La negociación: ¿... Y se salió Ramsés Vargas con la suya? (2)


Por John Acosta

Es muy difícil ser objetivo en la apreciación de un hecho, cuando uno fue protagonista inicial de ese suceso; sin embargo, no se debe dejar de expresar la visión que se tiene de las experiencias que se vivieron, por el temor de no ser imparcial; al revés: se debe contar lo que se siente, sobre todo, para que quede en los anaqueles de la historia.


El éxito de  la protesta y mi paranoia

Iniciamos la protesta en la mañana del miércoles 21 de febrero. Los medios locales, regionales y nacionales nos apoyaron desde el principio. Al igual que todos los estudiantes. La Facultad de Ingeniería se nos unió, pues ellos habían iniciado el cese en forma silenciosa. Cuando vieron la acogida tan amplia que tuvimos, el sindicato puso lo que denominó la Carpa del Hambre al lado de la entrada de la universidad: ahí se mantuvieron solitarios. Fue una jornada espectacular. El inicio de las protestas coincidió con la llegada de la inspectora in situ que había nombrado el Ministerio de Educación para nuestra universidad. En la tarde de ese día, se acercó a mi oficina el gerente de Talento Humano, quien me había hecho algunas llamadas a mi celular, que no contesté. Afortunadamente, yo estaba acompañado de algunos de mis compañeros de la protesta y hablamos delante de ellos. Que pensáramos en la posibilidad del diálogo, que se podía buscar una salida decorosa a la situación. Ahí quedó el asunto. Lo que más temía yo era que me trataran de enlodar; es decir, que trataran de hacerme ver como si estuviera negociando por detrás para deslegitimar mi lucha. Particularmente, a mí, que había dado declaraciones contundentes a todos los medios en contra de Ramsés Vargas y los altos directivos que lo acompañaban. Al fin y al cabo, ya había circulado un meme y una nota de voz en donde nos acusaban de ser cómplices de Ramsés Vargas.

En la mañana del día siguiente, llegué temprano y me senté en uno de los bordes centrales de la plazoleta. Se me acercó un director de área de la Facultad de Ingeniería, que identifiqué como afín a la administración. No sé si la paranoia de que me estuvieran haciendo un montaje para deslegitimarme, me hizo sospechar de él y, por lo tanto, sentir que me decía cosas incoherentes sobre la protesta. Iba pasando por ahí uno de los vicerrectores, quien es, además, miembro antiguo de la Sala General y del Consejo Directivo; también se acercó donde yo estaba y aumentó mi temor de que me asociaran con ellos. Les mostré el meme que habían hecho circular por las redes, en donde nos mostraban a tres líderes de las protestas como escuderos de Ramsés Vargas. “Nojoda, ¿y esa vaina será cierta?”, me preguntaron al tiempo con una sonrisa burlona. Me alejé de ahí y me fui a otro lado de la plazoleta con otros docentes.

Precisamente, estando con esos docentes, pasa el gerente de Talento Humano y me dice: “Oye, ahorita te llamo para lo que hablamos ayer”. Lo hice que aclarara que él había ido a mi oficina la tarde anterior y, en presencia de varios compañeros de trabajo, me propuso que no le diéramos la espalda al diálogo. Les conté a mis compañeros lo que sospechaba y estuvieron de acuerdo conmigo en que era necesario que lo contara a todos en la plazoleta. Así lo hice. Cometí el error de señalar, delante de todos los manifestantes, al director de una de las ingenierías que hablaba en ese momento por celular. Tuve que calmar a los estudiantes que se abalanzaron sobre él. Afortunadamente, se calmaron.

Gracias a la cobertura que, desde el primer día, nos brindaron los colegas de los
medios masivos
En la tarde de ese día, hicimos una reunión con todos los docentes y directores de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas para hacer un balance de las dos jornadas. Concluimos que era necesario o formar un sindicato o afiliarnos al que ya existía, pues era claro que, aunque protestábamos por una causa justa,  estábamos desprotegidos frente a Ramsés Vargas, que podría despedirnos sin justa causa, como ya lo había hecho con muchos en el pasado remoto y reciente de su desgraciada gestión. Llamamos a una líder de Sintrauac, cuyos pocos afiliados seguían atrincherados, en solitario, en su carpa de la entrada de la universidad. Ella, y otra sindicalista, llegaron a la reunión y nos despejaron dudas.

