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lunes, 4 de noviembre de 2013

Tabaco insiste en su reunificación

Por John Acosta

José Julio Pérez Díaz da la impresión de ser un hombre solo. Aunque se obstine en ocultarla, la fuerza de su tristeza sale ganando: uno nota en él la melancolía de un líder que, tal vez,  siente haber arado sobre el agua. Guardada las proporciones, hasta se podría evocar la profunda desazón de Simón Bolívar, cuando le tocó hacer el viaje en barco por el río Magdalena: enfermo y, prácticamente, vilipendiado por el mismo pueblo por el que él entregó todas sus energías para otorgarle la libertad.

José Julio ha hecho mucho por su Tabaco del alma. Desde que era un pueblo apacible, enclavado en las estribaciones de la Serranía del Perijá, hasta mucho después que el corregimiento de Tabaco dejó de existir, aquel fatídico 28 de enero de 2002.

En noviembre de 1997, la International Colombia Resources Corporation, Intercor, filial de la empresa estadounidense Exxon Mobil, informó oficialmente a las autoridades de Hatonuevo y a los habitantes de Tabaco, a través de la junta de Acción Comunal de esta población, que necesitaba adquirir las posesiones ubicadas en este pueblo, con el propósito de continuar con el plan minero establecido por Intercor.

Como era de esperarse, un anuncio de semejante magnitud, generó mucha expectativa en la comunidad. “No queríamos dispersarnos. Deseábamos mantenernos unidos, sin perder los lazos que nos articulaban”, recuerda José Julio. Incluso, en diciembre de 1998 se crea la Junta Pro Reubicación de Tabaco.

Lo cierto es que, como consecuencia de las enormes esperanzas que surgieron, Tabaco empezó a tener un crecimiento de viviendas inusitado: era obvio que estaba llegando gente nueva a la población ante la posibilidad razonable de obtener algún tipo de ganancia.  La situación fue tan evidente, que en noviembre de 1997 la Alcaldía de Hatonuevo expidió una resolución, donde prohibía la construcción de nuevas casas en este corregimiento.

No hubo reubicación

En diciembre de 1998, el Ministerio de Minas y Energía, mediante un decreto de expropiación administrativa, declara áreas rurales de esa zona como de “utilidad pública e interés social”.  En febrero del año siguiente, el mismo Ministerio despacha otra resolución, también de expropiación administrativa, pero esta vez sobre parte de la zona urbana de Tabaco.

En un informe semestral de resultados (julio-diciembre de 2001), elaborado para Cerrejón por la socióloga Rosmira Ravelo, se indica que, “después de un período de negociación directa, se logró un acuerdo de compra de los derechos de posesión en el 90% de los casos. (…) La Compañía negoció los bienes públicos con el municipio de Hatonuevo y trasladó, en colaboración con las autoridades, los restos de los difuntos enterrados en el cementerio de Tabaco, a los lugares indicados por cada uno de los familiares”.

El 22 de enero de 2002, y ante la imposibilidad de llegar a acuerdos con algunas familias, se le da cumplimiento a las dos resoluciones de expropiación administrativa del Ministerio de Minas y Energía. Fue una jornada difícil, complicada.  Los tabacaleros se enfrentaron a piedra contra los funcionarios públicos y de Intercor que fueron a ejecutar el procedimiento. Hubo un buldócer que tumbó algunas de las casas que se habían negociado y los bienes públicos que fueron adquiridos al municipio.

En el libro La Red Tabaco de Desarrollo Endógeno, escrito por Gustavo Wilches-Chaux, se cuenta sobre una reunión celebrada en el municipio de Hatonuevo, el 28 de octubre de 2005, con 58 personas del antiguo corregimiento de Tabaco, diseminadas en las poblaciones de Hatonuevo, Villanueva, Barrancas, Fonseca, Chancleta y Oreganal. El autor cuenta que entre los asistentes estaba una niña de 12 años, a quien, ya fuera de la reunión, le preguntaron de qué se acordaba de Tabaco. “De cuando nos echaron”, contestó la niña llorando.

