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jueves, 24 de marzo de 2016

Éver Contreras: por una peluqueada fácil y buena en El Difícil

Éver Contreras motila a César Jaraba
Por John Acosta

César Tulio Jaraba Yepes aprendió a sortear con éxito mi mamadera de gallo sobre cualquier aspecto de su vida. Apenas me bajé del carro frente a su casa, le empecé a tomarle el pelo por su cabeza peluda. Él había llegado hacía dos días de Bucaramanga, una de las más importantes ciudades del país, y yo venía de Barranquilla, la tercera capital más significativa de Colombia. Ambos arribamos a El Difícil a pasar Semana Santa en este retirado municipio del departamento del Magdalena. Y en las dos noches siguientes, en las que nos batíamos a duelo en unas encarnizadas jornadas de dominó, mi tema de relax era montársela a César Tulio por su cabellera abundante. “Esa es mucha motilada que se va a pegar el viejo César mañana donde Éver”, le repetía una y otra vez. Y él se defendía con el arma que me dejaba sin argumentos: “Es que me metí a hippie, llave”, me respondía. “No voy a donde Éver sino hasta diciembre del año entrante”, remataba, mientras tiraba en la mesa la ficha correspondiente. No obstante, los dos sabíamos que no podíamos pasar esta oportunidad de ir a donde el peluquero que, sin darse cuenta, hacía que dejáramos de ir a cortarnos el cabello en los cómodos salones de belleza de nuestras ciudades de procedencia, esperando el mes que faltaba para regresar a El Difícil e ir a ponerles nuestras cabezas greñudas al hombre que, en pocos minutos, nos dejaba como nuevos.