Había una duda en relación con los directores de las áreas de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, que, hasta entonces, habíamos encabezado las protestas y habíamos dado la cara frente a los medios de comunicación con duros pronunciamientos sobre Ramsés Vargas y su séquito: si, por ocupar esos cargos, no podíamos afiliarnos al sindicato. La líder de Sintrauac llamó al presidente de la regional Atlántico de la Central Unitaria de Trabajadores y nos aclaró la cuestión: si podíamos asociarnos, pero no hacer parte de la Junta Directiva del sindicato. Esa tarde, decidimos inscribirnos todos en masa. La noticia se regó entre los demás docentes y empelados de la universidad e iniciaron las afiliaciones masivas todos los días: Sintrauac pudo llegar otra vez a los más de 500 afiliados.

El plantón en la Plaza de la paz
Al tercer día de protesta, llegué antes de 6:30 de la mañana a la plazoleta. Me senté en los bordillos del centro a leerme el periódico gratuito que entregan en la entrada de la universidad. Y ahí llegó el vicerrector administrativo, el segundo al mando en nuestra institución educativa, a saludarme. Le respondí el saludo, pero intenté ignorarlo para que no se fuera a pensar que me estaba vendiendo: otra vez la paranoia por el famoso meme volvió a rondarme. No sé cuánto tiempo pasó ahí, él de pie al lado mío y yo sentado en el bordillo leyendo el periódico, justo en donde registraban nuestras acciones; ambos sin musitar palabra alguna, distinta al saludo inicial. ¿Pasó un minuto?, ¿tal vez dos?, ¿tres? Hasta que él volvió a tomar la iniciativa: “Amigo Acosta, lo invito a que nos tomemos un tinto”, me dijo y me señaló la acera del frente de la Universidad. “Gracias, viejo Pedro, pero no es conveniente para mí que nos vean juntos”, le respondí. El hombre entendió mi posición y se despidió. Al rato, pasó la subgerente de Talento Humano, prima de Ramsés Vargas, y se me acercó. “John, te agradezco que no incites a los estudiantes a la violencia”, me dijo. Le dije que en ningún momento yo había dicho eso. Y me recordó el episodio de la mañana anterior, con el director del programa de ingeniería que yo consideraba amigo de la administración.

El sindicato se toma la protesta y la paranoia de otros

Esa misma mañana, sentía que la monotonía nos podía enfriar el ambiente. Tomé la pancarta de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, junto con otros compañeros docentes, y decidimos hacer un recorrido por toda la universidad, seguidos por los estudiantes y demás profesores y directores de otras facultades que ya se habían unido a la protesta. Luego, salimos y dimos la vuelta por los alrededores externos de nuestra universidad. Ese viernes 23 sentí que culminamos exitosamente la semana.

De la Plaza de la paz, caminamos hasta la gobernación del Atlántico
El martes 27 de febrero no pudimos hacer la marcha desde la universidad hasta la Plaza de la paz, pero llegó cada quien por su lado y nos concentramos en la emblemática plaza barranquillera. Los estudiantes nos motivaron a ir hasta la Gobernación del Atlántico y fuimos. Seguimos hasta la sede en Barranquilla de la Fiscalía General y, al pasar por el Centro Cívico de los juzgados, nos detuvimos un momento y gritamos “¡justicia, justicia!”. Lo mismo hicimos cuando llegamos a la Fiscalía.