El periplo de José Julio

José Julio Pérez Díaz
José Julio Pérez Díaz siempre se opuso a la negociación directa. Él quería un convenio colectivo que garantizara la reubicación de la población a otro sitio. “La idea era que permaneciéramos siempre unidos, que nos perdiéramos el sentido comunidad”, dice ahora. Por eso, desde que se dio la expropiación, lideró un proceso de denuncias judiciales y públicas contra autoridades oficiales y contra Intercor: “empezamos con acciones de tutela y de cumplimiento”, explica. Las judiciales no prosperaron a favor de lo que él y sus compañeros pretendían.

Se afianzó, entonces, en la estrategia pública. “Empezamos a viajar a otros países, pidiendo apoyo a los líderes mundiales de causas populares”, recuerda. Visitaron a Ecuador, Venezuela, Suiza, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá. Cuando se le pregunta quién financiaba esos viajes, responde con firmeza: “inicialmente, cuando viajábamos a nivel nacional, lo hacíamos con recursos propios, pero para los recorridos internacionales eran las ONG de cada país visitado las que nos colaboraban”.

Esas ausencias, a veces prolongadas, “afectaron mucho la convivencia en mi hogar. Era muy difícil, tanto con los niños como con mi señora”, cuenta José Julio. Indudablemente, un líder debe sacrificar muchos momentos con su familia para otorgárselos a la causa por la que luchan. Tal vez por eso, cuando tienen la oportunidad de hacerlo, los líderes les hacen un reconocimiento a quien los reemplaza en su hogar. “Se dice que el ex primer ministro de Inglaterra, Wiston Churchill fue a un banquete en Londres. Numerosos dignatarios y celebridades estuvieron presentes. Alguien hizo la siguiente pregunta: ¿Si usted no pudiera ser quien es, quién le gustaría ser? Todos tenían curiosidad por saber la respuesta de Churchill. Cuando llegó su turno, se puso en pie y dio una respuesta clásica: ‘Si yo no pudiera ser quien soy, desearía ser (aquí pausó para tomar la mano de su esposa) el segundo marido de la dama Churchill”, escribió René Mejía Vides en su artículo Los líderes del hogar, publicado en www.cimientoestable.org.

Esos sucesivos pronunciamientos en contra de funcionarios y del proceso de negociación con la comunidad de Tabaco, le crearon, además, problemas de seguridad a José Julio. “Hasta me llegaron a acusar de guerrillero”, afirma. Era, por supuesto, una imputación peligrosa para una persona, en una época en que los grupos paramilitares asesinaban, sin miramiento alguno, a cualquier sospechoso de pertenecer a grupos armados ilegales de izquierda.

La mina cambia de dueño

El 3 de octubre de 2000, Colombia vendió su productora estatal de carbón, Carbocol (propietaria del 50% de la mina de El Cerrejón Zona Norte), a un consorcio compuesto por tres compañías extranjeras: el grupo minero británico Billiton Plc, el gigante sudafricano Anglo American Plc y el suizo Glencore International AG, que, asociadas, ya producían carbón en Cerrejón Central.

En febrero de 2002, Exxon Mobil Corp. informó que llegó a un acuerdo para vender su participación en la mina de carbón Cerrejón. Intercor, filial de la ExxonMobil, era propietaria del otro 50% de la mina de El Cerrejón Zona Norte y oficiaba, además, como operadora del complejo carbonífero.  El negocio se hizo con el mismo consorcio que ya había comprado a Carbocol. Es decir, el  consorcio integrado por las filiales de las multinacionales Anglo American, BHP Billinton y Glencore International AG obtuvieron el 100% de esa mina.

“Cambia el panorama”

Según el líder José Julio, “con la llegada del nuevo consorcio, cambia el panorama. Uno sentía que había una luz de esperanza. Hablamos con los nuevos directivos de la empresa, con los accionistas, con los gobiernos, con los compradores de carbón. Empezamos a crear espacios de confianza”.

Al momento de recordar nombres de personas que contribuyeron al proceso, José Julio menciona a Julián González, de Cerrejón; al activista estadounidense Noam Chomsky, “sobre todo, su hija”, dice. Y prosigue con su lista en diferentes países. “La verdad es que se creó confianza. Tuvimos varias reuniones con el convencimiento de llegar a un acuerdo favorable para ambas partes”.

