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viernes, 22 de noviembre de 2013

La V Semana Internacional de las Comunicaciones, de Uniautónoma, recuperó las miradas hacia el Hotel El Prado

Por John Acosta

Al bajarme del carro, vi el pavimento corroñoso, por falta de mantenimiento, del parqueadero. La empleada que me recibió en la portería respiraba pertenencia y amor por el hotel hasta por los poros. “Buenos días, señor”, me dijo con su amplia y sincera sonrisa: daba la impresión de que me agradeciera con profundidad por haber elegido llegar a ese sitio emblemático. Le pregunté al vigilante si a él la pagaba el Estado a través de Estupefacientes. “Sí, señor. Y bastante cumplido, por cierto”, me respondió. Él y la dama me indicaron por dónde seguir. Y, entonces, lo sentí: constante, inundándolo todo con su impertinente característica: olía a rata.

Era lunes festivo en la mañana y yo iba a acompañar a varios compañeros a acondicionar los tres salones que la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, de la Universidad Autónoma del Caribe, había alquilado para los tres días del gran evento V Semana Internacional de las Comunicaciones (Haga click aquí para leer más información sobre este evento). Los tres salones estaban también impregnados por ese olor fastidioso a roedor de alcantarilla. Incluso, caminamos por el hermoso patio interno, rodeado de suntuosos arcos republicanos y surcado por senderos zigzagueantes que estaban construidos entre inmensas palmeras. También, por esos mágicos lares, se campeaba el olor a rata. Ahí estaba la piscina, con su imponencia.

El Hotel El Prado necesita de los barranquilleros. Ha sido, por años, un ícono de la arquitectura de esta querida ciudad, pero hoy es un ente agonizante. Sus amables y empoderados empleados no pueden solos, aunque les sobra voluntad. Es de todos sabido que el dinero maldito del narcotráfico tocó a este emblemático lugar y padece ahora las consecuencias de esa diabólica aventura en la que lo metieron sin permiso. El Estado colombiano lo decomisó, pero en ningún lugar del mundo el Estado ha sido buen administrador.

En la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas decidimos aportar nuestro grano de arena a la visibilización del Hotel El Prado. Y se tomó la determinación de realizar nuestro máximo evento anual en este lugar. Afortunadamente, contamos con el apoyo inmediato y entusiasta del rector de nuestra querida Universidad Autónoma del Caribe, Ramsés Jonás Vargas Lamadrid.

No hay que olvidar que nuestra Universidad fue puesta en la picota pública nacional porque había sido secuestrada (y saqueada), durante más de diez años, por gente de mala calaña que querían limpiar su pasado espurio con la excelente reputación de este prestigioso centro de estudios superiores (Haga click aquí para leer artículo sobre este caso ). Al develarse esos oscuros propósitos, la Universidad Autónoma del Caribe fue expuesta, por culpa de esas personas malintencionadas, al escarnio del país entero. Sus empelados decentes, que somos la inmensa mayoría, tuvimos la fortuna de que llegara a la rectoría una persona del temple y el carácter de Ramsés para, entre todos, rescatar a nuestra institución del estiércol en que la habían sumido (Haga click aquí para leer posición del rector Ramsés sobre esta situación). Lo estamos logrando ¡y de qué manera!

Por eso, nos solidarizamos con el Hotel El Prado. Por haber compartido el prestigio del pasado. Por sufrir la estigmatización reciente, en la que se pagó bien caro la culpa de seres malintencionados que se habían apoderado del legado grandioso de estas dos queridas instituciones caribeñas. Y por el esfuerzo que hacemos los empleados por recuperar el buen nombre de estas empresas costeñas.  Por todo eso, hicimos caso omiso a los amigos alarmistas que nos decían (y advertían) que no realizáramos nuestro grandioso evento en el moribundo Hotel El Prado.

No hay un solo ser que cometa, por un instante, un acto de locura para no reconocer el enorme éxito que tuvo la V Semana Internacional de las Comunicaciones, realizada por la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, de la Universidad Autónoma del Caribe, en el querido Hotel El Prado. Los reflectores de los medios de comunicaciones tuvieron enfocados, por tres días, en ese evento. Y todos fuimos testigos de la calidad de los ponentes, del juicio y el interés de los 600 asistentes y de la entrega y amabilidad de los empleados del hotel.

No sé qué magia ocurrió, pero, al día siguiente de ese lunes festivo, que era cuando iniciaba el gran evento, no quedó ni un solo vestigio, en ningún rincón del Hotel El Prado, de ese hedor a rata del día anterior: la eficiencia de los trabajadores del lugar quedó demostrada ahí.