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¿El nuevo partido y la disidencia guerrillera solo comparten la sigla Farc?

Lo que semeja el pistilo de la rosa en el
logo del nuevo partido, muchos lo
interpretan como la estrella del Partido
Comunista
Por John Acosta

¿La Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) solo difieren del número gramatical en sus nombres?; preguntado de otra forma, ¿estas dos fuerzas ideológicas no solo comparten la misma sigla? La primera es el resultado de la desmovilización de una de las más antiguas (y la más poderosa) guerrilla colombiana y la segunda corresponde a las diferentes facciones disidentes de ese mismo grupo armado ilegal, que no aceptaron el acuerdo firmado entre sus máximos dirigentes y el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos. Los desmovilizados prefirieron aprovechar el amplio nivel de conocimiento y de recordación que tienen los colombianos (y el mundo) de esa sigla para quedarse con ella: cambiaron el plural Armadas por el singular Alternativa; y remplazaron, además, el “de Colombia” por el “del Común”. Las disidencias no han dicho todavía si se quedan con la misma sigla y el mismo nombre. Es de suponerse que sí, si uno se atiene a otro proceso de paz en Colombia, con disidencia a bordo: la sigla EPL, tanto para los desmovilizados como para los que no acataron la decisión de sus líderes de cesar la vía armada con el objetivo de alcanzar el poder. En ese entonces, los que se quedaron en el monte echando plomo contra el estado colombiano se siguieron llamando Ejército Popular de Liberación y el nuevo partido, resultante de los acuerdos de paz, se llamó Esperanza Paz y Libertad.


EPL: Esperanza Paz Libertad, Ejército Popular de Liberación
Sí es cierto que en ambos casos (Farc y EPL), las siglas tenían un elevado índice de recordación en la memoria de los colombianos. El enorme riesgo consiste en que esas siglas son asociadas con hechos negativos: secuestro, extorsión, boleteo, asesinatos, atentados terroristas, en fin; esto podría generar un rechazo al nuevo partido. De hecho, Esperanza Paz y Libertad (EPL) ya no existe: no es responsable afirmar que su desaparición se deba exclusivamente a la mala imagen que proyectaba su sigla, pero es obvio deducir que este aspecto contribuyó, en forma significativa, a la inanición de esta naciente agrupación política; el otro culpable de la desaparición de Esperanza Paz y Libertad fue el grupo guerrillero Farc: Entre mediados de 1991 y finales de 1996 las Farc cometieron 18 masacres en el Urabá antioqueño dirigidas contra desmovilizados del Ejército Popular de Liberación (EPL), a quienes acusaban de “traicionar la causa revolucionaria”. Y los disidentes que se quedaron con el viejo nombre, Ejército Popular de Liberación (EPL), han subsistido invisibles como un grupo armado que comparte, con otros de su calaña (disidentes de las Farc, algunos miembros del Ejército de Liberación Nacional y bandas criminales –delincuentes comunes), la actividad alrededor del narcotráfico y toda la maraña criminal que ello implica.

El M-19 guerrillero nunca se consideró marxista-leninista. Su logo no tuvo
 la estrella del comunismo
Lo único que diferencia estos dos casos anteriores (Farc y EPL) con otro proceso de paz entre el estado colombiano y una guerrilla de izquierda (Movimiento 19 de abril, M-19), es que en el M-19 no hubo disidencias; sin embargo, también aquí la resultante agrupación política se quedó con la misma sigla que usaba en su quehacer armado, aunque le adicionó dos letras que se anteponían a la reconocida sigla: AD, que significaba Alianza Democrática; entonces, quedó AD M-19 y, hay que decirlo, tuvo exitosos resultados en elecciones: fue la segunda fuerza que más votos obtuvo en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 (sacó 19 constituyentes, de 70); incluso, su líder político del momento, Antonio Navarro Wolf, fue copresidente de esa Asamblea Nacional Constituyente; la AD M-19 se convirtió en el tercer movimiento político que más senadores (nueve, de 102) y representantes a la Cámara (13, de 161) eligió en 1991. Hasta que terminó haciendo parte de la gran coalición de la izquierda democrática Polo Democrático Independiente (PDI), que, al unírsele la Alianza Democrática, se convirtió en el Polo Democrático Alternativo (PDA).

Luego, algunos de sus ex miembros ocuparon altos cargos de elección popular, por distintas agrupaciones políticas de izquierda: Antonio Navarro Wolf fue alcalde de Pasto (el mejor del país en ese período), gobernador de Nariño, representante a la Cámara por Bogotá y senador de la República (fue quien propuso el impuesto a las bolsas plásticas en la pasada reforma tributaria); Gustavo Petro fue representante a la Cámara por Bogotá, senador de la República (excelente, por cierto) y alcalde de Bogotá (más bien, malo: no por corrupto sino por pésimo administrador); Marcos Chalita fue diputado a la asamblea del Huila por dos períodos. Incluso, ha alcanzado para que ex miembros del grupo guerrillero M-19 ocupen cargos de elección popular por partidos considerados de derecha, como Everth Bustamante, responsable de las relaciones internacionales de esa agrupación, hoy es senador de la República por el Centro Democrático; y Rosemberg Pabón, quien comandó la famosa toma de la embajada de la República Dominicana, en Bogotá, donde habían 16 diplomáticos de alto rango de diferentes países, incluyendo al embajador de Estados Unidos, quienes convergieron allí ese día (27 de abril de 1987) para conmemorar la fiesta de independencia de la República Dominicana, ese mismo Pabón fue derrotado candidato al Senado por Convergencia Ciudadana, partido de derecha, y fue funcionario del gobierno de Álvaro Uribe, considerado de derecha.

Otro caso de movimiento político surgido de una guerrilla desmovilizada en Colombia es el de la Corriente de Renovación Socialista. El proceso de paz con esta insurgencia armada fue diferente a los otros procesos mencionados arriba: en los anteriores, el grueso de los guerrilleros se desmovilizó y disidencias minoritarias quedaron en el monte. En el caso del ELN (Ejército de Liberación Nacional) fue al revés: el grueso quedó en el monte y una disidencia se desmovilizó, pero fue tímida frente a la sigla, no fueron capaces de quedarse con ella y prefirieron otro nombre, Corriente de Renovación Socialista (CRS).

Una disidencia se desmovilizó y el grueso del ELN sigue en el monte
En todo caso, las tres agrupaciones políticas surgidas al final de procesos de paz (AD M-19, EPL y CRS) ya no existen en el panorama democrático nacional. Hoy llega una cuarta, la Farc, que comparte sigla con la disidencia que se quedó en el monte, aunque el naciente movimiento político haya variado dos aspectos del nombre original que dieron origen a la sigla, hace más de 50 años.

Lo malo de compartir esa sigla, Farc, con la disidencia (además de los hechos negativos con que la ciudadanía en general asocia este nombre de cuatro letras y que se mencionaron arriba) es que hay sectores que ven un enorme engaño en “la tal disidencia”. Para ellos, no hay disidencia sino un acuerdo secreto para que se quedaran en el monte un grupo “disfrazado de disidente”, pero que, “en realidad, obedecen todavía a Timochenko y a sus comandantes desmovilizados”, cuyo único fin sería no traicionar el viejo aforismo del Partido Comunista y de las Farc de “combinar todas las formas de lucha” para llegar al poder. La decisión, entonces, de dejarle al nuevo partido la misma sigla de su pasado violento, no contribuye en nada para desvirtuar los argumentos de quienes no creen en la sinceridad de esta agrupación ideológica de que es firme su disposición de entrar de lleno a la vida civil.

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