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martes, 2 de octubre de 2012

Ya no sigo con Tigo


Por John Acosta

Uno no termina de sorprenderse con el descaro de las empresas de servicios públicos de este país del alma. Venía yo caminando en la tarde de hoy por las calles de Barranquilla, cuando siento que me llega un mensaje al viejo Nokia de lamparita. Sin temor a que me atracaran (la tapa de la batería está pegada con cinta pegante al obsoleto equipo), saco del bolsillo del pantalón el celular y veo la lista de mensajes recibidos: era de Tigo, el operador de telefonía móvil al que le he sido fiel (y mi señora y mi hija Aura Elisa) por más de seis años.  “Ya me están cobrando la última factura”, pensé.  ¡Qué injusto estaba siendo con el buena gente de Tigo!

Abro el mensaje y no pude evitar sentir repudio por el encabezado: “Estimado cliente Tigo,”, iniciaba. “¡Hipócritas!”, me dije con ira. Y entre más me lo decía, más retumbaba en mi mente la primera palabra: “estimado”  ¿Es que acaso ellos no tienen una lista de los clientes con los que han cometido injusticias para no  importunarlos con sus súbitas manifestaciones de cariño sin sentido? ¡Tigo acaba de atropellarme a mí y ahora me dice que me estima! ¿Acaso me toman por un tarado?

Sigo leyendo el mensaje: “tu linea (así, sin tilde en la i) pertenece al plan postpago o control (disculpen, amables lectores: yo tampoco sé qué quisieron decir con ese “o control”) y por lo tanto (así, sin las comas que separan al inciso “, por lo tanto,”) NO (así, en altas sostenidas) es necesario registrar tu equipo. Ya pertenece a las listas positivas”.

Es increíble ¿A qué equipo se refieren? ¿Al viejo Nokia de lamparita? ¡Por Dios, Tigo! O se están haciendo los pendejos o son unos desmemoriados.  Hace unos dos meses me robaron el celular que ellos (los de Tigo) llaman de alta gama. Enseguida, fui a la oficina más cercana para que desactivaran el aparato. Comprobé que yo estaba pagando un seguro mensual por mi equipo. “¡En buena hora, carajo! Ahora me darán uno nuevo”, me daba ánimo. En esa oficina no tenían sede del seguro, me tocaba ir a otra, un  poco más alejado de allí. “Si se apura, alcanza a llegar antes de que cierren”, me dijo la joven que me atendió.

Me apuré. Cogí un taxi y llegué cuando el vigilante cerraba la oficina. No me dejó entrar, por supuesto. Al día siguiente, madrugué y me tocó al revés: esperar a que abrieran la puerta. Al entrar, le conté el caso al joven que me atendió y me hizo la pregunta demoledora: “¿Trajo el denuncio?”. “Ni mierda, mi cabo”, pensé, pero apenas me salió un “no, señor, no traje nada”.
Fui a colocar el denuncio.  Regresé a Tigo con el bendito papel, llené los documentos y el joven que me atendió esta vez me dijo: “En diez días tendrá su nuevo celular”. En vista de que ya había pasado más del tiempo previsto, decidí llamar a preguntar por mi equipo. “Su solicitud fue negada porque usted pide un celular de alta gama y lo que tiene asegurado es un Nokia…”, me dijo la dulce voz femenina al otro lado de la línea.

Yo no podía creerlo. Efectivamente, hace unos cuatro años aseguré el equipo que compré. Y, obvio, todos los años hice reposición de equipo. Jamás le dije a la persona que me atendía que aseguraba el nuevo equipo, pero suponía que la lógica enseñaba que así debía ser: la empresa debe eliminar el seguro del equipo que saca y asegurar el nuevo equipo. Es decir, llevo más de cuatro años pagando un seguro por un celular que renuevo anualmente en Tigo. De modo que, según la maravilla de Tigo, yo aún sigo pagando mensualmente un seguro por un teléfono que hace más de tres años no existe ¡Qué desfachatez más grande la de esta empresa! ¡Qué forma tan elegante de robarle la plata al cliente!

El atropello no paró ahí. Aceptemos, como cordero manso, que Tigo tiene razón: la plata que estoy pagando en cuotas mensuales es por asegurar un celular que hace más de tres años no está en funcionamiento. Listo. Entonces, iría a poner otro denuncio por el robo de ese celular que hace tiempo no existe para que Tigo me lo dé nuevo. Nada, no puedo hacerlo. Al día siguiente de la fatídica llamada que hice, me llega a mi casa una notificación del tinterillo de este operador de telefonía móvil a decirme que se me negaba la solicitud dizque porque en el robo ¡no hubo violencia! Es decir, supongo que debía presentar heridas de puñaladas o de balas para que me puedan reponer el celular robado. Para la próxima, ya sé: opondré resistencia para que el ladrón me agreda y así poder hacer efectivo el seguro del celular. El colmo de los colmos.

Definitivamente, Tigo es especialista en rebasar sus propios colmos. A pesar de haber puesto el denuncio del robo de mi celular, todavía me siguen cobrando el plan de datos, como si su seguro me hubiese repuesto el equipo con el cual puedo tener ese servicio. Es obvio que con mi Nokia de lamparita actual, a duras penas puedo recibir mensajes de textos salidos de tejido, como el que recibí en la tarde de hoy de Tigo.

Y hoy me llega el mensaje a decirme que no tengo necesidad de registrar el equipo ¡¿Cuál equipo, por Dios!? ¿El de alta gama que me dio Tigo como reposición hace un año y que me robaron hace unos dos meses? ¿O el viejo equipo que no existe hace tres años? ¿O cada uno de los equipos que me han dado de reposición en todos estos años de fidelidad a una empresa nada seria que no merece tenerme como su cliente? ¿O el equipo fantasma por el que he estado pagando seguro mensual en todos estos años y que ahora Tigo se niega a devolverme?

Tigo no me genera confianza. Y yo no puedo seguir en una empresa que no es seria, que me ha robado de frente y sin inmutarse siquiera. Mañana, a primera hora, envío mi carta de renuncia a seguir con el contrato. Espero no recibir una carta del tinterillo de Tigo, donde se vale de artimañas sucias para obligarme a continuar con ellos.

Lea la solución a este inconveniente aquí: http://comarcaliteraria.blogspot.com/2012/10/tigo-me-cumplio.html