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martes, 7 de mayo de 2013

Mamar gallo, ¿es bueno o malo?


Por John Acosta

Todo aquel que mame gallo, es amigo mío. Pero en el sentido positivo de la mamadera de gallo. Porque, como explicaré aquí, hay dos significados aceptados del arte de mamar gallo: uno negativo, que no sería arte, y otro positivo, que merece ser elevado a la categoría de arte. Queda claro, entonces, que considero amigo mío al que, haciendo gala de una capacidad única y envidiable, mame gallo, desde la concepción buena de este concepto.


Sobre lo que yo he llamado el lado negativo de esta expresión, para Ramiro Montoya,  en su Diccionario comentado del español actual en Colombia, el mamador de gallo es el que “dice embustes para engañar a la gente o incumplir”. Para Consuelo  Araújo Noguera, en su Lexicon del Valle de Upar, mamar gallo es “dar largas o dilatar con evasivas y pretextos la ejecución de un compromiso o el cumplimiento de una obligación”. Por lo tanto, para la misma Consuelo, mamadera de gallo es “dilación para la toma de decisiones o para asumir responsabilidades. Pretextos casi siempre verbales de que se echa mano para no cumplir compromisos u obligaciones”. Óscar Cormane Saumeth, en su blog Caribanía, “mamar gallo se convirtió en sinónimo de hacer otras cosas para no cumplir con su principal deber”.

Ahora, de dónde proviene este aspecto “negativo” de la expresión. Otto Scheuren, en su blog de wordpress Cómo es la cosa, escribe: “Yo había escuchado que el origen de ‘mamar gallo’ venía de las Peleas de Gallo. Consistía que durante la pelea si uno de los gallos se veía cansado a cerca de perder, el dueño de dicho gallo le succionaba la cabeza hasta sacarle los ojos, dejando el gallo descalificado pero sin perder la apuesta. Simplemente la pelea no llega a término. Por eso la gente al decir que alguien “mamó gallo” es que hizo perder el tiempo, la posibilidad de ganar al otro. Es decir, produjo malestar e insatisfacción. Aunque tratándome de imaginar la escena, sería muy complicado y hasta valiente agarrar un gallo de pelea y chuparle los ojos (si es que éste no te pica en el ojo primero). Muy probable que eso sea falso o ‘degenerado desde la fuente informativa’”.

Consuelo Araújo Noguera, en su definición de este vocablo, también se refiere a la misma ave de corral. “Aunque no existe acuerdo sobre el real origen de esta expresión y sus derivados, hay quienes consideran que la misma, por contraposición, se origina en el hecho de que al no ser el gallo mamífero, mal puede mamar. Lo cual da como resultado que mamar (el) gallo es poco menos que un imposible, por lo que se emplea esa expresión para definir la actitud o posición de quienes dificultan, dilatan o entorpecen las cosas hasta volverlas imposibles de llevar a cabo”, escribió en la obra ya mencionada.

El periodista Daniel Samper Pizano, mamagallista por excelencia (en el aspecto positivo del término), en su A mí que me esculquen, citado por Otto Scheuren en su blog, escribe: “Por supuesto, la etimología del verbo ‘mamar gallo’ y de los términos que de él se derivan mamagallista, mamagallismo, mamagallístico, mamadera de gallo) admite versiones de muy variada raíz. Las palabras, independientemente, provienen del latín ‘mamare’ (succionar la mama o el seno materno, preferentemente) y ‘gallus’ (macho de la gallina). Pero hay controversia sobre el origen del modismo en sí. Algunos aseguran que nace en cierta práctica erótica que no viene al caso describir, pero que es fuente de insatisfacciones múltiples. Y otros afirman que la expresión se forjó en el rudo ambiente de las galleras, donde era muy conocida antes de que volviera popular. Según estos últimos tratadistas, se llama ‘mamar gallo’ a la práctica consistente en morder las patas del gallo y untar con aguardiente a fin de que el escozor aumente la agresividad del ‘giro’ o del ‘colorado’. Esta explicación reviste alguna sindéresis en cuanto a la descripción del acto, pero explica poco respecto a por qué se llama así la costumbre de aplicar una doble dosis de sorna a la manera como se mira el mundo”.

