14 feb 2024

Bosconia se muere de sed: ¿hasta cuándo, señores políticos?

Por John Acosta @Joacoro X

No es la primera vez que Andrés Gómez se baña con totuma; en realidad, fue criado en los pueblos costeños, donde la falta de acueductos eficientes, por la escasez de agua, es un problema constante; sin embargo, nunca antes, en sus cerca de 50 años de vida, le había tocado dejar de bañarse completo durante más de una semana.

Alcides Gómez vive en una pensión en Bosconia, donde, con él, se alojan 14 personas más. Aunque es de Codazzi, Cesar, Alcides tiene su casa en Valledupar, donde residen su esposa y sus dos hijos. Hace cinco años, consiguió laborar en la sede de una entidad bancaria en Bosconia. Y, en todo ese tiempo, a él y a sus amigos pensionados les ha tocado padecer el enorme problema que trae todos los veranos en ese municipio cesarense: la falta de agua.

Bosconia tiene el privilegio geográfico de estar ubicado en una zona del departamento donde, como pocas poblaciones en el país, hay cuatro salidas para igual número de grandes centros urbanos: Bucaramanga, Cartagena (por Plato, Magdalena), Barranquilla y la capital del Cesar, Valledupar; sin embargo, esa ventaja comercial tiene un tremendo déficit que padecen constantemente los habitantes de esta tierra: no hay ningún río cercano de dónde tomar agua para el acueducto.


Por tanto, el acueducto de esta población capta el agua en pozos profundos. No ha sido una solución eficaz, a juzgar por el sufrimiento diario de los bosconenses. Es comprensible que la resequedad de los veranos del trópico mermen de forma significativa la capacidad de estas cavidades recónditas. lo que es inaceptable que, después de tanto tiempo, los políticos no hayan dado resuelto este apremiante problema.


La señora Milena, dueña de la pensión donde reside Alcides Gómez, vive pegada al Espíritu Santo para que le haga el milagro diario de tenerle el agua suficiente para bañarse los 15 inquilinos de su negocio. Recientemente, y por más de un semana, cada uno de ellos tuvieron que mojar un trapo enjabonado para pasárselo por las axilas y por sus partes íntimas con el único propósito sagrado de no ir a laborar con la hediondera  de sudor del día anterior.


Ese calvario rutinario lo sufre todos los días la señora Milena, muerta de la vergüenza por la impotencia de no poder brindarle a sus clientes la salubridad que ellos pagan; no obstante, lo que no sabe ella es que son sus 15 inquilinos los que padecen todos los días al ver sufrir a la abnegada dueña de la casa por no poder ofrecer las comodidades que ella quisiera.


Bosconia padece por la falta de este vital líquido. De nada ha servido la creatividad de cada uno de los dueños de casa, que hacen en sus hogares acueductos artesanales para tratar de mitigar el problema.  La señora Milena, por ejemplo, tiene dos tanques elevados de una considerable cantidad de metros cúbicos de agua, más una enorme alberca en tierra. Aún así, no ha podido garantizar que sus inquilinos disfruten de este servicio: a veces, los carrotanques particulares no dan abasto para suplir la necesidad del pueblo, ni tampoco alcanzan las pimpinas que lleva la gente de Valledupar o del vecino municipio de El Copey.


Se requiere con urgencia que las autoridades resuelvan esta situación, pues los pozos profundos del acueducto han demostrado que no son suficientes para los bosconenses.


Publicado en el Semanario La Calle el 11 de febrero de 2024


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Muchas gracias por su amable lectura; por favor, denos su opinión sobre el texto que acaba de leer. Muy amable de su parte