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viernes, 19 de febrero de 2016

En los zapatos de Vicky Dávila

Por John Acosta

El primer grito de alarma lo leí ayer en la revista Semana, cuando un forista opinó en el artículo que informaba sobre la salida de Vicky Dávila de La FM. Así iba a iniciar yo esta columna hoy, pero pensaba transcribir enseguida el texto completo del comentario del aludido lector: sin embargo, cuando lo busqué ahora ya no lo encontré, a pesar de que me leí nuevamente todos los argumentos de quienes participaron. Noté, sí, que se incrementó el número de disertadores, pues ayer eran cinco páginas y hoy van diez. Lo curioso del asunto es que a quien iba a citar en este espacio era uno de los defensores de la desafortunada periodista. No obstante, la traída a colación de su dictamen no era por darle el lado a la ahora ex directora de La FM sino por el matiz que le dio el lector al debate suscitado: lo redujo a un episodio más de la pelea entre el presidente Juan Manuel Santos y el ex presidente y hoy senador Álvaro Uribe.

En los 94 comentarios que leí en mi nueva búsqueda, me encontré con este:

En todo caso, el segundo sobresalto vino por parte de un colega y amigo periodista, que comentó en Facebook una frase que retwittié:


El colega y amigo comentó en Facebook, a donde Twitter envió el mensaje: “Seguramente en las mentes de los uribistas la culpa de todo es de Santos. Que falta de memoria. Todos esos hechos sucedieron cuando el emperadorzuelo Uribe era presidente. Lloran a la Dávila porque tienen una menos periodista parlante a su servicio”. Retwittié este de la periodista Salud Hernández-Mora: “Acabo de ver que Vicky Dávila se fue de la FM. Lo siento por ella. Pudo embarrarla, seguro, pero mucho menos que los que ella denunció”. Otro amigo y colega comentó en Facebook sobre esa misma frase: “Digamos que se nota lo uribista después de leer ese comentario, pero como docente de comunicación social no queda nada bien justificar a la porquería de periodista que es Vicky Davila”.

Pues bien, me niego a caer en el reduccionismo de un episodio más de la pelea Santos-Uribe al que quieren llevar este debate.

Aunque no se debe perder de vista el meollo del asunto (las graves denuncias de tráfico sexual al interior de la Policía Nacional), evidentemente, la publicación de un video con una conversación de alto contenido pornográfico abre de nuevo el debate sobre ética periodística y la capacidad de autocensura del periodista. Tomo atenta nota de lo que propone Javier Darío Restrepo, maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, cuando dice: “Es el momento de que los periodistas nos preguntemos qué habríamos hecho si tuviéramos ese video en las manos”.

Voy a correr un riesgo necesario: ponerme en los zapatos de Vicky Dávila, no para justificarla, sino para tratar de entenderla. Un periodista mexicano se metió en los zapatos de un talentoso joven que asesinó y descuartizó a una adolescente y publicó un reportaje. Por supuesto, el reportero fue crucificado en internet: soy consciente, por tanto, del linchamiento cibernético a que me expongo, pero creo que es hora de tratar de entender por qué la ex directora de La FM tomó la decisión de publicar ese video.

Carlos Ferro Solanilla
Si el video hubiese llegado a las manos de la periodista sin que mediara ningún antecedente, estoy seguro de que no lo hubiese publicado, pues, efectivamente, no dice nada en sí, diferente a una conversación íntima entre dos seres humanos que, aparentemente, se gustan. Resulta que los dos protagonistas tienen algo en común, además, obviamente, de esa atracción sexual, si se quiere llamar así: quien graba a escondidas la escena (Ányelo Palacios), denuncia que en la Policía Nacional existen unos oficiales de alto rango que inducen a la prostitución a los jóvenes alférez con la promesa de ascensos dentro de la institución; la víctima de la grabación (Carlos Ferro, no era consciente de que lo estaban grabando) era viceministro del Interior hasta antes de la publicación del video, a quien involucran de hacer parte de las oscuras prácticas denunciadas.

Alférez Maritza Zapata
El 25 de enero de 2006 murió la alférez Lina Maritza Zapata, de 21 años, en el interior de la Escuela de Cadetes de Policía General Santander. Los directivos de la institución dijeron que había sido un suicido. Adiela Gómez, madre de la joven fallecida, dice que, por casualidad, su hija se encontró con una red de prostitución homosexual dentro de la escuela y por eso fue asesinada. Adiela y su esposo, Hernán zapata, tuvieron que salir del país por amenazas contra su vida.

En abril de 2009 fue asesinado Eduardo Díaz Pinzón, de 52 años. Había sido secretario de Gobierno de la entonces gobernadora de Cundinamarca Leonor Serrano de Camargo. Tuvo una estrecha relación política y personal con Carlos Ferro Solanilla, uno de los protagonistas del famoso video. Díaz Pinzón mantenía una relación homosexual con John Harold Arias Berján, un patrullero de la Policía de 25 años de edad. El agente fue miembro del esquema de seguridad del entonces congresista Carlos Ferro. Una noche, Eduardo Díaz desaparece misteriosamente. “Existe un video (registrado en las cámaras del edificio donde convivían) donde quedó esta evidencia: los dos (Díaz y Arias) entran de manera normal. Una hora después el ascensor desciende al sótano, con el policía que arrastra un bulto muy pesado, claramente un cuerpo. Otro hombre lo espera en un vehículo que rápidamente se acerca a la puerta del ascensor. “La carga” es introducida al baúl. Y el carro sale raudo del lugar. Cinco días después las autoridades descubren el cadáver, con señales de tortura”, escribe el periodista Édgar Artunduaga en el portal Kienyke.

Édgar Artunduaga
En otra parte de su escrito, Artunduaga dice que “el caso es investigado por funcionarios de la Fiscalía en Fusagasugá, donde Ferro ejerce autoridad y control casi general. Corriendo riesgos, dicen ellos, familiares de la víctima han adelantado sus propias pesquisas, pero siempre se encuentran con la muralla de un superior que dilata el proceso. El sospechoso siguió en la Policía y conocidos lo vieron prestando servicios de seguridad en el Congreso, muy cerca de un alto oficial”. El periodista agrega que no es claro que el oficial haya asesinado a su amante “pero la familia de Díaz Pinzón no encuentra explicación a las presiones de Ferro y sus influencias para resguardarlo”.

Debido a las investigaciones que adelantaba la periodista Vicky Dávila sobre la presunta prostitución en la Policía (que en los medios de comunicación se conoce como Comunidad del Anillo), la hoy exdirectora de La FM fue víctima de seguimientos y chuzadas ilegales por parte de miembros de la Policía. De acuerdo a lo que publicó el portal La silla vacía, Vicky Dávila dijo que “ya Ányelo había denunciado que Ferro recibía servicios de la comunidad del Anillo”. Ferro Solanilla había negado a La FM que conocía a Ányelo Palacios.


Con todos estos antecedentes, el video llega a las manos de Vicky Dávila. Ya existía un caso reciente en el que el periodista Daniel Coronell publicó una foto en el que un alto funcionario público aparece mostrando sus partes íntimas: aquí, la foto fue editada para mostrar solo lo que se necesitaba para respaldar la acusación de Coronell, además de que fue el mismo funcionario quien envió la foto a su secretaria (obviamente, no para que se publicara). En el caso del video, si la intención era probar que, efectivamente, Ferro le mintió a La FM porque sí conocía a Ányelo Palacios, la periodista debió editarlo, aunque, de todas maneras, estaba el agravante de que fue grabado sin conocimiento del ex ministro.