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Bomba, tierra de relatos


Amanecer en el puerto de Bomba, Magdalena
En esta población se disfruta de la vida, todos los días se juega con las figuras literarias, siempre hay historias pendientes por contar y el pasado se deja esculcar para seguir dándole camino a los recuerdos.
Por Linda Esperanza Aragón
Allá la tierra es fina; en ella quedan registradas las huellas de los caminantes, de los taburetes, de los caballos, de los cerdos, de las gallinas y del viento. Bomba, Magdalena, no está adoquinada. La tierra parece ser un patrimonio inconmensurable. Cuando se camina, los pies quedan empolvados; por eso, es una costumbre sacudirse a la hora de acostarse a dormir.


Cuando se va la electricidad por las noches, la gente se sienta en las terrazas y esquinas para echar cuento. Siempre hay algo pendiente por relatar. Aún quedan carcajadas por soltar; todavía la noche sigue siendo el fiel escenario de las tertulias.

Un atardecer diferente en la escuelita del pueblo
Los meses más bonitos son mayo (que es la celebración de las fiestas patronales) y diciembre (tiempo de vacaciones, Navidad y Nochevieja). Los que se han ido a la metrópolis, regresan para compartir estas fechas en familia. Si hay bastante personal, nadie duerme en la calle. Cuando una casa se cierra, se convierte en un solo cuarto.

Aquellos que vienen de la ciudad son perfectamente observados por los propios bomberos; no se escapa ningún detalle, sobre todo si se trata del aspecto físico, no falta esa persona que dice sin inhibiciones:

-          “Ve, tú sí has ‘venío’ blanco y gordo. La ciudad te convino”.

Claro, en algunas ocasiones las críticas no son tan favorables; bombero que se respete dice las cosas sin maquillarlas:

-          “Oye, te veo escuálido y ‘quemao’. Te hace falta comer buena yuca con suero”.

El ocaso también es hermoso en el puerto de Bomba, Magdalena
Asimismo, todo aquel que desee engordar con todas las de la ley, debe comer la arenca, pescado típico y apetecido por la mayoría de los habitantes que, además, es transportado a los mercados de Calamar-Bolívar, Barranquilla, Cartagena y Sincelejo. Los mejores acompañantes de este pez son la yuca, el arroz, el guineo verde cocido, el bollo de yuca y el bollo limpio. La Ciénaga de Zapayán es la cuna de las arencas; es un escenario encantador: todo aquel que visita Bomba, no se va sin haberse dado un chapuzón.

Bomba es ardiente, por tal motivo, en las casas no pueden faltar cartoncitos para aliviar el fogaje. Tampoco puede faltar leña, pues las mejores comidas se hacen en el fogón. Los platos no tienen comparación; ningún restaurante citadino supera las delicias que llevan impregnadas ese humito sagrado de la hornilla. Imagínense justo ahora una arenca frita (recién salida del fogón) con bollo de yuca, ¡qué delicia! Y lo mejor es que no siga hablando de comida, porque me levanto de la silla a ver qué hay en la cocina, y no termino de escribir.

Pues sí, algunos muchachos y muchachas aprovechan las fiestas de mayo y diciembre para casarse, o bueno, como decimos los bomberos: “salirse”. Las muchachas se van al baile en conjunto, y todos los que las ven pasar, las cuentan. Cuando se regresan, las vuelven a contar. Y este es el diálogo habitual que surge cuando el grupito que se fue a bailar no regresa completo:

-        -  Alguna hizo de las suyas.

-          -¿Las cuentas están malas?

-          -Claro que sí. Una se salió por ahí con alguno. No regresaron las mismas que se fueron al baile. ¿Será que se casó con un forastero o con un bombero?

-          -Yo no sé con quién fue. Lo que sí sé es que le picaba el brío.

El rojizo de los leños encendidos indica que ya estuvo la comida
Tanto en la cocina como en los bailes y fandangos hay sorpresas y sabrosura. Recuerdo el picó “El Pescador”, que era de mi abuela Andrea. Las noches de los 80s y 90s eran de pura rumba; en esas épocas (aparte del vallenato) tenían por delante la canción “Sopas de caracol”, de la agrupación musical hondureña Banda Blanca; y la terapia africana, “El Giovanni”. El hecho de que todavía no había luz no era impedimento para danzar sin parar. Andrea tenía una planta eléctrica exclusiva para el jolgorio. Los adultos y la ‘pelaera’ se juntaban y armaban sus coreografías; aplaudían sin parar y se reían de los pases que inventaban. Eran felices.

En la actualidad, a decir verdad, desde el Nuevo Milenio, cada familia tiene en su casa un buen equipo de sonido. Un vallenato de los clásicos y un trago de caña le levantan el ánimo a los tristes, desenamorados y desesperanzados. Nadie se queja cuando se cierra una calle exclusivamente para parrandear; tampoco sorprende que haya cantinas con nombres como: “El Bombazo”, “La Chuela”, “El Leñazo” y “Tanga Ancha”. Por el contrario, estas denominaciones son parte de nuestra cotidianidad y cultura. Le aportan jocosidad al trato colectivo.

No existen tapujos para decir lo que se piensa del otro, sobre todo si se trata de mencionar los defectos. Esto se hace cara a cara, bien sea en medio de una discusión o de una mamadera de gallo:

-          -Te pareces a una chiva ‘entaconá’.

-         - Qué vas a ‘hablá’, si tienes la cara como la de un cigarrón volando.

-          -Y tú, cara de lámpara sin gas.

La soledad de la calle en otra época del
año contrasta con la alegría que la
caracteriza en diciembre
En Bomba se disfruta de la vida, todos los días se juega con las figuras literarias, siempre hay historias pendientes por contar y el pasado se deja esculcar para seguir dándole camino a los recuerdos. Y aunque es una población pequeña, la hermandad es monumental; así como su suelo, tierra, cielo, ciénaga, cultura e identidad; son tan grandes que, a la hora de querer contemplarlos hay que decir:

-          ¡Ayúdame a observar y a abrir los sentidos!

Finalmente, quiero hacer una aclaración: cuando escuchen a alguien decir: ¡ahí vienen los bomberos!, no vayan a creer que son los que apagan la candela; no, señoras y señores, son los bomberos que están hechos de estas pequeños relatos, son los que ríen y lloran sin olvidar que Bomba, Magdalena es un pueblo pequeño, pero que no es un infierno grande.
  

Aquí les dejo algunas palabras que hacen parte del vocabulario bombero:

Awaita: palabra que se utiliza para expresar asombro.
Wirro: expresión que se emplea para burlarse de alguien o algo.
Jerro: locución más profunda para ridiculizar a alguien o algo.
Efondar: romperle el fondo a una cosa.
Jorer: tener intimidad.
Alambrero, ra: persona que desea tener intimidad frecuentemente.
Porongo, ga: persona que no tiene pareja sentimental y que permanece en soledad de por vida.
Charri: hombre que reparte desmedidamente su sueldo a las mujeres.
Esmigrar: estropear a alguien o algo.
Endavete: mandar a una persona a la porra.
Nimá: cosa.
Mabonita: expresión sarcástica que se utiliza para decirle a una persona que no es tan simpática.
Bochoroco: insecto diminuto que adorna las noches bomberas.

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