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domingo, 24 de mayo de 2015

El error del Junior como enseñanza al gobierno de Santos: no entregar en el escritorio lo ganado en el campo de confrontación

Arriba: Alexis Mendoza y el presidente Juan Manuel Santos.
Abajo: Timochenko y Leonel Álvarez
Por John Acosta

Alexis Mendoza, director técnico del Júnior, estaba desesperado porque en el segundo tiempo del partido, su equipo perdía frente al visitante. Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, está afanado porque, en su segundo período presidencial, lo único importante que tiene para mostrarle al pueblo colombiano es un largo proceso de paz con las Farc, cuando él mismo había prometido que la paz vendría en “cuestión de meses”. Leonel Álvarez, entrenador del Deportivo Independiente Medellín, no tiene afán porque el tiempo juega a su favor en el terreno de juego. Timochenko, el líder máximo de las Farc, está acostumbrado a dilatar cuanto diálogo de paz se ha atravesado en el historial delictivo de este movimiento guerrillero, pues, para su gente, el transcurrir de los años no cuenta para nada. La impaciencia llevó a Alexis Mendoza a cometer el error que le entregó, en el escritorio, a Leonel Álvarez lo que el Junior había logrado en la cancha de juego. El ansia ha conducido a Juan Manuel Santos a darle unos contentillos a Timochenko, que las Farc no han podido ganar en el campo de batalla (y, lo que es peor: sin haber firmado todavía la paz).


Alexis Mendoza se da cuenta de su error
La pesadumbre, producida por el compromiso de ganar en su casa, hizo que Alexis Mendoza olvidara el reglamento y lo infringiera. El deseo de que las Farc le ayuden a mostrarle resultados del proceso al pueblo, ha hecho que Juan Manuel Santos pareciera un jugador solitario que entrega todo a cambio de nada. El Junior terminó jugando con cuatro extranjeros, cuando la norma dice que no debían ser más de tres. Juan Manuel Santos quita de su gabinete ministerial al único funcionario de su gobierno que, por su dureza verbal, le incomodaba a Timochenko; en su remplazo, coloca a un blando con las Farc; esto no sería tan grave si el laxo no fuera a dirigir las acciones contra el movimiento rebelde; además, Santos decidió no volver a fumigar la amapola con el glifosato, que era lo que más daño le hacía a las finanzas de las Farc.

La contienda militar en Colombia no se debe reducir a un simple juego de fútbol. Los niveles de violencia a los que se ha llegado son muy serios como para estarlos comparando con el espectáculo deportivo. Sin embargo, las coincidencias son tan contundentes que uno no puede evitar correr el riesgo de ser catalogado de simplista. Máxime cuando los estamentos de esta amado país han acudido a la histeria que genera este deporte para tratar de esconder o hacer olvidar los horrores que a diario genera esta locura castrense que padecemos desde hace más de medio siglo.

Los 11 militares muertos y la posterior
reacción de los bombardeos: 26 guerrilleros
murieron
En la segunda parte del partido frente al Deportivo Independiente Medellín, Júnior perdió la pelota y su defensa se desfiguró. En la segunda parte del Gobierno de Juan Manuel Santos, lo único que le queda por mostrar es el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), lo que le ha costado bastante a la moral del Ejército. A los 15 minutos de la última etapa del partido, llegó el gol del empate y los hinchas del local (Júnior) quedaron visiblemente preocupados. Las Farc secuestran, en extrañas circunstancias, al comandante de la Fuerza de Tarea Titán del Ejército, general Rubén Darío Alzate Mora, en una acción que provoca el rechazo del pueblo colombiano; como un inusual gesto de paz, las Farc entregan al general y quedan como las grandes gestoras de paz. A los 25 minutos de iniciada la segunda parte, el Medellín mete el gol que lo pone arriba en el marcador; el pánico y la desesperación cunden en el estadio. Las Farc, que gozaban de una tranquilidad relativa en el campo, pues Santos les acababa de renovar la garantía de no bombardearlos, atacan, en el sigilo de la noche y desde la altura de una montaña, a una patrulla del Ejército que dormía en un campamento improvisado: resultaron 11 soldados muertos y al pueblo colombiano le asiste la ira y la angustia; lo más grave del asunto es que el movimiento guerrillero había decretado, unos meses antes, el cese unilateral de hostilidades.  El técnico del Junior comete el error de enviar al cuarto extranjero a la cancha, consigue el empate, pero pierde el partido en el escritorio. Con la masacre de los soldados, Juan Manuel Santos decide reanudar los bombardeos y, entonces, viene otra masacre: 26 guerrilleros, que dormían en su campamento, mueren  por la acción de los aviones militares.


Es de suma importancia que no se detenga la mesa de interlocución de La Habana hasta que no se logre el bien supremo de la paz; no obstante, el presidente Juan Manuel Santos debe concientizarse de que no necesariamente la firma de los acuerdos se debe estampar antes de que culmine su gobierno; el presidente debe tener la grandeza de avanzar sin afanes, así sea que quien termine estrechándole la mano de la reconciliación a Timochenko (o quien esté liderando a las Farc en ese momento), sea el sucesor del actual Presidente de Colombia. Esa certeza le ayudaría a Santos actuar con la sensatez necesaria que le ayudaría a impedirle que siga cometiendo los errores que podrían llevarlo a entregar en el escritorio lo ganado en el campo de batalla.