La práctica erótica que no quiso describir Samper Pizano, la narra Óscar Cormane Saumeth en su blog para explicar el origen que yo he llamado “negativo” de esta locución.  “’Mamar gallo’ es, en el castellano tradicional de la Costa Caribe, el nombre del sexo oral cuando el hombre actúa como sujeto activo, lamiendo con intensidad el clítoris de su compañera, conocido como “gallo”, en muchas variantes hispánicas de la región. En virtud de nuestra proverbial tendencia a disminuir o alargar términos indistintos, según la región o el entorno socio cultural de que se trate, la sugestiva palabrita se convirtió en “pirigallo”, en mi sentir, un vocablo melodioso, cargado de música celestial, impactante y encoñador. (…)En la mentalidad popular mulata y mestiza del Caribe, esta forma de sexo oral se interpretaba como una alternativa del impotente, o del que no quería cumplir con su agradable deber, satisfaciendo a la pareja con el empleo adecuado de su órgano sexual. Es entendible por tanto, que “mamar gallo” se convirtió en sinónimo de hacer otras cosas para no cumplir con su principal deber”, escribe Óscar Cormane Saumeth.

Creo que hay suficiente ilustración con lo que yo he llamado la parte negativa de mamar gallo. Pasemos, entonces, a la parte que me interesa, que elogio y de la que me siento orgulloso: lo positivo de mamar gallo.

“Mamadera de gallo es una actitud de buen humor muy frecuente en Colombia. Su característica principal es no tomar nada ni a nadie en serio. Va más allá de la tomadura de pelo y en algunas personas y ambiente se convierte en condicionante del lenguaje y las relaciones personales. Mamador de gallo el que habla en broma, toma del pelo (...). Mamagallista es el que de modo habitual mama gallo hasta crear un ambiente de chanza y buen humor, aunque en ocasiones no parezca oportuno. Mamar gallo bromear, hacer chistes a costa de alguien, no tomar en serio las personas, lo que dicen o lo que hacen”, define Ramiro Montoya en su ya citado diccionario.

“Mamadera de gallo: (E.) Tomadura de pelo. Ironía desembozada. Sátira, burla o mofa de que una persona hace víctima a otra. Mamar gallo: (E.) Tomar del pelo. Burlarse de alguien”, define Consuelo Araújo Noguera en lexicón. “Mamadera de gallo. Acción de molestar o poner pereque entre amigos”, define  Alejandro Espinosa Patrón en su Lexicón del Carnaval de Barranquilla. “En las variantes modernas del centro de Colombia, ‘mamar gallo’ pone el acento en lo gracioso, en lo divertido, y por eso un ‘mamador de gallo’ es un tipo chistoso. Por extensión, un ‘mamador de gallo’ es un charlatán divertido, lo cual genera puntos de contacto entre las expresiones mamador de gallo’ y ‘culebrero’”, dice Carlos Vidales.

Debo decir que los “puntos de contactos” entre el culebrero paisa y el mamador de gallo solo los veo en la parte “negativa” del mamador de gallo, ya que, en lo positivo, el mamador de gallo es aquella persona que tiene el aura de sacar sonrisas en los ambientes tensos, que no le come cuento a las solemnidades hipócritas, que se ríe de los acartonamientos de quienes posan de majo en su carácter, que se burla de las torres de marfil de los seudointelectuales, que es capaz de burlarse hasta de sus propias desgracias, lo que le permite tener siempre una mente despejada y capaz de producir sin ataduras de ningún tipo.

“En realidad, la expresión tiene dos acepciones principales. La una se refiere a la mamadera de gallo como recurso dilatorio, como fórmula de demora o carameleo. La otra, más entendida, guarda relación con la condición de escepticismo burlón de que hacen gala algunas personas. Esta última es la que nos interesa en estas notas”, escribe Daniel Samper Pizano en su citada obra.

Queda claro que a mí también me interesa es la segunda; es decir, la que llamo la parte “positiva” del mamagallismo. Porque es un don que merece ser resaltado.  ¿Se imaginan un escenario tenso entre el comandante Iván Márquez y el general en uso de buen retiro Jorge Enrique Mora Rangel en las conversaciones de paz en La Habana, Cuba? Pues una sola frase de un buen mamador de gallo rescataría enseguida el ambiente de concordia.

En este sentido, es bueno mamar gallo.