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martes, 12 de abril de 2016

Lo único que me resintió de Édgar Perea

Por John Acosta

Confieso que solo veo fútbol cuando juega la selección Colombia o cuando el Junior está en la final. Y si van perdiendo el partido, apago el televisor o cambio de canal. Sí, ya sé: soy un mal hincha. Tampoco veo la sección de Deportes (ni de Farándula, por supuesto) en los noticieros, ni la leo en los periódicos. Hace muchos años que no veo una pelea de boxeo. Así es: son las dos únicas competencias que alcanzan a llamar mi atención. Una cosa sí es segura: ambas las disfrutaba mejor en la narración de Édgar Perea. Es más, me acerqué a estas dos prácticas, quizás, por la magistral manera con que El Campeón jugaba con los sentimientos de los hinchas; sin embargo, debo admitir que hubo algo que me resintió muchísimo del gran Édgar Perea: la traición que le pegó a lo que más sabe hacer para meterse a la política. Ha pasado con escritores, cantantes, periodistas, en fin: cuando dejan lo que han hecho con lujo de detalles para incursionar en un mundo ajeno a ellos, no les sale bien.