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jueves, 24 de marzo de 2016

Éver Contreras: por una peluqueada fácil y buena en El Difícil

Éver Contreras motila a César Jaraba
Por John Acosta

César Tulio Jaraba Yepes aprendió a sortear con éxito mi mamadera de gallo sobre cualquier aspecto de su vida. Apenas me bajé del carro frente a su casa, le empecé a tomarle el pelo por su cabeza peluda. Él había llegado hacía dos días de Bucaramanga, una de las más importantes ciudades del país, y yo venía de Barranquilla, la tercera capital más significativa de Colombia. Ambos arribamos a El Difícil a pasar Semana Santa en este retirado municipio del departamento del Magdalena. Y en las dos noches siguientes, en las que nos batíamos a duelo en unas encarnizadas jornadas de dominó, mi tema de relax era montársela a César Tulio por su cabellera abundante. “Esa es mucha motilada que se va a pegar el viejo César mañana donde Éver”, le repetía una y otra vez. Y él se defendía con el arma que me dejaba sin argumentos: “Es que me metí a hippie, llave”, me respondía. “No voy a donde Éver sino hasta diciembre del año entrante”, remataba, mientras tiraba en la mesa la ficha correspondiente. No obstante, los dos sabíamos que no podíamos pasar esta oportunidad de ir a donde el peluquero que, sin darse cuenta, hacía que dejáramos de ir a cortarnos el cabello en los cómodos salones de belleza de nuestras ciudades de procedencia, esperando el mes que faltaba para regresar a El Difícil e ir a ponerles nuestras cabezas greñudas al hombre que, en pocos minutos, nos dejaba como nuevos.

viernes, 4 de marzo de 2016

Sufrir o no sufrir…He ahí el dilema: Café Filosófico en Uniautónoma

Richard Sánchez Anillo, candidato a Doctor en Bioética y Medio Ambiente
Por Milena Ortiz
Fotos: José Marenco

Eran las nueve de la mañana del jueves 3 de marzo. En el tercer piso de la Biblioteca de la Universidad Autónoma del Caribe, aún sin empezar el Café Filosófico, en las sillas vacías se encontraban el profesor Arturo Barros del Departamento de Humanidades, organizador del evento y el sacerdote Richard Sánchez Anillo. Poco a poco, fueron llegando los estudiantes y profesores hasta alcanzar llenar las sillas del lugar.

Los dramas de la invasión del espacio público en el Lago del Cisne y el corredor universitario, en Puerto Colombia

El Mono es compañero fiel de la familia Giraldo Tovar
Por John Acosta

Ante la impotencia de no poder hacer nada distinto al ver cómo los funcionarios de la Alcaldía de Puerto Colombia le tumbaban el techo, bajo el cual tenía su negocio informal, John Ferney Giraldo no tuvo más remedio que sacar su viejo celular y grabar el video. Había llegado hace más de diez años a la orilla del Lago del Cisne, frente al cual un tío de su esposa, Lucelly Tovar, tiene una pequeña propiedad.  No encontró trabajo y tuvo que hacer lo que hace la mayoría para rebuscarse: puso un  negocio de venta informal en la orilla de la carretera, ahí mismo, a un lado del Lago del Cisne. Ofrecía agua de coco frío. Eso le permitió ser testigo de primera mano del deterioro paulatino de este cuerpo natural de agua. Junto a la agonía de este sistema hídrico, el hogar de John y Lucelly creció con el nacimiento de sus dos pequeñas hijas: Sharith Maricela, que ya tiene ocho años, y Karol Michelle, de año y medio. Precisamente, la mayorcita fue testigo impotente del día en que le tumbaron el techo al negocio de su padre.