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martes, 18 de noviembre de 2014

Las personas que las Farc asesinaron en La Junta, sí tienen dolientes

La iglesia de La Junta. Tomada del blogvallenato.com
Por John Acosta

Era la primera vez que me atrevía a hablar con mi primo sobre la muerte de su hijo, asesinado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc, hace 13 años. Yo había llegado el pasado 14 de junio, un día antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia, a su parcela, ubicada monte arriba, a unos 10 minutos en moto de la población de La Junta, por un camino serpenteante y pedregoso. Llegué a pie a pedirle auxilio porque el automóvil, que tuve la brutalidad de meter por esos vericuetos, había sucumbido ante el golpe imprevisto de una piedra que rompió el almacenamiento de aceite. El primo José Ángel Hinojosa me socorrió esa tarde y me prometí a mí mismo regresar a hacerle una visita. Me cumplí ese compromiso moral el 11 de octubre siguiente. Y, entonces, me contó detalles de lo que las Farc le habían hecho a su hijo.


Con el primo José Ángel (izquierda), en La Rochela
La Rochela se llama su pedazo de tierra. En el sitio donde hizo su casa de barro, era el atajo que, de niño, yo cogía en burro para llevarle la leche a mi abuela en La Junta, pues la parcela de mi abuelo queda un poco más arriba. Lo encontré en mocho y sin camisa, disfrutando de la sombra de un palo de cotoprix que él había sembrado al frente de la casa. Hablamos de todo. Hasta que se me dio por preguntarle por Jairo Hinojosa Nieves, su hijo. “Once días me lo tuvieron secuestrado”, empezó diciéndome. Y lo asesinaron el 24 de septiembre de 2001. Era el mismo grupo que ese día secuestró a la ex ministra de Cultura Consuelo Araújo Noguera: lo mataron porque les estorbaba para huir con el nuevo botín que tenían entre manos.

Jairo Hinojosa Nieves
Los hombres del frente 59 de las Farc, montaron ese día un retén en el sitio conocido como La Vega Arriba, en la vía que comunica al corregimiento de Patillal con Valledupar. Allí fueron detenidas cerca de 40 personas que viajaban por esa carretera con motivo de las fiestas patronales de Patillal. “Según la versión preliminar, en el retén fue asesinada una persona, cuya identidad no se reveló, y de quien solo se dijo que era un vendedor de gasolina conocido en la región”, se lee en la noticia que registró el diario El Tiempo al día siguiente de los hechos. Era, por supuesto, mi primo Jairo Hinojosa Nieves.

Se lo habían llevado a la fuerza once días antes, cuando lo sacaron de su casa en el corregimiento de La Junta. Lo tuvieron todo ese tiempo en un campamento que montaron en el río que pasa cerca de La Rochela, la parcela del primo José Ángel. “Todos los días yo iba a visitarlo, pero no me lo dejaron ver nunca”, me contó. Siempre le llevaba galletas, pan. “Se lo entregaba a los guerrilleros y me decían que tranquilo, que ellos le llevaban la encomienda a mi hijo: después supe que nunca le dieron nada”.

El conjunto vallenato "Los JJ". De izquierda a derecha:
Diomedes Díaz, Piyayo, El Cate Martínez y Martín
Maestre
Una tarde, José Ángel fue a intentar a ver su hijo, como lo hizo siempre en esos aciagos once días. “Como no me dejaban verlo, me volé la cerca y me fui por otro lado, pero un centinela me vio: ‘quieto o le pego un tiro’, me dijo”. Hasta que una tarde llegó y no encontró nada. “Únicamente estaban el poco de huequitos en donde enterraban las vainas esas”. “¿Cuáles vainas, primo, la mierda?”, le pregunté porque en los libros de secuestrados por las Farc, ellos contaban que hacían sus necesidades fisiológicas en huequitos. “No, primo, las cosas esas que explotan”, me insistió. “Ahh, ya: las minas quiebra patas”, le dije. “Imagínese, el día que fui a verlo escondido, yo hubiera podido caer en una cosa de esas”, me dijo. A mí me recorrió el cuerpo un escalofrío tremendo, pues la tarde del 14 de junio de 2014, cuando se me varó el carro, yo había ido con mi señora y mis hijas a mostrarles los paisajes en donde pasé feliz mi niñez y, por supuesto, caminamos a pies descalzos por esa parte del río: cualquiera de nosotros hubiéramos podido ser una víctima de las Farc, de haber pisado un artefacto olvidado ahí por los guerrilleros.