No sé en qué día exacto de esa misma semana (creo que fue en la tarde, después de la movilización en la plaza, o en la tarde del día siguiente), Sintrauac, envalentonado por la cantidad de afiliados que habían llegado masivamente, convocó a una Asamblea General. Y allí se decidió lo que ellos llamaron la toma de la universidad, que no es otra cosa que la toma de las protestas. No pude quedarme hasta el final de esa Asamblea porque recibí una llamada en donde me decían que uno de los delegados del Ministerio se reuniría con los líderes que iniciamos la protesta. En esa reunión, reiteramos nuestras exigencias al Ministerio: la salida del Rector, junto a su familia y allegados y el pago de salarios y prestaciones atrasadas a todos.

En la madrugada del jueves 1º de marzo, la llamada Carpa del Hambre, que Sintrauac había puesto a una lado de la entrada, al inicio de las protestas el 21 de febrero, como esperando el momento de dar el zarpazo para adueñarse de lo que ellos no pudieron hacer porque no tenían capacidad de convocatoria: ese primero de marzo dieron el golpe de gracia a quienes iniciamos el movimiento el 21 de febrero. Trasladaron su Carpa del Hambre justo en la entrada principal de la universidad y pusieron una escalera acostada sobre los torniquetes para impedir el paso hacia el interior de la institución: solo dejaban ingresar a los afiliados al sindicato, a los estudiantes y a la inspectora in situ y sus asesores, que habían sido delegados por el Ministerio de Educación para vigilar e investigar las acciones financieras y administrativas en la universidad. Así se apoderaron de la protesta masiva que ellos nunca pudieron convocar. Ni ese día ni el siguiente, la inspectora in sito y sus compañeros pudieron hacer su trabajo, pues a sus pares por parte de la administración de la Autónoma del Caribe no los dejaron entrar. Se perdieron dos preciosos días de trabajo. Afortunadamente, los líderes sindicales recapacitaron y, a partir del lunes 2 de marzo, los delegados del Ministerio pudieron retomar sus labores frente a sus pares. El golpe a quienes habíamos iniciado y liderado la protesta masiva ya estaba dado: Sintrauac se tomó el movimiento que sus directivas no habían podido hacer masivo, después de varios intentos.

El sindicato se tomó la protesta, colocando su Carpa del hambre en la
entrada de la universidad
Ese mismo jueves, la vicefiscal general de la  Nación, María Paulina Riveros, llegó a Barranquilla para apersonarse de las investigaciones sobre los hechos que generaron la crisis en la universidad. Los líderes que iniciamos las protestas fuimos relegados. En el chat de WhatsApp del sindicato se dijo que ella atendería a quienes quisieran ir, a partir de la una de la tarde, en el edificio de la Fiscalía. Los directores de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, que habíamos iniciado la protesta, fuimos hasta allá en dos transportes distintos. Cuando llegué, ya estaban los líderes estudiantiles, un director de programa de la Facultad de Ingeniería y tres directores de nuestra Facultad. Me dejaron ingresar a la recepción, junto con la compañera que me acompañó. Al rato, llegaron los líderes sindicales, que no dejaban entrar porque ya había mucha gente en la recepción y todavía no era hora de oficina.

Logramos que los dejaran ingresar y vino la primera acusación directa por parte de ellos hacia quienes habíamos iniciado las protestas masivas: que nosotros nos habíamos venido escondidos a reunirnos en secreto con la vicefiscal. La cuestión empeoró cuando bajó un delegado de la vicefiscal con una lista de quienes ella iba a recibir: el director del programa de ingeniería, el director de un programa de nuestra Facultad (que no era yo, por supuesto) y unos cinco estudiantes. Insistimos en que, por favor, recibieran también a un delegado del sindicato. El delegado de la vicefiscal subió y bajó con respuesta positiva, pero los líderes  sindicales querían que también subiera el presidente de la CUT en el Atlántico. El delegado volvió a bajar con respuesta negativa: la vicefiscal solo se reuniría con gente de la universidad. Los líderes sindicales pidieron, entonces, solidaridad a los estudiantes y a los dos directores de programa que iban a subir: la consigna era que si no atendían también al líder de la CUT, no subía nadie a hablar con la vicefiscal. La corresponsal de W Radio y otra periodista que estaba ahí opinaban que, por lo menos, dejaran subir a los estudiantes, pero el sindicato insistía en la solidaridad. No había nada qué hacer, todos devolvieron los carnets de ingreso a pisos superiores y recibieron sus documentos de identidad. Entonces, el presidente de la CUT sacó un as debajo de la manga, que siguió usando para estar en todos los procesos de las protestas: “yo soy padre de familia, mi hijo estudia en la Autónoma y subiré como padre de familia”. Así fue.

