Buscar este blog

lunes, 9 de julio de 2012

El porqué seguí con mi tarjeta de crédito Olímpica

Por John Acosta

Me he equivocado muchísimas veces, pues,  afortunadamente, mi fragilidad de humano sale a flote con mucha frecuencia. No obstante, la fortaleza humana aparece casi enseguida y me pone frente al espejo de la dura realidad de seres inermes, pero valientes: me toca reconocer mi propio error. No han sido pocas las oportunidades que he contado con la satisfacción de que la persona o la institución que padeció mi falla, me dé una segunda oportunidad para enmendar mi acción: en las ocasiones que ha pasado, lo he agradecido con la profundidad que remueve mis entrañas. Por eso, cada vez que el uso de la razón me lo permite, soy consecuente cuando el destino me ha puesto en la orilla opuesta; es decir, cuando es a mí a quien me ha tocado sufrir disparates de otros, no dudo ni un instante en dar otro chance, si así es solicitado. Jesús de Nazareth lo enseñó de otra manera: hay que poner la otra mejilla.

Me acaba de pasar con la Tarjeta de Crédito Olímpica (TCO). El pasado jueves 14 de junio tuve un percance que conté en este blog: http://comarcaliteraria.blogspot.com/2012/06/el-por-que-devolvi-mi-tarjeta-de.html Nueve días después (el viernes 22 de junio de 2012), recibí una llamada de una dama amable que se identificó como la coordinadora nacional de TCO. Por supuesto, ofreció disculpa, me explicó el procedimiento interno y me solicitó que, por favor, les diera una segunda oportunidad de atenderme, pues ya la ampliación del cupo estaba aprobada. Me pidió que fuera hasta su oficina para hablar personalmente.  Acepté ir.

Les conté a mis compañeros de trabajo lo de la llamada. Ellos empezaron a tejer conjeturas alrededor del asunto: "te van a dar el televisor",  dijo uno; "además del televisor, te van a encimar el blu-ray disc", me dijo otro. Yo, obviamente, no esperaba ni lo uno ni lo otro, pues conocía muy bien el perfil de las empresas criollas: su arrepentimiento no podría llegar hasta allá. En esa lluvia de hipótesis que cayó en mi oficina, una compañera se apartó del parecer del resto. "Si le van a dar algo, no reciba nada", me dijo.

Y enseguida aclaró su posición. Hace cinco años, ella y su marido se acercaron a la caja de una de las Olímpica a pagar las compras que llevaban en el carrito. El valor del mercado era superior al cupo disponible de su TCO. Entonces, solicitaron una ampliación del crédito y se lo negaron por la misma razón por la que me lo habían negado a mí: se habían atrasado en el pago de una de sus cuotas. Sin embargo,  ¡ellos tenían el doble de tiempo que yo de fidelidad con su TCO: diez años! En esa época, ellos tomaron la misma determinación que yo había tomado el mismo 14 de junio: devolver la tarjeta.

Llegué a la oficina de la coordinadora nacional de TCO a la hora acordada. Me dijo exactamente lo mismo que me había dicho por teléfono. Aproveché la ocasión y le expuse la queja de mi compañera de trabajo. Llamé a la compañera y la puse a hablar con la coordinadora de TCO. Efectivamente, en el archivo digital de Serfinansa (compañía de financiamiento que maneja la TCO) aparecían los nombres de mi compañera y de su esposo como ex clientes. Ella (la compañera mía de trabajo) admitió que los precios de Olímpica y de SAO (super almacenes Olímpica) eran muchos más económicos (incluso, más que los del supermercado donde ellos ahora son clientes desde hace cinco años). No obstante, se mantuvo firme en su decisión de no regresar: "los precios bajos no lo son todo", me dijo.

La coordinadora quedó en llamarme en horas de la tarde, para confirmarme si todavía estaba el televisor que causó toda la discordia.  Me llamó al día siguiente (sábado) después de la hora del almuerzo.  Me esperó pacientemente en el almacén. Hasta ahí, yo no había decidido si continuaba o no con la tarjeta. La coordinadora estaba en el almacén con su hija adolescente, lo que me pareció un detalle de su parte, pues estaba sacrificando su día en familia para atenderme.  Llegaron a mi conciencia las razones que expuse en el primer párrafo de este texto.

Acepté darle la segunda oportunidad a Serfinansa. Pagué el televisor, el blu-ray disc y las tres gafas especiales para ver en tercera dimensión. Y lo hice todo con la nueva tarjeta, que tenía ya el cupo ampliado. La coordinadora me dijo que iba a solicitar a sus jefes para que autorizaran darme una de las gafas.

Esta semana recibí una carta de la jefe de servicio al cliente de Serfinansa. "Respecto a los hechos comentados en su blog nos permitimos informar que de acuerdo a lo que usted menciona en su comunicación hemos requerido a los funcionarios que intervienen en este proceso para que esta situación no se presente en lo sucesivo con el fin de mejorar con los procesos de la entidad", dice en la misiva. Y agrega: "teniendo en cuenta lo anterior le ofrecemos nuestras sinceras disculpas por los inconvenientes que esta situación le haya generado y le reiteramos la disposición permanente de Serfinansa S. A. para continuar ofreciéndole el mayor y más oportuno respaldo".

Ayer domingo recibí una nueva llamada de la coordinadora nacional de TCO. Me dijo que no se había olvidado de mis gafas. Si llegan, son bienvenidas. Si no, no hay problema. Ya acepté las disculpas y di una segunda oportunidad, como me la han dado a mí otras personas y entidades las veces que me he equivocado, que no son pocas.