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viernes, 27 de julio de 2012

No más muertos por accidentes de tránsito en Colombia


Por John Acosta

El amanecer del primero de enero del año 2000 sorprendió a la profesora Anida de los Remedios Meza Uriana con la noti­cia de la muerte de su hijo mayor. Ella ha­bía madrugado ese día a comprar los últi­mos detalles del desayuno y, en plena calle, se encontró con una joven que lloraba de­sesperada porque se acababa de acciden­tar un carro donde viajaban seis mucha­chos del pueblo. La profesora corrió hacia la casa de los dueños del automotor con los ojos inundados de lágrimas por el pe­sar del dolor ajeno. Allá, alguien se le acer­có y le dio la noticia: "Ve, Anicia, yo creo que tu hijo también iba ahí".

Entonces, salió corriendo para el hospi­tal de Uribia, la llamada capital indígena de Colombia, ubicada en el norte del departamento de La Guajira, a confirmar si su hijo estaba entre los heridos. Lo encontró tirado sin vida en un rincón del centro hospitalario. El muchacho había salido a las cuatro de la mañana, junto con otros cinco compa­ñeros de fiestas de ese día, en un campero conducido por un amigo de su generación hacia el vecino municipio de Manaure, el municipio de las salinas marinas. El accidente ocurrió al regreso: "Fue por ex­ceso de velocidad", dice la señora Juana Uriana, la abuela del joven. Roiver Frias Meza, el hijo mayor de la profesora Anicia, fue la única víctima fatal.

Ese 31 de diciembre se constituyó como el único día, en los 18 años de su vida, en que Roiver le pidió una cerveza a su padre, José Manuel Frías Romero. "Se tomó tres", dice el papá con nostálgica tristeza. El muchacho salió de su casa a las ocho de la noche a disfrutar las fiestas de despedida del año viejo. "Regresó a las 12 a pedir la bendición. Después salió de nuevo y no lo volvimos a ver vivo", agrega Anicia. La señora Juana Uriana interrumpe a su hija con una frase cargada de impotencia: "Ese muchacho nunca montaba en carro como para decir que uno esperaba que fuera a morir en un accidente".


Roiver Frías Meza acababa de terminar el octavo año de estudios en Riohacha, después de haber estudiado todos los an­teriores en su querida Uribia. En vacacio­nes jugaba dominó con sus amigos del alma debajo del palo de almendro que está en el separador de la Avenida La Normal, en unas jornadas faraónicas para obtener al final de cada partido el preciado trofeo: un bolis de fruta. "Era un muchacho demasiado inocente para su edad. Sin ningún tipo de vicio. Nadie me puso nunca una queja de él. Sólo lo regañaba por el dominó: yo le de­cía que ese era un mal juego", recuerda su abuela.

Sin lugar a dudas, su comunidad se pri­vó de contar con un líder hacia el futuro. Roiver entró a engrosar la fría cifra de uno de los 30 muertos que han dejaron los 79 accidentes absurdos de tránsito que se pro­dujeron en La Guajira desde agosto de 1997 hasta enero del 2000, de los cuales 19 fueron por exceso de velocidad y 14 por imprudencia del conductor. Los cin­co amigos que lo acompañaron en ese via­je fatídico hacen parte de los 68 heridos dejados por esos accidentes en el mismo período.

Preocupadas por ese alto índice de gua­jiros fallecidos en accidentes dentro del de­partamento, las empresas asociadas en Cerrejón, han realizado campañas preven­tivas que incluyen vallas en las principales vías de la península, artículos y afiches en sus dos revistas institucionales, cuñas radiales en las principales emisoras de La Guajira, avisos en los principales periódi­cos de circulación nacional y regional y, recientemente, entrenamiento a la Policía de Carreteras adscrita a La Guajira.

De acuerdo a un informe de la Organización mundial de la Salud (OMS), “todos los años, más de 1,2 millones de personas fallecen como consecuencia de accidentes en las vías de tránsito y nada menos que otros 50 millones sufren traumatismos. Más del 90% de las defunciones se producen en los países de ingresos bajos y medianos”.

Las mortalidades derivadas de los accidentes de tránsito, se constituyen, desde hace varios años en Colombia, como una de las principales causas de muertes no orgánicas o biológicas; en efecto, en el año 2002 las muertes por accidente de tránsito representaban el 15% del total de muertes violentas, superada solamente por los homicidios que en dicho año representaban el 71% de muertes no orgánicas o biológicas, de acuerdo a información proporcionada por el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses.

Aunque se ha reducido un poco, el nú­mero de accidentes, sigue siendo preocu­pante. Los guajiros no hemos aprendido del todo que podemos privar a nuestras familias de líderes como Roiver Frías Meza, cuyo empeño quedó demostrado cuando, al enterarse del concurso de ornato y aseo organizado por la asociación minera como uno de los eventos para que La Guajira recibiera con optimismo el Nuevo Milenio, se entusiasmó tanto que duró todo un día limpiando la cuadra con pala y machete, acompañado de sus ami­gos. Recogió plata entre todos, compró pintura para adornar la avenida con dibu­jos navideños y sembró arbolitos de Navi­dad. El jurado quedó maravillado: esa fue la cuadra ganadora en Uribia. Ese 31 de diciembre, al enterarse de que su calle ha­bía sido la escogida, pocas horas antes de su muerte, Roiver dijo: "Ojalá nos regala­ran unas banquitas para ponerlas debajo del almendro y jugar dominó en ellas". Ese será el premio, sólo que él no podrá sentarse sobre esas sillas: murió en absurdo accidente de tránsito.



Publicado en la revista Rumbo Norte, número 32, junio de 2000 y actualizado para el blog