El golpe de gracia a quienes promovimos las protestas masivas

El CTI de la Fiscalía General se tomó el Edificio Administrativo para
realizar las investigaciones correspondientes
Pienso que ese episodio en la Fiscalía, agregado a que los directores de todas las facultades que participaban en las protestas nos reuníamos periódicamente para ir definiendo estrategias de esta lucha, y la Junta Directiva del sindicato se reunía por su lado, fueron creando desconfianza entre los dos grupos. Sumado a eso, algunos profesores de tiempo completo fueron sacando el resentimiento acumulado por tantos años de sometimiento y frustración, primero con la administración de Silvia Gette y, después, con la de Ramsés Vargas y la proyectaron en contra de sus jefes inmediatos, los directores de programas. Cada vez que nos reuníamos los directores, merodeaban el lugar y, al salir, nos increpaban: “ustedes qué hacen a escondidas del sindicato: Sintrauac es el único que nos representa a todos en las negociaciones”. Afortunadamente, no lo sentí con los docentes del departamento de Humanidades, el cual dirijo y agradezco el apoyo que me han brindado, pero sí con los de otras dependencias.

Al inicio de las protestas, delegamos docentes en varios equipos de trabajos. Uno de esos conjuntos fue el encargado de interactuar con los estudiantes: alguno o algunos de esos docentes, que se habían afiliado a Sintrauac, dos o tres meses antes,  también se encargaron de ir poniendo a los estudiantes en nuestra contra, al parecer, en coordinación con Sintrauac. El argumento pueril que ellos y el sindicato usaban era que los directores de áreas académicas buscábamos llenar los cupos en la Sala General y en el Consejo Directivo que los familiares de Ramsés Vargas iban dejando. Por eso, escribí en el mencionado grupo que ni siquiera aceptaba el cargo de Decano, que es el que está inmediatamente superior al que tengo ahora. Y agregué que ponía mi cargo de director a disposición, pues me sentiría orgulloso volver a ser profesor de tiempo completo, pero si no querían, me conformaba con horas cátedras.

La irracionalidad llegó a tal punto que hicieron circular en las redes del sindicato un escrito titulado “Los camaleones del poder en la Uniautónoma del Caribe”. Y escriben: “Corruptos camuflados en los estamentos de la Uniautónoma, se infiltraron en los sindicatos, Consejo de Padres de Familia, del movimiento estudiantil, obedeciendo consignas de la pasada y aún presente administración que le dictan sus jefes políticos, llámese Name, Cepeda, Benedetti o Amín. Compañeros estudiantes, la velocidad con que cumplen órdenes estos funcionarios corrosivos de la administración anterior y aun presente, de infiltrarse en los sindicatos para protegerse de un rendimiento de cuentas y a sus antiguos jefes, como es el caso de John Acosta (y mencionan a otros directores y algunos docentes)”. Ni siquiera se informaron bien antes de verter este veneno de su bilis ponzoñosa: en este informe de W Radio está la acusación que hago de los políticos que al autor de ese mensaje desafortunado menciona en su primer párrafo del escrito de marras. (Aquí se puede leer el informe de W Radio sobre esa denuncia pública que hice)

La negociación: ¿… y se salió Ramsés con la suya?

Con esas jugadas rastreras por parte de Sintrauac, fuimos marginados de la negociación.  Solo un director de área académica participó en ella. El resto de directores, quienes firmamos en su momento un comunicado en contra de los Decanos, jefes nuestros que habían firmado, por su parte, una declaración de apoyo a Ramsés Vargas cuando las protestas estaban en plena ebullición, fuimos excluidos. Ni siquiera quienes iniciamos las protestas masivas, desde la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, fuimos invitados. 

