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domingo, 21 de octubre de 2012

Tigo me cumplió


Por John Acosta

A raíz de unos inconvenientes que tuve con el operador de telefonía móvil Tigo, publiqué una especie de protesta pública, donde contaba mi caso (http://comarcaliteraria.blogspot.com/2012/10/el-operador-de-celular-tigo-no-me.html ). Al leerlo, un compañero de trabajo me miró fijamente con su rostro de terrorista y me dijo: “en dos días te llaman”. Se equivocó: me llamaron el mismo día.  Resulta que yo había intentado, en dos ocasiones, colgar mi escrito en la página de de quejas y reclamos (PQR) de Tigo, pero siempre me lo rechazaba. De manera que los funcionarios de esta empresa no tendrían manera de comunicarse conmigo, pues no dejé los datos en mi blog; sin embargo, debo admitir que fueron muy diligentes, ya que a mi correo personal me llegó un mensaje, a través de mi perfil de Google, en donde me solicitaban una forma de poder comunicarse conmigo. Les envié mi número de celular.

Efectivamente, el mismo día se comunicó conmigo un funcionario del servicio al cliente de Tigo y me dijo que deseaba aclarar las inquietudes que yo había expresado en mi blog. “Adelante”, le dije. Y me justificó desde las anotaciones gramaticales que yo había manifestado hasta el porqué me habían negado la solicitud que yo había realizado. Una vez terminó, le dije que listo, que ya lo escuchado. Entonces, se puso a la orden: “no olvide comunicarse conmigo ante cualquier inconveniente”, remató. Ahí fue Troya. Le dije que ya no habría más inconvenientes, pues yo decidí cambiar de operador y que lo único que recibí de él (del funcionario con quien estaba hablando) era una sarta de justificaciones, pero ninguna solución a mi reclamo inicial.

Me respondió que su empresa no quería que yo me retirara. (Me hizo sentir importante, lo reconozco). Y que iba a averiguar con Comunicaciones, de Tigo, para ver qué podría ofrecerme. Me preguntó que a qué hora podría comunicarse conmigo al día siguiente para entregarme los detalles. “A las diez de la mañana”, le respondí.

Llegó la noche del día siguiente y no recibí la llamada. Habían algunas llamadas perdidas en mi celular de números desconocidos (yo guardé, el día anterior,  el número del funcionario con quien hablé), pero ninguna de Tigo. Como en la tarde del otro día tampoco había recibido señal alguna, decidí ir a la oficina de Tigo más cercana para hacer efectivo mi retiro. Tomé el turno y me senté a esperar. Tenía unas diez personas por encima de mí. Al contabilizar que el promedio de atención a cada usuario llevaba bastante tiempo, salí a la peluquería cercana con el turno en el bolsillo de la camisa.

En la peluquería, tuve que esperar un turno. Al salir con mi nuevo look, revisé mi viejo celular Nokia de lamparita (al cual me tocó acudir cuando me robaron el blackberry) y vi la llamada perdida del funcionario de Tigo con quien había hablado dos días antes. Le devolví la llamada. Me dio la buena noticia de que me iban a dar un blackberry 9780 (el que me robaron era un 9300) y un mes gratis con el plan de voz y datos que tengo. Me pareció una oferta razonable, suficiente para quedarme. Ahora sigo con Tigo.

Del que tenía antes
Debo decir que los escritos protestas contra algún servicio prestado por empresas al público, publicados en este blog, son los preferidos por los lectores. De los 123 textos colgados en Comarca Literaria, desde el 2007, los dos con promedio de leedores diarios más altos son  los únicos relacionados con esta temática. Eso tiene varias interpretaciones. Una es que la gente se ve reflejada en esos casos: gente del común que no tiene forma pública de expresar su inconformismo por lo que considera un derecho vulnerado. Esta debe ser una voz de alerta para las empresas que tengan como misión la prestación de un servicio al público: van a tener que revisar seriamente su forma de proceder ante la petición o queja de un cliente. No deben responder con una negación a la ligera porque consideran que el reclamante casual es un desconocido que no tiene manera de hacer valer sus derechos.

El primer caso fue uno sucedido con la tarjeta de financiamiento de un supermercado (http://comarcaliteraria.blogspot.com/2012/06/el-por-que-devolvi-mi-tarjeta-de.html). Una vez publicada la protesta pública, la empresa involucrada se puso en contacto con el afectado y accedió a los requerimientos que inicialmente había negado ¿Por qué hay que esperar llegar a esos extremos para favorecer a un cliente en desgracia? Lo cierto es que, después de solucionado el impasse, escribí un nuevo texto, donde contaba que ya me habían solucionado el problema (http://comarcaliteraria.blogspot.com/2012/07/me-he-equivocado-muchisimas-veces-pues.html), pero la lecturabilidad de este artículo, donde se cuenta lo bueno, es muy inferior al primer artículo, donde se contó lo malo, que ya se ubicó en el segundo lugar de los más leídos en toda la historia del blog.
Del que me dieron ahora

Lo mismo ha sucedido con el texto de Tigo, en donde manifiesto mi inconformidad por un inconveniente que tuve: desde su publicación, ha ocupado siempre el primer lugar con el número de lectores diarios. Y ha subido tanto la lectura de este artículo, que, en menos de 20 días, se ubicó en el quinto puesto de los más leídos, entre los 123 textos publicados, desde la creación de Comarca Literaria, en el 2007. Veamos a ver qué sucede ahora con este, donde cuento lo bueno que me pasó con Tigo.