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martes, 29 de noviembre de 2016

Guillermo Curiel: la vieja forma de hacer política honesta en La Guajira

Por John Acosta

Esa tarde esperaba encontrarme con un anciano de más de 80 años, con su caminar pausado, ayudado con dificultad por su bastón, y me topé con un corpulento hombre que demostraba mucho menos de sus 74. Apenas lo había visto en tres oportunidades en un  año y medio, hace mucho más de un cuarto de siglo, cuando los avatares de la vida tuvieron la sensatez de ponérmelo en mi camino en una etapa de mi vida en que necesitaba asirme con urgencia de un alma caritativa que me ayudara con el peso de sacar mi carrera adelante. Mi padre había muerto el 25 de febrero de ese año y yo andaba con el recibo de pago de mi matrícula en la mano, desesperado porque se vencía el plazo y así no podría iniciar semestre en junio. Hasta que, guiado quién sabe por qué afortunada coincidencia, fui a parar a la oficina de ese señor que entonces rondaba los cuarenta y tantos años: pude pagar completo ese y el siguiente semestre. En los cerca de 30 años que han pasado después de esa ayuda desinteresada, no había vuelto a saber más nada de ese buen hombre, pero un colega mío me hizo el favor de localizármelo en Riohacha, la capital de nuestro departamento. Hasta allá fui esa tarde a mostrarle que, en aquella ocasión, él no había arado sobre el inmenso mar Caribe que baña nuestra amado terruño.