La redacción de los acuerdos, el triste final de la
negociación
Se firmó, finalmente, el acuerdo, entre los representantes de Sintrauac; el de los padres de familia, organizados por Sintrauac, y el de los egresados, también organizados por Sintrauac; es decir, Sintrauac negoció por sí solo el levantamiento de las protestas masivas, que habíamos iniciados quienes no hacíamos parte del sindicato. Los representantes de los estudiantes no firmaron porque no estuvieron de acuerdo. Básicamente, los acuerdos buscan reanudar las clases con el pago paulatino de los sueldos atrasados y la promesa de remover de sus cargos a los directivos cercanos a Ramsés Vargas. La remoción no implica, necesariamente, el despido, pues, si se despiden, se debe pagar indemnización a quien no la merece; por lo tanto, habría que esperar a que la Fiscalía General empiece a generar órdenes de captura para poderlos despedir sin indemnización. Lo mismo sucede con la salida de los miembros de la Sala General y del Consejo Directivo: habría que esperar a que renuncien o echarlos, si se libra orden de captura en contra de ellos. Para reemplazarlos, se hará en forma democrática, teniendo en cuenta, primero, a la comunidad de la Universidad Autónoma del Caribe. El sindicato negoció, además, un puesto para Sintrauac en la Sala General, que es el máximo órgano de decisiones de la Universidad Autónoma del Caribe; en las negociaciones para levantar las protestas masivas que ellos no iniciaron y que se tomaron con argucias, Sintrauac obtuvo también la Secretaría General de la universidad; es decir, nos acusaron a los líderes iniciales de las protestas de estar buscando altos cargos en los niveles decisorios de la universidad y resultó que era el sindicato quien buscaba eso. 

Los pagos se empezaron a realizar desde el jueves 8 de marzo: se están poniendo al día con el año 2017; es decir, se paga el mes de noviembre y diciembre a los administrativos y profesores de tiempo completo. Hasta hoy sábado, no se les ha pagado a todos. Lo que ha generado bastante malestar en este punto es que a los catedráticos no se les ha empezado a pagar, con el argumento de que, como ellos trabajan en otras partes, no son prioridad. Lo peor es que a ellos es a los que más se les debe: desde septiembre del año pasado.

Estudiantes manifiestan su descontento por la firma de los acuerdos
En conclusión, los allegados y familiares de Ramsés Vargas seguirán dentro de la Universidad, así como el Rector impuesto por él ante el Consejo Directivo. No sé con qué oscuros propósitos se les dijo a los estudiantes que los culpables del resultado de esta negociación, éramos los directores, a quienes no nos dejaron participar en ella. Ayer viernes, los líderes estudiantiles protestaban rabiosos por la firma de los acuerdos. Fui hasta la plazoleta y todavía no sé qué fue lo que más me desmigajó el alma: verlos llorar de impotencia o sentir el latigazo de sus miradas acusadoras sobre mí. Allá ellos sin siguen creyendo en quienes se aprovechan de su ira.

La tristeza, el cansancio y la decepción me embargan el alma, pero la certeza de no permitirme hacer parte de esta especie de Patrio Boba que se ha formado alrededor de esta protesta justa, me hace aceptar con humildad todas las infamias que me han levantado. Ahí les dejo la protesta que inicié con unos compañeros hace más de 15 días, arriesgando mi pellejo al exponerme frente a los medios de comunicación y agitando a la masa en la plazoleta. Hagan con ella lo que quieran. Les reitero que, por mi lado, pueden estar tranquilos: no participaré en la rebatiña de aves de rapiña que merodean para abalanzarse sobre los cargos que van dejando Ramsés Vargas, su familia y sus allegados. No me interesan. Y, si lo desean, también les pongo a la orden la dirección del área académica que regento. Si tienen misericordia, les rogaría que, por lo menos, me dejen de docente.

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Comentarios

  1. PRIMO hermano, execelente articulo, Dios lo guarde. Espero que se acuerde de su prima.

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