Señores Bancoomeva: ¡no son los mangos, es la cerca! (IV)

Por John Acosta

La vieja Carmen Daría sintió que la sangre se le calentó en un santiamén, cuando salió esa mañana al inmenso patio de su casa y se encontró con que los muchachos del pueblo le habían tumbado otra vez parte del alambre de púa que tenía en su cerca. No era la primera vez que lo hacían: los palos de mango que tenía sembrados eran virtuosos en cosecha y los pelaos del caserío se pasaban la cerca para disfrutar de la sabrosura de esas frutas maduras. Entonces, la anciana Carmen Daría, mientras parapetaba nuevamente los alambres caídos, echaba mano de su arsenal de insultos y desahogaba su rabia echándoles lengua a los niños intrusos que osaban invadir su propiedad para saciar los deseos de comer. Sus  nietos le reprendían porque ella sobrevaloraba unos mangos que se podían regalar; la vieja Carmen Daría les aclaraba a gritos: “¡No son los mangos, es la cerca!”. Y proseguía con su retahíla. Esa historia me llega a la mente, a propósito de la respuesta que me da Bancoomeva, en la que, una vez más, insisten en su sucia estratagema de desviar el motivo de mi justa queja (sobre una negligencia de este banco) para encasillarla hacia una demanda (de esa entidad contra mí). Nunca he negado que esa entidad tiene el deber de recuperar su cartera vencida. Jamás he desconocido ese legítimo derecho que le asiste como entidad financiera. Mi queja ante Bancoomeva no es, pues, la demanda contra mí (que para el símil con la vieja Carmen Daría corresponde a los mangos) sino a la negligencia en que incurrió Bancoomeva al no informarle al juez a tiempo que yo había pagado la totalidad de la deuda (lo que corresponde a la cerca, en el símil con doña Carmen Daría): no son los mangos (la demanda), es la cerca (la negligencia en que incurrió), señores de Bancoomeva.


Carmen Daría Hernández de Bracho era una anciana rural que no tenía remilgos de ninguna índole para expresar sus sentimientos ante nadie. Y mucho menos ante sus seres queridos. Su casa estaba ubicada en el pueblo Los Jobitos, del municipio de Miranda, en el estado Zulia, de Venezuela. Esa mañana del año 1997, Wilder Barrio, su nieto favorito, se puso de acuerdo con su primo Enzo Valbuena para grabar los insultos cotidianos de la abuela contra los muchachos que le dañan la cerca por meterse a coger los mangos en el patio de la vieja. Por supuesto, doña Carmen Daría no sabía que la estaban grabando. El resultado es una prodigiosa pieza de audio de media hora, que por su naturalidad y espontaneidad, cautivó a millones de cibernautas en la tierra, al convertirse en un documento que le dio la vuelta al mundo por su condición viral de internet. Alguien extrajo el casete con la grabación, lo editó hasta dejarlo en tres minutos y medio y lo subió a internet.

Aquí se puede escuchar ese audio editado:



Señores Bancoomeva, no son los mangos (no es la demanda)

Este es el cuarto escrito que le envío a Bancoomeva a través de la Superintendencia Financiera de Colombia. Y desde el primero, fechado el 1º de junio de 2017, quedó claro el motivo de mi queja: “Es claro que Bancoomeva no había llevado al juzgado el memorial de terminación del proceso por cancelación total de la deuda. Es decir, no le había notificado al juez que, desde hacía dos meses, ya yo no le debía al banco. Una omisión inadmisible por parte de una entidad que fustiga de esa forma a sus deudores. No hay la menor duda de que deben pagar por ese terrible error”, escribí entonces. Y agregué: “Si Bancoomeva no informó al juzgado que ya yo pagué la totalidad de la deuda, no es mi culpa. Es obvio que esta evidente negligencia no debo pagarla. Espero que, al menos por esta vez, prime la sensatez en Bancoomeva y me deje satisfecho por lo que me han hecho”.
En el segundo escrito, fechado el 20 de junio de 2017, insisto: “El documento notificativo (de que ya yo había cancelado la deuda en su totalidad) apenas fue entregado por Bancoomeva al juez la mañana siguiente en que me quitaron el carro. Y lo peor: cuando ya creía que, finalmente, me devolverían el automóvil, el juzgado encontró otra falla de Bancoomeva: su abogado no tenía las facultades para la terminación del proceso. (…)Tocó esperar a que el representante legal del banco llevara ante el juzgado las facultades plenas a su abogada. Y solo hasta entonces, volvió el juez a reiniciar el proceso de devolución de mi vehículo”.

Señores Bancoomeva, es la cerca (es la negligencia de ustedes)

En el tercer texto, fechado el 4 de julio de 2017, le escribí a la Superintendencia Financiera y a Bancoomeva: “Bancoomeva tiene todo el derecho del mundo de acudir a la justicia para obligar a sus clientes a que le cancelen una deuda. Aquí nadie le discute eso. Ni más faltaba. De lo que se le está acusando aquí es de la negligencia en la que incurrió para informarle al juez de mi pago total de la deuda. Y lo que se le critica es que así como tuvieron la agilidad para acusarme ante un juez no tuvieron la misma entereza para notificarle a ese mismo juez mi pago total y solicitar, en consecuencia, la terminación del proceso por pago total de la obligación y el levantamiento de las medidas cautelares para oficiar las diferentes entidades. Ese es el meollo del asunto. Una omisión inadmisible por parte de una entidad que fustiga de esa forma a sus deudores. No hay la menor duda de que deben pagar por ese terrible error”.

No puede quedar alguna duda de que mi acusación contra Bancoomeva no es por la demanda que ellos pusieron contra mí por la mora en una deuda contraída con esa entidad financiera (los mangos), sino que mi queja es por la negligencia de Bancoomeva de no informarle a tiempo al juez una vez yo pagué la totalidad de la deuda (la cerca), negligencia que me acarreó una serie de perjuicios morales y materiales.

Bancoomeva y la vieja de los mangos

Abrigo la esperanza de que la voz de la difunta anciana Carmen Daría Hernández de Bracho será escuchada por la gente sensata que, estoy seguro, debe haber en Bancoomeva. Y esa insistencia de esta fallecida campesina zuliana penetrará la conciencia de los directivos bancarios para que comprendan, finalmente, que no son los mangos, sino la cerca: no es la demanda (los mangos) que el banco me puso por atraso en el pago de mis obligaciones financieras adquiridas con Bancoomeva lo que yo estoy alegando, no: es la negligencia (la cerca) de esta entidad financiera, que no avisó al juez correspondiente que ya yo había pagado la totalidad de la deuda. Y la negligencia (la cerca) de no avisarle al juez que ya yo no debía nada a Bancoomeva hizo que la demanda de embargo sobre mi automóvil (los mangos) siguiera rodando por las calles, lo que produjo que dos policías me quitaran el carro en plena vía y me sometieran al escarnio público que padecí, no solo durante los 40 minutos que duró el procedimiento, desde el sitio de la intersección policial hasta llegar al parqueadero en donde quedó confiscado el vehículo, sino durante los 20 largos días que duró el proceso de aclaración tardía de Bancoomeva ante el juez para que me devolvieran el coche.

Aquí se puede escuchar el audio completo de doña Carmen Daría:




Por supuesto, ante la vil decisión de los tinterillos de Bancoomeva de dilatar mi solicitud de indemnización con argucias de quinta, no me queda otra alternativa que acudir a otras instancias judiciales para hacer valer mis derechos de ciudadano común. Aquí me tienen y aquí seguiré, sin amilanarme ante las bochornosas estrategias de sus abogados.

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