Buscar este blog

martes, 21 de marzo de 2017

Tía Ñuñe, la santa no canonizada de los Acosta

María Nurys Acosta Mendoza, tía Ñuñe
Por John Acosta

Doblábamos la esquina que queda cerca de la casa de tía Ñuñe, cuando mi papá lanzó la expresión que yo siempre había sentido, desde muchos años atrás, en lo más profundo de mi alma: “Esa mujer es un ángel de Dios”, dijo. Se refería a su hermana María Nurys Acosta Mendoza, por supuesto, que acabábamos de dejar en la puerta de la calle de su casa, adonde salió a despedirnos. Eso hace más de 30 años, poco antes de que mi padre falleciera. Y hoy sé que esa misma impresión la tenían mis otros tíos; incluso, tío Néstor, que falleció hace poco, me dijo en un paseo que estuvimos en el municipio de Manaure: “Esa mujer era una Santa en vida”, mientras me mostraba la casa donde vivió tía Ñuñe con su esposo.

A propósito de este texto, llamé a tío Jose (así, sin tilde en la e, como llamamos en el Caribe colombiano a los José) a su celular y le pedí que me describiera a tía Ñuñe, su hermana: “un alma bendita de Dios. Pura abnegación. Dedicada a su hogar”, me dijo. También llamé al menor de todos, tío Jorge: “era la más noble de mis hermanas, un mujer callada, recta, era puro sentimiento”. No podía dejar de marcarle al único profesional de todos ellos, tío Fano, ingeniero agrónomo: “era una mujer virtuosa, muy dedicada a su hogar, que amaba su vida, prudente, sufrida. Valiente para afrontar las duras embestidas del destino, las contingencias de la vida. Era, prácticamente, una santa”. Tío Ito es el callado de todos ellos: reservado, tímido, fue el único que se quedó en La Junta, el pueblo natal y no salió a buscar una mejor vida en otros lugares. Cuando le hice la misma petición por teléfono, no vaciló un instante en responder: “era una mujer buenísima, calmada. Una mujer de su casa. Sí, claro, era una santa”.