Alias Amaury, el abatido jefe de las Farc que causó terror
 en La Junta
Amaury, que era el alias de Cecil Alfonso Rodríguez Sánchez, comandante de ese grupo, decidió marcharse a otro lugar. “Seguramente, ya iba con su hecho pensado de montar el retén en la vía a Patillal”, me dijo el primo José Ángel. Lo cierto es que pasaron por otra parcela cercana y vieron que llevaban amarrado a Jairo Hinojosa Nieves. “Ay, hombe, primo: me cuentan que iba flaco, en los meros huesos. Lo tenían pasando hambre”. El primo José Ángel ya había enfrentado a Amaury. “Le dije que le agradecería que se iba a matar a mi hijo, que no me lo fuera a dejar tirado en algún sitio en donde nadie diera razón de él. Déjemelo en un lugar en donde yo pueda encontrarlo para darle cristiana sepultura”.

Tropas de la Décima Brigada Blindada, en desarrollo de operaciones militares adelantadas en la zona rural de los municipios de Maicao, Albania y Barrancas, en los sectores de Remedios, Majayura y El Salado, en La Guajira, dieron de baja a alias Amaury el 28 de mayo de 2013.

José Eduardo Mendoza Córdoba, Piyayo
Mi primo Jairo Hinojosa Nieves no fue el único juntero asesinado a sangre fría por las Farc.  José Eduardo Mendoza Córdoba, al que todos en el pueblo le decíamos Piyayo, fue sacado de su casa en una mañana en que él se disponía a darse un baño en la alberca que está en la mitad del patio de la  casa de su madre. Dos guerrilleros, comandados por Amaury,  lo amarraron a un caballo y lo caminaron por el pueblo, con la vieja Eva, su madre, detrás de ellos, suplicándoles que no le mataran a su hijo. Lo amarraron a un árbol, que está sembrado frente a la casa de mi abuela, y ahí lo asesinaron, delante de su madre y de los niños que, a esa hora, iban para la escuela. Piyayo había sido guacharaquero en un conjunto vallenato que el joven Diomedes Díaz tenía en el pueblo, mucho antes de ser un famoso cantante de música vallenata. Yo recuerdo a Piyayo como un humorista natural que nos hacía reír a todos con sus ocurrencias. Haciendo click aquí podrá leer detalles de la muerte de Piyayo.

Luis Emiro Daza, Chemy
A Chemy, como le decíamos por cariño, casi nadie lo conocía por su verdadero nombre: Luis Emiro Daza Gutiérrez. Él, como muchos otros junteros, había decidido desafiar a las Farc, contradiciendo la orden de que nadie abandonara el pueblo. Resulta que, por miedo a los desmanes de Amaury, la gente había empezado huir de La Junta. Poco a poco, el querido terruño parecía más un pueblo fantasma. Las Farc habían reaccionado diciendo que al que intentar irse, ellas lo matarían. Para burlarse de la amenaza, la gente empezaba a enviar, a escondidas y gota a gota, sus pertinencias. Así, un día mandaban la nevera; otro, la estufa hasta que cogían el carro de pasajeros y salían sin mudanza para no regresar más.


Chemy había hecho lo mismo. Solo había dejado el equipo de sonido para hacer una parranda de despedida. Ese fue el error que le costó la vida. “Yo me había mudado el día anterior”, me contaría, muchos años después, su hermano Carlos Alberto.  Mi primo José Ángel me dijo que esa mañana, Chemy le había insistido en que fuera a su casa a tomarse unos tragos. “Al medio día, me volvió a llamar y, entonces, fui”. Con tres amigos más, iniciaron a tomar en el patio interior. En la tarde, cuando el sol había refrescado un poco, se pasaron para el frente de la casa. “Mierda, ahí vienen esos manes a joder”, cuenta mi primo que le dijo Chemy. “¿Quiénes?”, preguntó José Ángel. “Los guerrilleros esos”. Mi primo vio que los dos guerrilleros se acercaron y llamaron a Chemy. Los tres dieron unos pasos y, entonces, le dispararon a Chemy con sus fusiles a quemarropa.