseo millonario”; entonces, caminó tres eternas cuadras hasta el parque de la gobernación para poder sacar su celular en el CAI que estaba ahí: la presencia policial le tranquilizaba poder poder usar su dispositivo electrónico y solicitar un servicio de transporte.


Lo cierto es que, camino a su casa, mirando por la ventanilla del automóvil que lo llevaba, pudo comprobar que las calles de Valledupar estás a oscuras, no tanto por falta de luminarias en los postes (que también es un problema), sino, sobre todo, por la falta de poda en los árboles que engalanan a la ciudad.


Anoche, Javier Rodríguez pudo llegar a su casa sin contratiempos, afortunadamente, pero eso no evita el enorme peligro a que se exponen los valduparenses al transitar por las calles en tinieblas.


Publicado en el Semanario La Calle el 2 de febrero de 2024


1 comentario:

  1. La realidad de nuestro Valledupar. Muchas de las veces, no es el follaje de los árboles que obstruyen el alumbrado, sino que, a lo mejor, las lámparas están dañadas o, sencillamente, no hay.

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