Efectivamente, en 2008, Cerrejón crea la Gerencia de Responsabilidad Social con dos divisiones: Gestión Social y Reasentamientos y Gestión de Tierras. Se crea, además, la Vicepresidencia de Sostenibilidad y Asuntos Públicos, que depende directamente de la Presidencia de la empresa.

La Red Tabaco, convenios y acuerdos

Una consultoría, contratada por el empresa en 2005, propone la creación de una “red de desarrollo endógeno” para lograr un nuevo relacionamiento entre Cerrejón y la comunidad de Tabaco.  Mediante un proceso de participación y unión comunitaria, de construcción de alianzas y fortalecimiento territorial, nació la Red Tabaco de Desarrollo Endógeno.

En octubre de 2008, se firmó un convenio de cooperación entre el municipio de Hatonuevo, la Junta Social Proreubicación de Tabaco y Carbones del Cerrejón Limited para la ejecución de los acuerdos de la comunidad de Tabaco. Las partes dejan claro que el objeto de dicho convenio es unir esfuerzos “para el proceso de reconstrucción de Tabaco, en cumplimiento de lo ordenado por la Corte Suprema de Justicia, en sentencia de fecha 07 de mayo de 2002”. Con esa sentencia, la Corte había revocado una sentencia del Tribunal Superior de Riohacha en el que se negaba una acción de tutela contra la Alcaldía de Hatonuevo, relacionada con la protección de los derechos  a la educación, a la dignidad, a la vida colectiva y a la propiedad privada.

La Junta Social Proreubicación de Tabaco, presidida por José Julio, y Carbones del Cerrejón Limited suscribieron un acuerdo y transacción en diciembre de 2008 para asegurar indemnizaciones íntegras y justas, participación y representación adecuada de las personas con derechos legítimos a dichas indemnizaciones y, como consecuencia, mejoramiento del nivel de vida de los exresidentes  de Tabaco. Para acompañar las conversaciones, las partes acordaron la facilitación del doctor John Harker, presidente de la Universidad de Cape Breton, en Canadá. Harker había presidido el Panel Independiente de Expertos que, entre septiembre de 2007 y febrero de 2008, revisó y evaluó los programas de responsabilidad social de Cerrejón.

La Gobernación de La Guajira, el Municipio de Hatonuevo, la Junta Social Proreubicación de Tabaco y Carbones del Cerrejón Limited firmaron un memorando de entendimiento, en 2009, en el que los tres últimos entes reafirmaban su interés y compromiso para hacer realidad la reconstrucción de Tabaco y ratificaban sus obligaciones con el convenio de cooperación suscrito en octubre de 2008. Por su parte, la Gobernación de La Guajira manifestó su compromiso de participar activamente en la reconstrucción de Tabaco para lo cual evaluará la viabilidad jurídica de asignar recursos que contribuyan a la ejecución del proyecto.

Se espera que la Nación participe

José Julio Pérez Díaz tiene razones suficientes para estar feliz. Al fin y al cabo, se está materializando el sueño de ver nuevamente a Tabaco reunificado. “Hay un cuello de botella en todo esto: lograr que el estado nacional participe. Ya estamos gestionando para que aporte lo que le corresponde”, dice.

“Necesitamos que todos los actores estemos atentos. No podemos descansar ni un solo día. El acuerdo se debe enriquecer, no se puede dejar acabar. Esto ha sido un hijo para mí, un miembro más de la familia. Hemos logrado muchas cosas. Uno siente que ha hecho los procesos bien”, insiste con vehemencia.

Esa impetuosidad con se refiere al asunto, esa pasión que envuelve a sus palabras, deja traslucir la preocupación y la tristeza que trata de ocultar. “Hay una sed de protagonismo en algunos; y eso ha opacado un poco el sacrificio y el trabajo de los demás”, reconoce al fin.  “La verdad, es que esta lucha no ha sido para enriquecerse uno: ha sido para rehacer nuestros derechos, para tener a los amigos cerca”.


Obviamente, no falta quien hable mal del líder, que tenga una mala intención. Poco a poco, se va descubriendo el motivo de la soledad de José Julio, pero el destino se encargará de hacer justicia con él y su lucha. Sus logros se encargarán de ensombrecer a quienes quieran aprovecharse de lo que ahora José Julio ha conseguido.